Las imágenes gif pertenecen al biopic dirigido por Mary HarronThe Notorious of Bettie Page
(2005), que narra la historia de la famosa pin-up Bettie Page, protagonista de unas legendarias sesiones fotográficas
que provocaron el escándanlo y la investigación del Senado de Estados Unidos
por acusaciones de pornografía.
La actriz que
aparece en las imágenes es la deliciosa Gretchen
Mol, que pone toda la carne en el asador dando vida a la sensual y
maravillosa modelo en esta simpática y resultona producción de la HBO. Una cinta
con una excelente ambientación de la época y en la que se alternan imágenes en
blanco y negro y technicolor. Tal vez, Mary Harron (American Psycho) debería
haber asumido un mayor riesgo al narrar el itinerario de la protagonista desde
que alcanza la popularidad con posados eróticos inasumibles para la
retrógrada, gazmoña e hipócrita sociedad de la época, hasta el momento en que
comienza a plantearse si es honesto ganarse la vida con ese trabajo. The
Notorious of Bettie Page refleja ese enfrentamiento entre el liberalismo
sexual y el componente sano y natural del erotismo, contra la mentalidad
castrante y prejuiciosa que consideraba una perversión y un atentado contra la
moral unas fotos que incitaban a la lascivia y a prácticas aberrantes como el
fetichismo o el masoquismo.
Lo que nadie ha
podido evitar es que, pasado el tiempo, Bettie Page (1923-2008) sea considerada
un icono pop de la cultura underground y el mundo spanko, que con su
particular, sugerente e imitada estética (mujer maciza bien proporcionada, pelo
negro y genuino flequillo) sea reivindicada como un mito fundacional y un
fenómeno de los placeres culpables que contribuyó a socializar la sexualidad y
estimuló la fantasía de millones de personas de varias generaciones en todo el
mundo libre. Se estima que alrededor de 20.000 fotografías siguen circulando de
la hermosa modelo nacida en Nashville, y que fue el objetivo de medio millón de
imágenes. Todo ello a pesar de que nuestra modelo pin-up favorita desapareció
de la escena pública a finales de la década de los 50. Para saber más, busca en
este mismo blog: “Bettie Page, la pin-up que cambió el horizonte sexual en
los años 50”.
Intérpretes: José
Luis García Pérez, Moisés Ortega, Marina Recio, Cristina Plazas, Eduardo
Velasco, Olga Lozano.
Género: Drama /
España / 2015 Duración: 102 minutos.
Lo
vengo denunciando desde hace mucho tiempo: España es un país de cobardes, de
miedosos, y su deplorable salud democrática amplifica esa realidad y las
opresivas sensaciones que nos atenazan. Una sociedad con miedo es una sociedad esclava y en nuestro país existen los mismos
miedos que sufrieron nuestros padres en plena dictadura, sólo que
ellos a pesar de tenerlo más difícil, demostraron ser mucho más valientes en la resistencia y el asco ante un régimen brutal en donde nunca faltaba trabajo a sus verdugos. Se
puede alegar que en aquella época se detenía a la gente por sus ideas políticas, que estaba vigente la pena de muerte, que aún existía en el código penal una figura como
la “ley de vagos y maleantes” referente a todos aquellos individuos que eran
tildados como antisociales, pero todo ello no evita que, actualmente, otro tipo
de sentencias de muerte igual de atroces se estén cebando con las personas
excluidas socialmente: el suicidio, la depresión, la miseria... No hay salida para las personas que lo han perdido todo y se sienten abandonadas por el sistema, y sobran motivos para que este país arda por los cuatro costados y nadie mueve un dedo. Cuando
Isaac Rosa escribió “El país del miedo” en 2008, las masivas
matanzas terroristas habían provocado una psicosis que hizo que la sociedad se
sintiera vulnerable ante la amenaza del terrorismo global, pero ya empezaba a
dar sus primeros aguijonazos una crisis devastadora que poco a poco iba a ir
laminando la clase media y dejando en la cuneta a millones de personas.
Francisco
Espada (Badajoz, 1965), productor de la premiada película Un
novio para Yasmina (Irene Cardona, 2008) debuta con esta cinta que
combina el thriller con el drama social para narrarnos la historia de Carlos (José Luis García Pérez), un
padre de familia y un tipo tranquilo que trabaja de bibliotecario, cuya vida
cambia cuando Marta (Marina Recio)
se cruza en el camino de su hijo, Pablo
(Moisés Ortega). Marta comienza a extorsionar primero al niño y luego al padre.
Incapaz de defenderse, se ve envuelto en una espiral de situaciones angustiosas
que acabarán desencadenando una serie de respuestas desproporcionadas.
Carlos, el
personaje al que da oxígeno de manera afectada García Pérez, sólo es el
estereotipo de la siniestra realidad ambiental, del hombre corriente en el
hábitat de esta inmensa ciénaga con forma de piel de toro. Toda la cultura
recibida en los 40 años de dictadura y los 40 de democracia sólo ha servido
para hacer más físico, más tangible, más pegajoso el miedo en un país de
cobardes. El miedo forma parte indivisible de la política económica y social,
la mejor herramienta al alcance de los grandes grupos empresariales y los
políticos para controlarnos y manipularnos. La crisis, los eres,
el paro, los recortes… sólo representan las coartadas legales para la más cruel extorsión.
Con grandes problemas de exhibición
y financiación (alrededor de un millón de euros de presupuesto) y el desprecio
de esa prescindible, deficitaria y absurda inanidad llamada Canal Extremadura con la inútil Beatriz Maeso al frente (y eso que la cinta está rodada íntegramente en Badajoz), pero con el
beneplácito de TVE, Canal Sur y el 20 % del presupuesto aportado por la Junta de
Extremadura, Francisco Espada crea una punzante fábula sobre el acoso escolar,
las aristas de la crisis, la inseguridad, la mentira y el miedo, para levantar
acta sobre los fallos del sistema y su repugnante maquinaria burocrática. Lo hace,
relatando la impotencia y el descenso al infierno de un padre debido al acoso
que está sufriendo su pequeño hijo por parte de una insignificante niña con
pinta de macarra poligonera que, como vive en un centro de acogida, goza de toda
la protección del sistema. Como no acaba de controlar la situación, el
conflicto se agrava, debido en parte a sus desafortunadas acciones para tratar
de proteger a su familia, y en parte por el desamparo que sufre de las
instituciones, por lo que la historia acabará bifurcándose por trágicos
derroteros.
El país del miedo se ve necesitada de
una poda de 15 o 20 minutos que hubiera dotado de mayor dinamismo a la historia,
sobre todo porque se emplea demasiado tiempo en el tema de la extorsión cuando
con varias pinceladas hubiera quedado perfectamente subrayado sin que resultase reiterativo, y se pone poco
énfasis en el desastre al que nos vemos abocados por la dictadura económica y
el ignominioso papel de los políticos, de unas leyes absurdas y de la inoperancia de la justicia. Así, la
función resulta más interesante por el mensaje de su denuncia; el carácter
pusilánime de una generación poco comprometida, sin referentes morales ni heroicos
que ha hecho de su hogar un refugio y que, bajo el paraguas de un empleo
estable, siente pánico ante la posibilidad de perder todo lo que tiene cuando se enfrenta al
más mínimo problema y ver que todo su mundo se derrumba; que por sus valores puramente cinematográficos, que con una pobre puesta en escena y una dirección
excesivamente rígida y contenida no explora los límites para llevar la acción a situaciones extremas y verdaderamente
perturbadoras, más allá del explosivo y crudo desenlace, optando por la vertiente didáctica y advirtiendo sobre las carencias
y falta de control del sistema educativo, un buen sustrato para que enraícen las
semillas del mal.
Cierto que el
film nos enfrenta a situaciones inverosímiles, y no parece que una mocosa de actitud chulesca por
mucha cabeza rapada y ropa rapera que use pueda atemorizar hasta ese punto a un hombre maduro, ni tampoco que tenga mucho sentido ese retrato grotesco del policía gañán
y desquiciado al que da vida Eduardo Velasco como cuñado del protagonista, aunque sí cumplen con su papel el
matrimonio que forman García Pérez y Cristina Plazas. Carlos tiene miedo de casi todo lo que le rodea, un miedo exacerbado, enfermizo, delirante que no puede evitar. Nadie quiere problemas, pero los problemas están ahí y muchos de ellos
no se resuelven con un carácter afable y una actitud conciliadora, pues para
eso todas las partes deben adoptar una actitud receptiva y el mal hace pocos
amigos, sino tomando las decisiones acertadas, que suelen ser siempre las más racionales y sencillas. Sin embargo, opta por una huida hacia adelante, miente, se vuelve cada vez más paranoico y peligroso en su errática táctica para atajar un problema que crece con cada paso que da. Sabemos que algunos de los crímenes más horripilantes de la historia han sido
cometidos por menores, y nuestros mediocres políticos "demócratas" no acaban
de entender que el mal y la violencia nada tienen que ver con la edad, pues
como dijo Einstein: “Nuestra sociedad no
está en peligro por las malas personas, sino por aquellos que permiten la
maldad”. Es decir, por ellos.
Tomando como base
la novela de Collin Harrison, la ópera prima de Brian DeCubellis nos presenta a Porter Wren (Adrien Brody) un periodista de sucesos con gran
habilidad para ir detrás de la noticia y convertir sus artículos en sobrecogedores reportajes periodísticos. En casa es un marido encantador y un padre ejemplar
para sus hijos, o por lo menos así lo cree su adorable esposa, LisaWren (Jennifer Beals). Pero un día, conoce en una fiesta a una
seductora y bella desconocida, CarolineCrowley (Yvonne Strahovski) que le
incita a resolver el complicado asesinato de su marido, SimonCrowley (Campbell
Scott) y su rutina cambia por completo. De esta forma, se ve envuelto en un desagradable
caso de obsesión sexual que acaba poniendo en peligro su trabajo, su matrimonio
y su vida.
Con aromas de
cine negro clásico, Manhattan Night se adapta bien al estereotipo de hombre
corriente que representa Adrien Brody, un periodista que escribe una columna en
un periódico de papel que tiene los días contados debido a las nuevas
tecnologías y con una alta hipoteca que mantiene gracias al trabajo de cirujano
de su mujer. Wren se deja seducir por Caroline (relación que nos regala algunas
secuencias eróticas) y se ve inmerso en una trama criminal que se va enredando
con chantajes y abusos sexuales que tiene como protagonista a una hermosa e irresistible femme
fatale, una Yvonne Strahovski manipuladora que sumerge al reportero en una
espiral peligrosa que puede tener dramáticas consecuencias para el reportero y
su familia.
El film contiene una pátina noir de otra época y algunas escenas
perturbadoras, para lo que es imprescindible la sinuosa y melancólica música de
saxo y una luz sombría que potencia deliciosamente el paisaje urbano de
Manhattan. No estamos ante una gran película, pero sí ante un ejercicio de
estilo interesante que incluye algunas vueltas de tuercas imposibles de predecir,
que tienen que ver con traumas del pasado y el asesinato del marido de la
preciosa Caroline, un director de cine excéntrico y aficionado a los juegos
macabros. La investigación se irá complicando con la búsqueda de un
comprometedor vídeo que tiene como protagonista al editor del periódico y, por
supuesto, las dos historias están conectadas. Así, la trama nos aboca a un
impactante clímax final en donde todas las piezas acaban por encajar. En fin, Manhattan Night es un film resultón en el que adivinamos una moraleja que puede servir de advertencia e incluso de exhortación: “ten cuidado con lo que haces
porque alguien podría estar vigilándote en cada momento”.