viernes, 20 de mayo de 2016

ACTRICES QUE ME ENAMORAN: LESLIE BIBB


    La actriz y modelo estadounidense Leslie Bibb (Bismarck, 17 de noviembre de 1973) tiene a sus espaldas una larga trayectoria profesional tanto en el cine como en la televisión, medio en el que debutó allá por el año 1996 con un papelito en la serie Pacific Blue. Cuando tenía tres años se quedó huérfana de padre y posteriormente se mudó con su familia a Richmond (Virginia), donde asistió al colegio femenino Saint Gertrude. Sin llegar a ser nunca una diosa del Olimpo, su carrera siempre ha tenido una continuidad que ha hecho de ella una figura familiar de la pantalla grande, de la pequeña y en diferentes publicaciones de moda y revistas masculinas. Eso hasta la fecha, pues ya sabemos lo que pasa en Hollywood con las actrices que sobrepasan la cuarentena, y Leslie tiene bien cumplidos los 42.


       Hay que remontarse a cuando la actriz contaba con 16 años de edad: el programa de Oprah Winfrey y la Agencia Elite llevaron a cabo una búsqueda de modelos por todo el país, y fue entonces cuando su madre presentó unas fotos de Leslie. El jurado compuesto por celebridades como John Casablanca, Naomi Campbell, Linda Evangelista e Iman, eligieron a Leslie Bibb y su 1´75 m de estatura como la ganadora. Tras este triunfo inesperado, viaja a Nueva York para formalizar un contrato con la agencia antes citada y comienza a modelar muy pronto e incluso viaja a Japón. Ella ha aparecido en revistas como Maxim, FHM y Allure.

        
    En el cine debutó con un papel insignificante en la comedia biográfica Private Parts (Betty Thomas, 1997), un film que relata el éxito del locutor estrella de la radio Howard Stern. A pesar de que ha participado en multitud de películas y de series, la mayoría fácilmente olvidables cuando no detestable, me gustaría destacar su papel de Christine Everhart, una corresponsal que trabaja para la revista Vanity Fair, en Iron Man (John Favreau, 2008), y su secuela Iron Man 2 (John Favreau, 2010). La mejor película en la que Leslie ha intervenido hasta la fecha lleva por título Un ciudadano ejemplar (F. Gary Gray, 2009), un magnífico thriller protagonizado por Gerard Butler en el que un hombre al que le han asesinado a su mujer y su hija se toma la justicia por su mano al ver que los autores del brutal crimen siguen libres. Leslie, tras divorciarse del banquero Rob Born en 2004, forma pareja con el actor Sam Rockwell, con quien coincidió en Iron Man 2. Por cierto, las imágenes gif pertenecen al capítulo piloto de la serie Salem Rogers (2015). Ahí queda eso. 

jueves, 19 de mayo de 2016

EL CARNICERO (1998), LA CARNE LLAMA A LA CARNE

IL MACELLAIO (Aurelio Grimaldi, 1998)


     En la gloriosa y añorada época de los videoclubs en los que se exhibían toda la basura que salía al mercado, siempre me encontraba esta cinta por ahí dando vueltas y tentándome aunque tenía toda la pinta de ser una bazofia con un envoltorio muy inspirador. El metraje era ajustado y la piba que aparecía en la carátula valía la pena,  tanto como para que me mostrara dispuesto a perder hora y media de mi tiempo. Por otra parte, la película estaba dirigida por Aurelio Grimaldi, que debutó con un interesante drama surrealista titulado Aclá (1992), había dirigido a Penélope Cruz en un drama menor, La rebelde (1994) y su cine siempre mostraba interés por el tema sexual con títulos como Le Buttane (1994) y La donna Lupo (1999).


       El carnicero nos cuenta la historia de Alina (Alba Parietti) una mujer muy atractiva y con mucho éxito en su profesión como directora de una galería de arte. Pero su vida amorosa atraviesa uno de sus peores momentos con su marido siempre ausente por motivos laborales y con quien no puede tener hijos. Enredada en las tareas del hogar, encuentra pronto una gran atracción en el carnicero, Bruno (Miki Monojlovic) un hombre que a pesar de lo que pueda parecer por su oficio, es delicado y simpático y cuenta con un don especial para seducir a las mujeres. El carnicero despierta el deseo más irrefrenable en Alina, que observa con debilidad y algo de envidia los juegos de seducción que Bruno se trae con las clientas,


      Grimaldi no pierde el tiempo en cuestiones irrelevantes porque es consciente de que tiene poco que contar: una mujer vegetariana de clase alta que dirige una galería de arte y que tras sufrir un desmayo visita al médico, que le recomienda que coma carne porque su cuerpo necesita hierro y vitaminas, lo que le ha provocado una anemia. Es la premisa que da pie para que conozca al carnicero, que tiene un encanto irresistible para las clientas y que iniciará una relación con Alina, que pertenece a una clase social muy distinta a la suya. De ahí el contraste entre el caserón de la galerista y el lugar donde trabaja Bruno, el popular mercado la Vucciria de Palermo, enclave pintoresco y soleado del Mediterráneo en la región de Sicilia. En el film se intenta reflexionar sobre temas profundos como el verdadero amor, el deseo sexual, la infidelidad y la necesidad de adoptar un niño, subtrama ésta última metida en el guión con calzador. En realidad todo importa poco, la historia no es nada sin la agreste sensualidad de Alba Parietti, una mala actriz con unos labios de escándalo y un cuerpo flexible y perfectamente moldeado.

     
     No sé si vale reseñar alguna escena tórrida como ese polvo que tiene lugar en una enorme cámara congeladora rebosante de animales muertos que todavía chorrean sangre. Pero, tal vez, el momento más climático de la función sea cuando Alina alcanza el orgasmo al mismo tiempo que se escucha el Hallelujah de Haendel, interpretado por una orquesta dirigida por su marido, pues ésta es la profesión del cornudo. El carnicero, más allá del regalo para la vista que representa la visión del cuerpo desnudo de Alba Parietti, no funciona ni como película erótica ni como drama. Su trama es simplona, surca todos los clichés de la literatura y el cine erótico: Alina frena los avances sexuales del subdirector de la galería, pero su furor uterino va creciendo y la chispa se enciende cuando accidentalmente ve como el carnicero da embestidas salvajes a su cajera en un polvo épico. A partir de entonces sus ardientes fantasías se multiplican  y su deseo se muestra arrollador. Basada en la novela homónima de la francesa Alina Reyes, en El carnicero encontramos poca esencia del sexo lúdico y poco convencional propuesto por la novelista en su obra, muy popular a finales de los 80.   

lunes, 16 de mayo de 2016

CRÍTICA: "ESPÍAS DESDE EL CIELO" (Gavin Hood, 2016)

Con los uniformes impolutos y las manos manchadas de sangre
ESPÍAS DESDE EL CIELO êêê
Director: Gavin Hood.
Intérpretes: Helen Mirren, Aaron Paul, Alan Rickman, Iain Glen, Barkhad Abdi, Phoebe Fox, Carl Beukes.
Género: Thriller / EE. UU. / 2015  Duración: 102 minutos.   
   

      
     El director sudafricano Gavin Hood comenzó su carrera escribiendo, protagonizando y dirigiendo el drama Luchar por sobrevivir (1999), sobre un abogado que se interesa por el caso de un joven acusado del asesinato de un bebé en una zona rural zulú. No presté demasiada atención a su cine hasta el estreno de Expediente Anwar (2007) correcto film protagonizado por Reese Witherspoon y Jake Gyllenhaal que narra la terrible epopeya que inicia una mujer cuando su marido, un ingeniero egipcio, es detenido, acusado de terrorismo e interrogado con métodos poco ortodoxos por la CIA. En 2009, Hood se hizo cargo del blockbuster X-Men orígenes: Lobezno, precuela mínimamente aceptable de X-Men que narra la forma en que Lobezno se convirtió en mutante. Su última película estrenada fue El juego de Ender (2013), una adaptación de la novela de Orson Scott Card que no convenció por su excesiva verborrea y escasa acción.

     
     Espías desde el cielo cuenta la historia de la coronel Katherine Powell (Helen Mirren), una oficial de la inteligencia militar británica que lidera una operación secreta para capturar a un grupo de terroristas en Nairobi (Kenia). Cuando se da cuenta de que los terroristas preparan una acción suicida inminente, ella debe cambiar sus planes de “capturar” por “matar”. El piloto estadounidense de drones Steve Watts (Aaron Paul) recibe la orden de destruir el refugio donde se hallan los terroristas, pero una niña de nueve años ingresa en la zona  para vender pan, por lo que podría ser una víctima mortal de los daños colaterales.


       La función se abre con la frase de Esquilo “La primera víctima de la guerra es la verdad”, que ya utilizara Brian de Palma en su magistral Corazones de hierro (1989), por lo que se impone aclarar que las muertes de civiles inocentes lo son siempre como consecuencia de una gran mentira y un cúmulo de intereses bastardos, pero siempre habrá una justificación para ello. Fíjense que todavía encontramos a muchas personas sin escrúpulos capaces de justificar las bombas de Hiroshima y Nagasaki.  Espías desde el cielo tiene como objetivo plantear a los espectadores ese dilema, que reflexionen y, si es posible, que se posicionen. Porque el tema ya lo conocemos: altos mandatarios de las naciones más potentes y belicistas reunidos con sus mandos militares, asesores y políticos, todos impacientes y fascinados siguiendo desde algún monitor una operación militar en algún lugar lejano del planeta.


      Lo que Gavin Hood nos muestra ahora es  toda la secuencia desde el centro de mando y control, el consejo de los juristas, el trabajo de los espías sobre el terreno, los aliados militares extranjeros y los técnicos militares que, como en un videojuego, aprietan el botón para hacer saltar en mil pedazos el refugio terrorista con un misil o un dron que, lanzado con cálculos alterados, barrerá la vida de seres inocentes. Desde su fe cristiana, Hood utiliza como excusa la guerra por control remoto para poner énfasis en el conflicto moral entre el mal menor y el mal mayor, y lo hace marcando las pautas de la creciente tensión en una cadena de decisiones que no dejará ninguna conciencia intacta.

     
     Con un reparto de actores en estado de gracia, entre los que sobresalen el fallecido Alan Rickman, Helen Mirren y Aaron Paul, Espías desde el cielo, aunque más dinámica y emocionante, juega en la misma liga que Leones por corderos (Robert Redford, 2007), lanzando una visión demoledora de la política de la guerra y el debate ético. Combatiendo con drones uno puede acabar con el uniforme impoluto, pero las manos estarán igualmente manchadas de sangre. Hablamos de una forma más aséptica y moderna de combatir y matar, pero la responsabilidad de las masacres sigue recayendo sobre las personas. El director juega bien sus cartas a pesar de que la premisa es algo tramposa y el in crescendo del suspense busca el nudo sentimental, las lágrimas, intentando captar la inmensa soledad e inconsolable aflicción del soldado que recibe órdenes, y que tal vez un día no muy lejano termine odiando un trabajo que no acaba de entender.

     
    Los militares, los políticos, los asesores y los pilotos deben hacer frente a una situación límite cuyas dudas oscilan entre perder de la batalla política o salir indemnes de la guerra propagandística, y la pelota se la van pasando por la cadena de mandos en donde todos quieren escurrir el bulto menos el decidido militar al que da vida Alan Rickman, y la durísima coronel británica encarnada por Helen Mirren, empero todos quedarán salpicados por una decisión brutal y una batalla aún más feroz que librarán en el juicio de la  conciencia los remordimientos, la condena íntima, la culpa y la inútil súplica del perdón.