miércoles, 24 de febrero de 2016

DEADPOOL TRIUNFA

DEADPOOL êêê 
(Tim Miller, 2016)


      
    Una verdadera sorpresa ha supuesto la adaptación a la pantalla grande de las aventuras de este personaje segundón de Marvel Cómics creado por el dibujante Rob Liefeld y el escritor Fabián Nicieza que apareció por primera vez en 1991 en el vol. 1 de New Mutants y posteriormente en ediciones de X-Force. No es un superhéroe al uso, sino un antihéroe nada convencional antiguo agente de las fuerzas especiales reconvertido en mercenario que, tras sufrir un cruel experimento, adquiere poderes especiales de autocuración y otras habilidades. Veamos: tras su paso por las Fuerzas Especiales de los Estados Unidos, Wade Wilson (Ryan Reynolds), se gana la vida como matón a sueldo ayudando a la gente que no puede defenderse por sí sola. Junto a su novia, Vanessa (Morena Baccarin) su vida transcurre de forma normal hasta que le diagnostican un cáncer con metástasis. Con esa sentencia, se somete al experimento Weapon-X para intentar salvar su vida. La terrible experiencia le ha hecho indestructible pero le ha dejado el rostro y el cuerpo horriblemente desfigurados. De modo que ingenia un traje que le cubre totalmente y se convierte así en el antihéroe Deadpool, que con sus socarrones comentarios tratará de dar caza al hombre, Ajax (Ed Skrein) que casi le destruye la vida.

     
    Deadpool es divertida, obscena, gamberra, disparatada, autoparódica e ingeniosa. Deadpool está a otro nivel, una sátira cojonuda que lanza escupitajos a todas las películas pretenciosas de superhéroes. Su tono irreverente tritura todos los cánones establecidos del género y revitaliza las escenas de acción sin importarle que se desmadre su carácter hiperbólico: acción adrenalínica, enfáticos ralentíes, efectos digitales y de sonido contundentes, y un humor cínico, retorcido, corrosivo, inmoral que altera las reglas del juego y convierte esta gran broma en una pequeña joya del slapstick que tiene siempre al espectador como aliado. Tim Miller, con un ajustado presupuesto y contando con la complicidad de su insuperable protagonista, se permite gags como el de su fracaso como Linterna verde o ese en que se pregunta ¿tú crees que Ryan Reynolds ha llegado aquí por ser un gran actor? Una muestra del descaro de una película en la que el personaje de Deadpool no se toma nada en serio y convierte en diana de sus más humillantes burlas a personajes aliados como Colossus y Negasonic Teenage Warhead, incapaces de convencerles de que forme parte de los X-Men.


     Deadpool tiene una estructura fragmentada y narra a través de flsah backs la génesis del deslenguado protagonista, algo que ni mucho menos afecta al ritmo vertiginoso de la función gracias a un preciso y eficaz montaje y al ineludible complemento de una banda sonora que incluye temas de Juice Newton, Salt-N-Pepa y Wham! un cóctel casi perfecto tan sólo emborronado por un clímax final de traca que desearíamos más contenido. Corred al cine para disfrutar de esta desaforada comedia de acción sin prejuicios, ni límites, ni pretensiones, que rompe de una patada la cuarta pared para ensamblar ficción y realidad y lograr que el más vacilón, desvergonzado antihéroe interactúe con el público haciendo de la violencia bestial un jolgorio. Ya estás tardando, por fin el género evoluciona, te alegrará la tarde y te olvidarás de todo. 


lunes, 22 de febrero de 2016

¡AVE, CÉSAR!

¡AVE, CÉSAR! ê
(Joel y Ethan Coen, 2016)

       ¿A qué viene esta memez?
    
    
    Apostrofo: al igual que hay marineros que pierden la gracia del mar, los hermanos Joel y Etha Coen están perdiendo la gracia del cine. No sé a qué viene esta tontería titulada ¡Ave, César! Desde 2007, año en que se estrenó aquel peliculón titulado No es país para viejos, sólo una película, el resultón remake Valor de ley (2010), se eleva por encima de la mediocridad rampante en que parecen instalados: ni Quemar después de leer (2008) comedia disparatada sin chispa de gracia, ni la excéntrica Un tipo serio (2009), ni A propósito de Llewyn Davis (2013), una aburrida historia pergeñada para su propio goce, han conseguido alojar ni una sola esencia memorable en mi saturada memoria, el más mínimo recuerdo perdurable. Tampoco ha conseguido atraparme esta comedia de tintes metacinematográficos en donde George Clooney da vida a una gran estrella del Hollywood de los años 50 que mientras rueda una superproducción de romanos acaba siendo secuestrado por un cónclave de guionistas izquierdosos.


          La pregunta es pertinente ¿a qué viene esta simplada? Y, sobre todo ¿a qué viene esta memez pergeñada por los firmantes de obras maestras como Fargo o Muerte entre las flores? No diré que es una tomadura de pelo porque cualquier película tiene detrás un trabajo que merece ser respetado, pero la verdad es que el ejercicio resulta más innecesario cuando precisamente los Coen ya cuentan en su filmografía con una película excelente sobre los entresijos y la cara más triste de Hollywood titulada Barton Fink. Aun siendo consciente de que el tono de una y otra es distinto, el homenaje en ¡Ave, César! a las majors y el cine de aquella maravillosa década de los 50 tiene aquí una débil premisa argumental y una estructura tan deshilvanada que incluso los gags más atinados, como ese que nos presenta a un cowboy acróbata que roza la idiocia y que los estudios quieren transformar en un galán seductor y perspicaz, resultan absolutamente inocuos.


      En la función vemos a Josh Brolin dando vida al jefe de los estudios Capitol que además de lidiar con los problemas que acarrean los rodajes y procurar que las producciones sean un éxito, debe estar constantemente apagando los incendios de índole personal de sus caprichosas y egocéntricas estrellas. Su único sentimiento de culpa consiste en que fuma algunos cigarrillos a espaldas de su esposa. También vemos a un sorprendente Channing Tatum dando el do de pecho en un número musical al estilo de Un día en Nueva York, y a Scarlett Johansson como remedo de Esther Williams y sus celebradas películas acuáticas. Todo en una época en donde el macarthismo que dio lugar a la caza de brujas y la televisión amenazaban con acabar con el Hollywood mítico. ¡Ave, César! es un film aburrido, irrelevante, una bobada para la que los famosos cineastas gemelos no se han tenido que estrujar mucho el cerebro. 

sábado, 20 de febrero de 2016

ADIVINANZA CINÉFILA

¿A QUÉ PELÍCULA PERTENECE ESTA IMAGEN? 


WHAT MOVIE DO THESE PICTURES BELONG?


Sólo daré una pista: la película es europea y forma parte de la filmografía de uno de los directores más influyentes de la historia. Ahí queda eso.

REGALO DE UNA LIBRETA IGUAL QUE ÉSTA A QUIEN LO ADIVINE. SÓLO PARA ESPAÑA (PENÍNSULA).