jueves, 4 de febrero de 2016

CREED. LA LEYENDA DE ROCKY

CREED. LA LEYENDA DE ROCKY êêê
(Ryan Coogler, 2015)


    El director Ryan Coogler es el firmante de la que fue para este cronista una de las mejores películas de 2013, Fruitvale station, un excelente film-debut que narra un suceso real: a las 2 de la madrugada del día 1 de enero de 2009, la policía disparó y asesinó al joven afroamericano Oscar Grant III cuando se encontraba inmovilizado en el suelo de la estación de trenes de cercanía Fruitvale Bart Oakland (California), un terrible y doloroso suceso que es cualquier cosa menos novedoso; en California la policía comete más de cien homicidios al año. Las mayorías de las víctimas son afroamericanos o hispanos, por lo que podría decirse “año nuevo, la misma vieja historia”. Este magnífico film no se ha llegado a estrenar en nuestro país, si lo ha hecho su segundo largometraje, Creed. La leyenda de Rocky. 


   La película nos presenta a Adonis Johnson (Michael B. Jordan), el hijo no reconocido del legendario boxeador Apollo Creed, al que no llegó a conocer porque murió antes de que él naciera. Adonis lleva también el boxeo en la sangre, por lo que viaja a Filadelfia, escenario del último y trágico combate de su padre, para conocer a Rocky (Sylvester Stallone), que aunque fue un enconado rival de su padre también les unía una fuerte y sincera amistad. Rocky, que ahora regenta un bar, se alejó del mundo del boxeo hace ya mucho tiempo, pero ve en Adonis la misma fuerza y determinación que tenía Apollo. Finalmente acepta entrenarle a pesar de que un diagnóstico médico le llevará a enfrentarse con el rival más letal de todos.


     Buen trabajo de la pareja protagonista con un Michael B. Jordan atractivo y sobrio (merecía estar nominado al Oscar y de ahí la polémica sobre racismo que apunta a la Academia) y un Sylvester Stallone justamente nominado como mejor actor de reparto y con serias opciones de llevárselo. Creed es un film vigoroso y entretenido, y aunque el pasado año vi un film de temática boxística que me gustó más, Southpaw (Antoine Fuqua, 2015), el film de Coogler se eleva como una de las mejores entregas de la saga (sólo por detrás del film original de 1976) al prolongar de manera respetuosa, contenida y eficaz el tradicional universo y ofrecer los suficientes alicientes para construir un arco dramático consistente sin perder la esencia de la cinta seminal. La película, que huele menos a gimnasio, sangre y linimento que otras producciones de este subgénero, abre su mirada para seguir la relación sentimental de Adonis con su hermosa vecina, y sobre todo, anuda el lazo casi familiar de la joven promesa con el achacoso e idolatrado Potro Italiano, de cuyas experiencias y conocimientos aprenderá, siempre con el recuerdo inmanente del gran Apollo Creed, cuya dramática muerte le dejó muy tocado. 


    Creed es un film edificado desde la nostalgia y el peso de un pasado teñido de arrepentimiento y sufrimiento, una oda al reconocimiento de los viejos héroes. Los combates están muy bien rodados; el primero de ellos nos acerca a los ritos supremos de la contienda mostrando el lado humano y físico del espectáculo; el combate del clímax final pone énfasis en la épica de aquella máxima de Rocky que te hace encajar todos los golpes y resistir hasta el final hasta vaciar de fuerzas al contrincante. Como historia de superación, ésta puede ser la mejor victoria de Rocky desde la esquina del cuadrilátero, una apoteosis final que desde el cielo celebran su amada Adrian y el gruñón y borrachín Paulie. 


martes, 2 de febrero de 2016

"EMBARAZADOS" (Juana Macías, 2016)

     EMBARAZADOS êê 



    Tras haber realizado varios cortos, entre ellos el aseadito Gran Vía am/pm (2010), Juana Macías debuta ese mismo año con el largometraje Planes para el mañana, un interesante drama sobre varias mujeres de edades y circunstancias vitales muy diferentes que tendrán que tomar decisiones importantes durante una larga jornada que puede cambiar sus vidas para siempre. Un debut que llevó a la directora a ser nominada para la mejor dirección novel en los premios Goya de aquel año, y que con un competente reparto de actrices nos ayudó a descubrir a Aura Garrido. Sin llegar al listón dejado por su ópera prima, Embarazados nos narra el discurrir cotidiano de una pareja en edad de merecer, Fran y Alina (Paco de León y Alexandra Jiménez) que tratan de concebir un bebé pese a algunos inconvenientes: él tiene un esperma pobre, vago y anormal, y ella se encuentra en una etapa premenopáusica a pesar de tener sólo 37 años.


  Embarazados es una película digna realizada sin demasiadas pretensiones, una comedia generacional y melancólica sobre aquella juventud de finales de los 90 y principios de los 2000 que, viviendo en grandes ciudades y con profesiones liberales,  han vivido tan absorbidos por triunfar profesionalmente que apenas tuvieron tiempo para pensar seriamente en crear una familia… y cuando tuvieron ese deseo cayeron en la cuenta de que ya se les había pasado el arroz. 


     A pesar de los continuos toques de humor, el film no está exento de una cierta amargura, y su mensaje puede servir de evasiva reflexión sobre los problemas existenciales de la pareja y de una generación que se resiste a decir adiós a la juventud para comenzar una nueva etapa de estabilidad y madurez. Karra Elejalde está una vez más magnífico en el papel de brusco ginecólogo que utiliza chirriantes metáforas deportivas, y tanto Paco León como Alexandra Jiménez dan el tono en la piel de unos estereotipos con los que simpatizamos; con ella porque con sólo 37 años se siente como una anciana que tiene que recurrir a la fecundación in vitro como única posibilidad de quedarse embarazada; con él porque sopesa las ventajas e inconvenientes de ser padre y cuando mira a su exuberante becaria se le despejan todas las dudas. Una película aceptable que, además, lanza una mirada flamígera sobre las ultradefensoras de la lactancia materna.

lunes, 1 de febrero de 2016

MIS PELÍCULAS ESPAÑOLAS FAVORITAS: "EL DÍA DE LA BESTIA" (Álex de la Iglesia, 1995)

   

    
LA FILMOGRAFÍA DE ÁLEX

   Tras un cortometraje, Mirindas asesinas, y un largo, Acción mutante (1992), producido por Almodóvar, el director vasco Álex de la Iglesia -con el soporte económico de Andrés Vicente Gómez y manejando un presupuesto de 350 millones (de pesetas, claro)- logra que su segunda película sea una de las mejores, más celebradas y originales de la década, convirtiéndose por ello, gracias al gran impacto comercial y el notable éxito de crítica, en venerado icono de la postmodernidad y las nuevas formas dentro del cine de nuestro país, reverenciado incluso por los detractores de sus anteriores trabajos. Con su film Perdita Durango (1997) una superproducción con aires de western moderno, fronterizo e hiperviolento, adaptación de una novela de Barry Gifford impregnada de la cultura Tex-Mex, para la que contó con un reparto internacional y gran disposición de medios -1000 millones de pesetas, el mayor presupuesto de una película española hasta esa fecha-  el director bilbaíno se sitúo lejos del talento, la inspiración y la imantación visual de El día de la bestia, con mucho, su mejor película. Muertos de risa (1999) es una comedia ácida que se pasea por los entresijos de la cultura y los espectáculos de la década de los 70. 


    La comunidad (2000) creada bajo la influencia de El quimérico inquilino (Roman Polanski, 1976) es una mezcla de comedia, thriller y película te horror. 800 balas (2002) peculiar homenaje al western hispano que constituyó un auténtico fracaso. Crimen ferpecto (2004) es una magnífica comedia cáustica en la mejor tradición de la sátira social y el esperpento nacional. Los crímenes de Oxford (2008) es un thriller milimetricamente medido que resulta en exceso frío y cerebral. Balada triste de trompeta (2010) es un espernto freak, una rara avis, un film surrealista e inclasificable. La chispa de la vida (2011) se impone como un invento fallido a mayor gloria de José Mota. Las brujas de Zugarramurdi (2013) es una comedia negra y fantástica a la que penaliza en exceso su aparatoso final. Mi gran noche (2015) no pasa de ser un histriónico homenaje al desfase de la Nochevieja. De la Iglesia, además de todas sus iconoclastas películas, ha publicado una divertida novela, “Payasos en la lavadora”.

EL DÍA DE LA BESTIA
    
     Sinopsis: un cura, Ángel Barriartua (Álex Angulo) catedrático de la universidad de Deusto, lleva mucho tiempo estudiando obsesivamente “El libro del Apocalipsis”. Después de veinticinco años de investigación ha llegado a una conclusión: el anticristo va a nacer en Madrid el día de navidad. Para enfrentarse a él reúne todo un arsenal y desarrolla de paso todo un itinerario delictivo. Seguro del advenimiento busca la ayuda de un tipo heavy (Santiago Segura) y un presentador de un reality show ocultista (Armando De Razza). A través de la noche madrileña se sumergen en una sangrienta cruzada, en la que entre oros obstáculos está el intentar conseguir la sangre de una jovencita virgen (Natalie Seseña) para llevar a cabo una invocación.


    Aficionado a la literatura de aventuras, terror y los cómics, y preferentemente dentro de estos géneros a autores tan clásicos como Stevenson, Poe, Stan Lee, el realizador español se nos presenta, a través de su corta filmografía, como uno de los más claros ejemplos de gravitación temática, exposición plástica y definición de estilo. Como consecuencia de esa mirada, tan lúcida como imaginativa, y del más puro concepto del cine como espectáculo generador de sueños, diversión y emociones, El día de la bestia es un film revitalizante, original, y sin exagerar, liberalizador de ciertos complejos que se sustentan y eternizan por medio de unos ridículos clichés entroncados en la cinematografía española, y porqué no decirlo -salvo el caso de Francia- también en Europa. Es por eso, que si el resultado no hubiera sido tan redondo, el film de Álex habría cumplido igualmente con un objetivo cardinal: desencorsetar el cine de autor español, con demasiada frecuencia tan pedante, ombliguista y pagado de sí mismo, elevando a obra de arte una historia fantástica tan singular como sencilla, bautizada crípticamente como “Comedia satánica”, que a pesar de su tono costumbrista obtuvo gran éxito y la suficiente resonancia más allá de nuestras fronteras. 


     El director elabora con maestría unos mecanismos narrativos y visuales en los que se aúnan y complementan varios géneros, entre ellos la comedia y el fantástico, produciendo en el espectador efectos sorprendentes, confirmando además que, con la simbiosis de esos dos géneros, se puede crear una obra magistral si se tienen las dotes y el ingenio suficiente, reafirmando también que a pesar de lo denostados -hay absurdamente quien los etiqueta como menores- resultan los menos limitados en cuanto al campo de acción o posibilidades imaginativas, sobre todo cuando la realidad dice que son los que más suelen multiplicar sensaciones y activar emociones compartidas. Aproximándonos a los gustos del autor, expuestos por el mismo repetidas veces, reflejados manifiestamente en la película, uno no puede sino conectar y sentir simpatía por este director que, de forma calculadamente desafiante, actualiza rasgos de la mejor tradición americana y española, embarcándose en un proyecto altamente arriesgado para la endeble industria española. Simpatía que se extiende hacia los personajes de su película, ese trío de héroes visionarios cuya misión es salvar a la humanidad de las garras del maligno.
    

    Cosas del rodaje: aprovechando la iluminación navideña y los permisos del ayuntamiento, Álex de la Iglesia se vio obligado a rodar las escenas más difíciles que había que dejar para el final al principio, movilizado a más de 500 personas en la calle Preciados hasta altas horas de la madrugada. A destacar el libreto del mismo Álex y su colaborador habitual Jorge Gerricaechevarría, sólido y competente... Y la banda sonora a cargo del grupo Def Con Dos, que en el film sale actuando con el seudónimo de “Satánica”.