jueves, 17 de diciembre de 2015

LAS MEJORES PELÍCULAS DE CULTO: BATTLE ROYALE (2000)


    Battle Royale  (Fukasaku Ninji, 2000) es un excelente film de acción que se desarrolla en un Japón apocalíptico con graves problemas estructurales, altísimas tasas de paro y una violencia brutal en las calles y en los colegios. El gobierno toma cartas en el asunto intentando paliar esos problemas. Una de sus soluciones consiste en elegir por sorteo a una clase de un colegio cualquiera, trasladarla a una isla deshabitada e inducirla a un macabro juego de exterminio. Durante tres días van a enfrentarse entre ellos, y sólo uno puede sobrevivir  


     
     Japón saludaba el nuevo siglo ccon una película que iba a convertirse en uno de los títulos más apreciados por los amantes del cine de culto, una cinta que llegaba de la mano de todo un veterano, Fukusaku Ninji, que a sus 72 años tenía detrás toda una filmografía de más de 60 títulos desde que debutara a principios de los años 60, convirtiéndose en referente de reputados directores como Martin Scorsese, Quentin Tarantino y John Woo. De su extensa obra pocos títulos pudimos disfrutar en España hasta entonces: Tora! Tora! Tora!, Los invasores del espacio, Exterminio.


      El film, como viene siendo tradicional en esta sociedad gazmoña, levantó una enorme polémica en el momento de su estreno, debido al controvertido punto de partida y, sobre todo, a la cruda violencia desplegada, un auténtico festín para goremaníacos. Dejando a un lado la ñoñería, los sermones sotánicos/satánicos de la crítica más pureta y ortidoxa, el film, revestido de fábula sangrienta, lo que en realidad esconde es una  despiadada denuncia que actúa como reflejo de una realidad: la de un Japón que ve cómo sus índices de violencia se disparan sin que los políticos hagan nada por detener ese avance. De hecho, uno de los miembros  del Partido Democrático del Japón, en la oposición política, montó una campaña para prohibir la película, y el parlamento del País del Sol Naciente llegó a debatir el tema.


     El gran “Beat” Takeshi, que aquí ejerce de profesor ideólogo encargado de dar instrucciones y controlar la batalla juvenil, está genial, como siempre, con ese estilo frío, cínico, imperturbable y tocado con un grado de sentimentalismo que le ha hecho tan popular, demostrando que no sólo es un buen actor cuando se dirige a sí mismo, también alcanzando registros excelentes a disposición de otros colegas. Definida por algunos críticos extranjeros como un cruce entre La Naranja Mecánica y El Señor de las Moscas, Battle Royale es una verdadera joya del humor corrosivo basada en el potente debut literario de Koshun Takami, que además sirve como espejo deformante y catarsis vomitiva para el rechazo de la violencia, acciones salvajes que el público adolescente, el más influido por su estética y su endemoniada coreografía del horror, acaba repudiando cuando en situaciones límites tiene que luchar hasta las últimas consecuencias. Un toque de atención para los políticos que, desde los tentáculos del poder, intentan censurar en los medios de comunicación y la cultura todo aquello que no les interesa: el vacío de poder y sus desmedidas ambiciones personales. Brillante y sádica, como una fiera descarga eléctrica en los testículos.




martes, 15 de diciembre de 2015

BETH HUMPHREYS, NADIE COMO TÚ

     

     A través de la boobpedia uno se entera de que la modelo erótica Beth Humphreys (Londres, 13 de agosto de 1994) mide 1´65 cm de estatura, pesa 52 kg, tiene los ojos de color avellana, el pelo largo y castaño, ambos pezones perforados y el vello púbico siempre rasurado. Su irrupción hizo que se tambaleara el reinado de sólidas y adoradas modelos de glamour como Keeley Hazell. Tras su aparición en revistas Zoo, Nuts, FHM, Loaded, Front… ha conquistado un mercado que se ha convertido en un vivero de mujeres con grandes atributos. Yo mismo, he de reconocer que me quedé ojiplático tras comprobar la dulzura y sensualidad de sus poses y al magnetismo de una belleza lozana, voluptuosa e hipnótica. Atrapado por los rasgos de un rostro exótico que automáticamente incendió mi deseo.


      Beth comenzó a posar para hacer un poco de dinero y así sufragar los gastos de la universidad en donde estaba estudiando ingeniería química. Ahora ha cambiado los planes y está haciendo económicas porque es consciente de que hasta las pieles más suaves y turgentes se arrugan con el paso del tiempo y es imposible luchar contra la fuerza de la gravedad, sobre todo si uno mira atentamente el tamaño de sus pechos. Nada extraño, porque últimamente en Gran Bretaña tienen excedente de modelos eróticas que redefinen la palabra “curvas”. Debe ser el agua.



     Lo cierto es que Beth se está ganando el reconocimiento internacional y ha aparecido en la revista Amsterdam Súper y Maxim de la República Checa. Resulta oportuno señalar que todo lo que luce Humphreys es 100 % natural, y que ha hecho sus pinitos como actriz en una película de terror que se impone como un plagio de Hostel titulada Anarchy Parlor (Devon Downs, Kenny Cage, 2015). Este film, también conocido por el título de Parlor, narra cómo un grupo de amigos de la universidad deciden viajar a la Europa del Este (concretamente a Lituania) para pasar allí las vacaciones. Al llegar a su destino, son secuestrados por unos lugareños que tienen un negocio poco corriente. Por último, mi recomendación es que le echen un vistazo al Instagram de Beth, si es que este post en verdad les ha seducido.


lunes, 14 de diciembre de 2015

JIM JARMUSCH Y SU WESTERN ATÍPICO

DEAD MAN êêêê
Western - USA-Alemania, 1996 - 121 Minutos.
DIRECTOR: JIM JARMUSCH.
INTÉRPRETES: JOHNNY DEPP, GARY FARMER, LANCE HENRIKSEN, MICHAEL WINCOTT, ROBERT MITCHUM.


    Nacido en Akron (Ohio), Jim Jarmusch es uno de los directores de cine independiente de mayor prestigio, ejerce desde su debut con Permanent vacation (1980) un poderoso magnetismo sobre un amplio sector de la crítica, a pesar de que para el público siga siendo un gran desconocido. Extraños en el paraíso (1984) su segundo largometraje, es un magnífico relato sobre las peripecias de tres amigos en Estados Unidos con el que gana la Cámara de Oro en Cannes’84, y el galardón de mejor película del año para la Sociedad Nacional de Críticos de EE.UU. Bajo el peso de la ley (1986) se nos presenta como una irregular revisitación del género de fugas carcelarias. Mystery train (1989) es un admirable y original film compuesto por el cruce de tres historias que suceden en Memphis. Noche en la tierra (1991) incluye cinco historias de taxis, taxistas y pasajeros que transcurren a lo largo de una noche en cinco ciudades diferentes del mundo -Los Ángeles, Nueva York, París, Roma y Helsinki- . Tras realizar un excelente documental sobre el músico Neil Young, realiza la espléndida Ghost dog (1999) remake de El silencio de un hombre de Melville, protagonizado por Forest Whitaker en el papel de un asesino a sueldo. Jarmusch vive y trabaja actualmente en Nueva York.


    Sinopsis: tras recibir una oferta de trabajo en Machine, fría ciudad del oeste americano, el contable William Blake (Johnny Depp) deja su trabajo en Cleveland (Ohio). Pero, su sorpresa es mayúscula cuando una vez allí, el dueño de la factoría, John Dickinson (Robert Mitchum) ya ha cedido su puesto a otra persona. Sin empleo, tiene un enfrentamiento mortal con Charlie (Gabriel Byrne) el hijo de Dickinson, que mata a su mujer al encontrarla en la cama con Blake, quien a su vez mata a Charlie. A partir de entonces su cabeza tiene un precio, perseguido a muerte por tres cazarrecompensas.
   

    Empeñado en determinadas ocasiones -cosa que yo particularmente agradezco- en revisionar géneros desde su singular estilo, Jarmusch nos ofrece su aportación al western, incursión en la que con su intransferible percepción es capaz de extraer momentos de trance casi anestésicos, y es que no todos han sabido ver que la revisión es un ejercicio que en manos de talentos como el de Jim es una opción totalmente válida de sublimar y dignificar el arte. Dead Man es un western indefinido y surreal, nada fácil para quienes esperen encontrar aspectos deudores o semejanzas con el cine de Ford, Mann, Peckinpah o las mediocres ilustraciones del spaghetti-western. Fúnebre relato tan espectral como indica su propio título, “Hombre muerto”, pues el indio Nobody está convencido de que su acompañante es el espíritu del polifacético artista inglés William Blake. Rodada en blanco y negro, con una hermosa y eficaz fotografía de Robby Müller, la cinta funde a la perfección el tono onírico del fascinante imaginario de su autor, un universo en el que laten los temas más recurrentes de su cine: el desarraigo, la soledad, el nomadismo, y por primera vez, elevada a un tono grotesco, la violencia.



      Casi todo el peso del film recae sobre esos dos personajes antes mencionados, el indio Nobody (Gary Farmer) que pasó varios años prisionero de los blancos y le sobró tiempo para leer algunos escritos del poeta William Blake, y que ahora se ha convertido en un proscrito para su propia tribu de Pies Negros. El hecho de encontrarse con alguien con un nombre identico al del pota británico, le impulsa a pensar que está en presencia de un fantasma, lo que le lleva a sentir por el personaje protagonista interpretado por Johnny Depp un cierto temor reverencial. Para éste último, llegado del noroeste, se la abre en la áspera e inhóspita Machine todo un mundo de codicia, sordidez y misterios a los que poco a poco irá despertando en su paulatina adaptación a un espacio por momentos de una vertiginosa agorafobia, y en otros asfixiante y cerrado. 


      Así, nos encontramos con una película de género atípica, que como no podía ser de otro modo bajo la batuta de este peculiar autor, queda muy alejada de las ampulosas superproducciones hollywoodienses, y que por momentos apunta destellos poéticos para ir gradualmente adentrándose de forma críptica hacia los dominios de los más bajos instintos de la condición humana: corrupción, avaricia, venganzas y la más feroz crueldad son desplegadas con frialdad, pero con intensidad, por un cúmulo de personajes -caciques, cazarrecompensas, alguaciles- que desarrollan, envueltos en una atmósfera malsana, todos los recursos criminales a su alcance. El afán depredador de los cazarrecompensas, nada tiene que ver con los métodos caballerosos puestos en práctica por los legendarios héroes del far-west en aquellos famosos duelos rituales, ordalías que derivaban siempre en una acción de equidad para salvar el honor. Aquí, la traición, el instinto de supervivencia, la ambición y el poco aprecio a la vida acotan el camino de William Blake, siendo al final la víctima propiciatoria de esta exquisita metáfora del Mal. Maravillosa banda sonora a cargo -cómo no- de Neil Young para el primer film en el que Jarmusch abandona el asfalto.