martes, 3 de noviembre de 2015

ABIGAIL RATCHFORD, LA MODELO QUE QUERÍA SER FUTBOLISTA


      
      La modelo de glamour norteamericana Abigail Ratchford nació en Scranton, Pensilvania, el 12 de febrero de 1992. Desde siempre, su máxima aspiración fue ser actriz, y no encontró mejor medio para darse a conocer que subir fotos de  su exuberante cuerpo en redes sociales como Facebook e Instagram (donde fue elegida reina en 2013),   vehículos de promoción muy utilizados para quienes no tienen otros medios y carecen de enchufes para ser conocidos por el gran público. Su vida ha estado marcada por su educación en colegios, institutos y universidades católicas y por sus venas corre sangre irlandesa, alemana y francesa. Ella es la quinta de siete hermanos. Intentó jugar al fútbol profesionalmente, pero sus problemas asmáticos se lo impidieron.

      Abigail es una bomba sexual que no deja a nadie indiferente. Su 1´75 cm de estatura, 57 kg de peso y unas medidas de 104-66-94 hacen que con ella siempre viaje el escándalo. Pero es que Abigail es mucho más que su escultural físico, aunque su inteligencia y seguridad en ocasiones sean confundidas con arrogancia. Extremadamente apasionada, le gustan los hombres latinos, a pesar de que reconoce que formando pareja con ella daría como resultado una mezcla explosiva que define como un tornado dentro de un volcán en erupción. Le gusta posar con lencería, con una buena copa de vino cerca y escuchando música.


       Lo que realmente le pone es el hombre con humor, con atributos, pero con humor, un hombre que la haga reír sin parar. Confiesa que no siente ninguna atracción por los metrosexuales, esos tipos que se depilan hasta las cejas y parecen muñecos Ken. Abigail cuenta que le gusta tener siempre las uñas bien pintadas y perfiladas, aunque salvo cuando sale los fines de semana y para algunas sesiones, siempre va vestida de sport, con sudaderas, jeans y botas. Su vida está regida por dos lemas: “Nada dura eternamente” y “Lo que tiene que ser, será”. Le preocupa que las nuevas tecnologías arruinen las relaciones personales cercanas, y que el estercolero de la telebasura, con su menú sensacionalista, se imponga sobre el amor y la razón. Sus hobbies son la cocina y mantenerse en forma. Su hombre ideal, que tiene que tener como mayor virtud el respeto hacia las mujeres, estaría en algún lugar entre Vince Vaughn y John Hamm. Nosotros le pedimos, te suplicamos, si no encuentras trabajo como actriz, no nos abandones nunca.


domingo, 1 de noviembre de 2015

MIS PELÍCULAS FAVORITAS: "LA LISTA DE SCHINDLER" (1993)

LA LISTA DE SCHINDLER
(SCHINDLER’S LIST)
Drama - USA, 1993 - 187 Minutos - Blanco y Negro.
DIRECTOR: STEVEN SPIELBERG.
INTÉRPRETES: LIAM NEESON, BEN KINGSLEY, RALPH FIENNES, CAROLINE GOODALL.


    Nacido en Cincinnati en 1947, Steven Spielberg está unánimemente considerado uno de los mejores y, sobre todo, más taquilleros directores actuales. Su infancia puede entenderse como feliz en el seno de una familia acomodada de origen judío. Su pasión por el cine le lleva a realizar más de una docena de films familiares de 16 m.m., y por dicha vocación cinéfila abandona sus estudios de Literatura para cursar los de Cine en el State College de California. En 1969 realiza el cortometraje Amblin, premiado en varios festivales y cuyo nombre le servirá posteriormente para su productora. No tarda en ser contratado para dirigir algunos episodios de series televisivas de gran éxito en los sesenta (Marcus Welby, Colombo, Galería nocturna) y en 1972 rueda el telefilm El diablo sobre ruedas, que protagonizado por Dennis Weaver cuenta la persecución infernal que un enorme camión cisterna somete a un automóvil, y que debido a su éxito se estrena en los cines de todo el mundo. Considerando al anterior como un producto para la televisión, su primer largometraje es Loca evasión (1974), que narra otra persecución, pero esta vez lo perseguidores son la policía y los perseguidos una pareja que viaja en automóvil. Apodado el rey Midas de Hollywood, la carrera de este prestigioso director es tremendamente desigual, alternando aciertos: Tiburón (1975), En busca del arca perdida (1981), Indiana Jones y el templo maldito (1984), Salvad al soldado Ryan (1998), con bazofias totalmente deleznables: Encuentros en la tercera fase (1977), 1941 (1979), E.T. (1982), El color púrpura (1985), El imperio del sol (1987), Always (1989), Hook (1991), Parque jurásico (1993), El mundo perdido (1997), Amistad (1997). En el año 2000 nos presenta  Inteligencia artificialinteresante pero incomprendido film sobre una historia de Stanley Kubrick. Minority report (2001) es uno de sus mejores films de los últimos años que adapta un relato del especialista Philip K. Dick que, y que con Tom Cruise de protagonista , retrata el complicado trabajo de un policía del futuro.


      Atrápame si puedes (2002) es un biopic sobre uno de los falsificadores más jóvenes de la historia, Frank Abagnale. La terminal (2004) es un film donde, además de reafirmar su ineptitud para la comedia, cuenta una historia llevada ya al cine sobre un individuo atrapado en la terminal del aeropuerto JFK de Nueva York. Munich (2015) trata sobre la venganza ejecutada por un agente del Mossad contra los responsables  de la matanza de atletas israelíes durante las olimpiadas de 1972.  La guerra de los mundos (2015) actualización del clásico de ciencia ficción con Cruise de protagonista. Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal (2008) floja secuela que falla en su misión de atrapar las esencias de la saga. Las aventuras de Tintin (2011) resultón film de animación sobre el personaje creado por Hergé. Caballo de batalla (2011), Lincoln (2012) espeso biopic sobre la figura del histórico presidente norteamericano y Puente de espías (2015) un film protagonizado por Tom Hanks sobre un suceso real durante la Guerra Fría, son sus últimas películas.
    
     
     Spielberg rinde un emocionado homenaje a las víctimas del holocausto con esta película que narra una tremenda historia basada en un hecho real de supervivencia en medio de la destrucción, el horror y la crueldad. Lo hace a través de un acertado retrato de personajes: el alemán Oscar Schindler (Liam Neeson) un hombre que aunque al principio intenta sacar tajada del negocio de la guerra construyendo una fábrica tras los muros de los campos de concentración, más tarde toma conciencia del problema judío, salvando la vida de cientos de personas y variando el destino al que trágicamente estaban abocadas. En esa toma de conciencia tiene mucho que ver Itzhak Stern (Ben Kingsley) el contable judío de la fábrica. Schindler desarrollará una interesada amistad con Amon Goeth (Ralph Fiennes) el tétrico y brutal comandante del campo.


    Si de lo que se trata es de hacer la película definitiva sobre la esclavitud, Spielberg nos muestra su horrorosa Amistad. Si lo que conviene es hacer la película total sobre el desembarco de Normandía y, por ende, de la Segunda Guerra Mundial, el espectacular cineasta nos presenta Salvar al soldado Ryan. Si lo que en esos momentos desea es hacer la película total y definitiva sobre el holocausto, el niño grande de Hollywood se saca de la chistera La lista de Schindler. La sensación que muchos tenemos de que con sus films más mitineros lo que pretende realmente es sentar cátedra y decir la última palabra sobre éste o aquél tema, nos lleva en determinadas ocasiones a analizar sus obras con cierto grado de aversión o antipatía. Adaptando la novela de Thomas Keneally, un relato que nos habla sobre el hombre que tiene plantado un árbol en su honor en la Avenida de los Hombres Justos de Jerusalén, y centrándonos en los valores cinematográficos de la cinta, que es en verdad lo que nos interesa, su mérito reside en primer lugar en su fuerza visual potenciada por una impresionante fotografía en blanco y negro; en segundo lugar, en la magnífica reconstrucción de determinados acontecimientos ocurridos durante el holocausto y, por último, en la excelente interpretación del trío protagonista: Liam Neeson, Ben Kingsley y Ralph Fiennes.
   
   
    El vigor de las imágenes a las que -insisto- la prodigiosa fotografía de Janusz Kaminski confiere un barniz sumamente gráfico y realista, proporciona al film un tono documentalista tan apropiado como perturbador. Ambientada en escenarios naturales de Croacia y Polonia, ese gran ilusionista y potenciador  de la imagen que es Spielberg, logra unas tremendas secuencias rodadas con tanta autenticidad que obligaron a algunos cámaras a abandonar el insoportable rodaje; la reproducción de la evacuación del guetto de Plaszow en marzo de 1943; los vagones de trenes convoys atestados de judíos en dirección a Auschwitz y el niño que se pasa el dedo por el cuello a modo de cuchillo indicándoles de forma muy descriptiva el terrible destino que les espera; imágenes del guetto convertido en un lodazal a causa de las temperaturas gélidas y las lluvias... Antesala de un infierno por donde deambulan los prisioneros como fantasmas de otro mundo. Impresionantes documentos gráficos que muy bien podían estar filmados por Leni Riefenstahl, la mejor cineasta propagandista del Tercer Reich... claro que, específicamente, esas no hubieran servido de buen instrumento publicitario a su adorado Führer.
    
     
    Por otra parte, todo un perfecto trabajo de reconstrucción del campo de trabajos forzados de Plaszow, de bloques formados por barracones uniformes, las carretas de los muertos, las cámaras de gas simulando duchas y la ajustada (re)creación de episodios tan escalofriantes como la exhumación e incineración de los cuerpos de más de diez mil judíos en Plaszow y en la matanza de Cracovia, hacen de esta cinta una de las más fieles y angustiosas representaciones del holocausto judío. Pero si hay algo que me llama poderosamente  la atención en La lista de Schindler es la alarmante presencia física y demoníaca del Mal, retratada de manera estremecedora por Ralph Fiennes -magnífico actor británico de teatro- como el sádico y zafio untersturmfürer Amon Goeth. Su entrada en el guetto es espectacular; una mujer judía encargada de la construcción de un barracón no está de acuerdo de cómo se está haciendo el trabajo, y advierte que todo el ala sur del mismo se caerá por los falsos cimientos, Amon Goeth se acerca a ella y le pregunta:
    - ¿Eres ingeniero?
    - Sí, graduada por la Universidad de Milán.
    - ¡Ah! una judía culta, igualita que Karl Marx.
    - Yo sólo intento hacer bien mi trabajo.
    - Ya, ya...y yo el mío. Mátela y pongan cimientos nuevos como ella dijo.
    Un poco más adelante, con la excusa de que hay que hacer sitio a los nuevos trabajadores que van a llegar procedentes de Yugoslavia, Goeth entra en la fábrica y le pide a un viejo hebreo que le haga una bisagra:
    - Veo que lo está haciendo muy bien, muy bien. Lo que no comprendo es ¿cómo si lleva trabajando desde las seis de la mañana sólo ha hecho este montoncito?

  
      El viejo judío, arrodillado, trata de explicarle que han tenido que volver a ajustar las maquinarias y que le han pedido que cargue carbón. Amon Goeth aprieta el percutor de su pistola, pero esta se encasquilla una y otra vez, hasta que lleno de ira termina por golpearle con la pistola en la cabeza. Por último, un día, el brutal comandante nazi le pide al contable Itzhak Stern que le mire. Durante unos segundos Goeth clava su mirada en los ojos del asustado contable, es la mirada del Mal, en su azul pétreo está recogida la perversidad del monstruo del nazismo, la crueldad como religión, la mirada de un ser despiadado, poseído por el fanatismo más atroz y sanguinario. 

  
    Al final, en uno de los momentos más emocionantes del film, todos los judíos supervivientes, con lágrimas en los ojos, están reunidos para homenajear y agradecer lo que ha hecho por ellos su salvador Oscar Schindler. Le entregan un anillo, Schindler llora, todos lloramos, sin embargo, durante lustros el Mal ha gobernado, ninguno de los que sobrevivieron al holocausto olvidará jamás su mirada. La película consiguió 7 Oscars de Hollywood -Película, Director, Guión Adaptado, Música, Fotografía, Montaje y Dirección Artística-, supongo que gracias también a la influencia del lobby judío de Hollywood.

LA TERRIBLE SECUENCIA DEL BALCÓN

miércoles, 28 de octubre de 2015

TOC TOC (KNOCK KNOCK, 2015) LO ULTIMO DE ELI ROTH

 

    Desde que dirigió la irregular Hostel 2 (2007), Eli Roth se ha dedicado a colaborar en proyectos de bajo presupuesto para sus amiguetes chilenos; Aftershock (Nicolas López, 2012), film en el que además de colaborar en el guión es uno de sus principales protagonistas; o dejar que su nombre figure en películas como The Stranger (Guillermo Amoedo, 2014) otorgando así un impulso al producto. También ha tenido tiempo de firmar un par de telefilms, Henlock Grove y South of Hell, y un mediocre homenaje al clásico de culto Holocausto caníbal titulado Green inferno (2013). Lo último que el director de Cabin Fever ha realizado es este thriller que insiste en la variante de los secuestros domésticos y que actualiza un viejo film explotation setentero titulado Death Game que fue dirigido por Peter S. Traynor en 1977 y que es conocido en España por el título Las sádicas.
      


     La trama es sencilla: durante un aguacero, dos jóvenes muy atractivas, Génesis y Bel (Lorenza Izzo y Ana de Armas) llaman a la puerta de un arquitecto y antiguo DJ, Evan Webber (Keanu Reeves) que se encuentra sólo por motivos de trabajo mientras su familia pasa fuera el fin de semana. Evan, accede a dejarlas pasar para que sequen su ropa mientras les llama a un taxi. Sin embargo, las intenciones de las dos chicas son otras y tratarán de seducirle complicando así su vida perfecta.
     

      Como apuntaba antes, la premisa del film surge del citado film setentero, pero está claro que lo que pretende Eli Roth es hacer un guiño o rendir tributo de alguna manera a la magnífica Funny Games de Haneke, pero con el atractivo añadido de presentar como villanas a dos pibones que serán, finalmente, la excusa perfecta para ver la película. Una osadía, por otra parte. La otra excusa es el nombre de Eli Roth, que siempre se asocia a un cine terror y emociones fuertes. Aun así, será justo reconocer que Toc toc (Knock knock) se ve con facilidad a pesar de que es un film sin garra que resulta entretenido mientras se ve pero que el único poso que deja es la visión de los esculturales cuerpos de sus dos bellezones, la española y siempre carnal y morbosa Ana de Armas y la chilena Lorenza Izzo (actual pareja sentimental y musa de Roth).  


      Y es que la película depara pocas sorpresas, más allá de asistir al enésimo juego del gato y el ratón dentro del laberinto del ámbito doméstico que siempre desarrolla recursos muy trillados y limitados,  sin saber explotar el aliciente sexual, que queda muy difuminado por un tratamiento sutil y pusilánime. Un thriller convencional en el que el director deja de lado el gore y la casquería, y en donde Keanu Reeves sobrelleva de la mejor manera posible un papel en el que apenas proyecta su carisma ni se siente motivado, dando la impresión de que las torturas que le infringen las dos jóvenes psicópatas resultan inofensivas y redundantes. Tras el padecimiento, más bien inocuo del protagonista y su desazón porque nada de lo ocurrido llegue al conocimiento de su mujer, Eli Roth nos depara un final anticlimático fofo y acorde con el conjunto, un final que queda envuelto en una moraleja sobre lo difícil que lo tenemos los hombres para resistirnos a según qué tentaciones.