martes, 20 de octubre de 2015

LOS AÑOS DESNUDOS: CLASIFICADA “S” (2008)

Desnudando miserias


    
     El título ya es lo suficientemente elocuente como para que nos podamos hacer una idea de hacia dónde nos quiere guiar esta película que funciona por encima de lo esperado. Los años desnudos: Clasificada “S” es, en cierta manera, un film homenaje a aquel cine de destape de la Transición política, que aunque bañado por una patina sórdida y con un trasfondo de miseria, resultó tan oportunista como necesario y refrescante. La película más seria hasta esa fecha de la pareja artística formada por la malograda Dania Ayaso (fallecida el pasado año) y Félix Sabroso sigue la experiencia vital de tres atractivas mujeres, Lina, Sandra y Eva (Goya Toledo, Candela Peña y Mar Flores) que desde distintas procedencias y experiencias vitales, se hacen amigas en el rodaje de una película clasificada “S”. A partir de entonces, las tres actrices coincidirán en otras películas, lo que les llevará a estrechar lazos, una amistad que les hará alternar buenos ratos  y algunas disputas y peleas. Es la España de los 70 y 80, sobre el escenario convulso de un país que se abría a la libertad tras un largo periodo de dictadura, la vida de las tres mujeres protagonistas y la modernización de un país que comenzaba a abrir sus fronteras, sufrirán altibajos en paralelo, ellas sintiéndose utilizadas por unos hombres que sacaban provecho del éxito efímero de una tendencia que poco a poco irá languideciendo, convirtiendo a muchas de esas actrices en marionetas rotas, y el país enfrascado en una libertad que era más virtual que realista. 
     
    
       Aun siendo la mejor película del dúo Ayaso/Sabroso, que al parecer querían olvidarse de las comedias petardas que representaron aquellos engendros de Un grito en el cielo y Perdona bonita, pero Lucas me quería a mí, Los años desnudos: Clasificada “S”, podría haber sido una película mucho más redonda si se hubiese pulido un poco más un guión que intenta trascender las historias y experiencias de las protagonistas (que actúan bajo la inspiración de un sinfín de starlettes y reinas del destape hoy casi olvidadas: Rosa Valenty, Nadiuska, Susana y Blanca Estrada, Ágata Lys, Mirta Miller, Mireia Ros,  Eva Lyberten, Sara Mora, Lina Romay, Helga Liné, Azucena Hernández, Andrea Guzón, Raquel Evans, Norma Duval, María José Cantudo, Bárbara Rey, Silvia Tortosa… ) para hacer un barrido parco e intrascendente por el espacio sociológico que sirve de marco a la acción, iluminando un ejercicio melancólico y esteticista cuyo halo de luz proyecta demasiadas lecturas apuntadas con trazo muy grueso.


    Perdonable cuando adivinamos que la función no tiene ínfulas de resultar trascendente ni de servir como documento de referencia, pues la razones que llevaron a converger elementos como el oportunismo, el precario talento interpretativo de una legión de actrices a las que no les quedó más remedio que explotar su vertiente erótica para sobrevivir, el afán carroñero de algunos productores y un entorno en donde se debatían radicales cambios sociopolíticos (potaje trufado con el machismo que impregnaba a aquella sociedad y las eternas reivindicaciones feministas) necesitaba de una mayor profundidad y acierto para indagar en un fenómeno explosivo que ayudó a colorear la metamorfosis de la piel de toro, fenómeno que, en los años del tardofranquismo y picados por la curiosidad y el morbo, empujó a peregrinar muchos españoles a Perpignan para ver a Marlon Brando lubricar con mantequilla a María Schneider.


       No obstante, me ha convencido el trabajo realista de sus tres principales intérpretes, espejos hermosos y fatalmente deformantes de un ayer fracturado por una memoria que no ha hecho perdurar a nadie, así como la estupenda selección musical, que se ajusta a la historia como un guante de látex. En fin, retrato movido de una época de servidumbres y carencias, en la que la libertad no fue suficiente para desnudar conciencias.

    


domingo, 18 de octubre de 2015

JOYAS DEL CINE ERÓTICO: LA MUJER PÚBLICA (1984)



La mujer pública (Femme publique, Andrzej Zulawski, 1984)        

      Cine de “auteur” que se decía entonces, en la época de los cines de arte y ensayo y vídeoclubs en donde reinó (décadas de los 70 y 80) el director polaco Andrzej Zulawski, de quien sólo recuerdo un par de películas notables, el drama romántico Lo importante es amar (1975) y la original y terrorífica La posesión (1981), una cinta que contiene algunas de las secuencias más recordadas e impactantes del cine de terror. La mujer pública nos narra la historia de la joven y bella Ethel (Valérie Kaprisky), una aspirante a actriz que acepta el papel protagonista en una película que adapta un texto de Dostoievski. Descontento con su actuación, el excéntrico y dominante director, Lucas Kessling (Francis Huster) somete a la actriz a una presión que la deja mentalmente exhausta, incapaz de distinguir el mundo real y su papel en la película. Paralelamente, Ethel mantiene una relación con Milan Mliska (Lambert Wilson) un expatriado checo cuya anterior mujer fue musa de Kessling.


       Cuando en mis dorados años de juventud asistí al estreno de esta película, lo único que saqué en limpio fue la constatación de que la belleza de la actriz Valérie Kaprisky era tan asombrosa como inmarcesible. Una actriz que, recordemos, compartió protagonismo con Richard Gere en el resultón remake de Al final de la escapada de Godard firmado por Jim McBride y titulado en nuestro país Vivir sin aliento (1983). Tras rodar La mujer pública, Valérie cayó en una profunda depresión, ya que el film, rebosante de una taimada misoginia, provocó en ella un terrible desgaste como consecuencia de las drásticas exigencias del director y de tener que exponer sus intimidades sin reservas. Una exposición física y una presión psicológica que acabarían dinamitando la resistencia de la actriz que todavía hoy reniega de un título que en su momento tuvo una aceptable acogida crítica y fue un éxito de público. No nos engañemos, La mujer pública es un film fallido solamente soportable por alguna recordada secuencia como la del frenético baile de Valérie Kaprisky totalmente  desnuda durante una sesión fotográfica, en una interpretación lamentable y condicionada por la inseguridad y la presión que sufrió.


     Su belleza es lo único reseñable de una película muy irregular que incide en una de las obsesiones de los cineastas franceses (o afrancesados, como es el caso) de la época: el cine dentro del cine, un ejercicio de metaficción que aborda como excusa el rodaje de una obra de Dostoievski para desplegar las constantes de un nuevo triángulo amoroso tan banal como irritante. Un film excéntrico, por momentos sórdido y siempre estridente en donde la mujer queda expuesta como una ilusión sin voluntad, voluble, maleable y rodeada de personajes grotescos con la innata capacidad de desquiciar a cualquiera. La folletinesca historia se debate entre la perversidad y el romanticismo dentro de la deriva volcánica de un trío de histriones; con un Francis Huster a modo de aborrecible remedo de Klaus Kinski; y un Lambert Wilson dando oxígeno a un tipo colérico que intenta convertir a Ethel en una figuración de su desaparecida mujer y antigua musa de Kessling. Sólo al final, terminado el rodaje, Zulawski parece redimirse de los grandes brochazos sacando a las espectrales calles de París al director, actores y equipo técnico, que saludan a la cámara y al público. Momento en que, tras el tormentoso itinerario de un rodaje que la ha vaciado, se vislumbra un resquicio de luz en Ethel.



jueves, 15 de octubre de 2015

CRÍTICA: "MARTE (THE MARTIAN)"

Mientras hay vida hay esperanza
MARTE (THE MARTIAN) êêê
DIRECTOR: RIDLEY SCOTT.
INTÉRPRETES: MATT DAMON, JEFF DANIELS, JESSICA CHASTAIN, MICHAEL PEÑA, KATE MARA, CHWETEL EJIOFOR, SEAN BEAN.
GÉNERO: CIENCIA FICCIÓN / EE.UU. / 2015  DURACIÓN: 142 MINUTOS.   

      Adaptación de la magnífica novela homónima de Andy Weir, Marte (The Martian) estaba ideada para ser dirigida por el autor del libreto, Drew Goddard, que decidió abandonar el proyecto cuando se le presentó la oportunidad de dirigir la adaptación para la pantalla grande de la novela gráfica Sinister Six. Fue entonces cuando el proyecto le fue encomendado a Ridley Scott que, recordemos, pasará a la historia por haber firmado dos de las mejores películas de ciencia ficción de la historia, Alien, el octavo pasajero (1979) y Blade Runner (1982). Lo que llama la atención es que el director apenas se haya tomado licencias artísticas y siga el al pie de la letra el texto de Weir en lo que representa una adaptación fidelísima de una novela a la que el guionista sólo ha rebajado la verborrea técnica logrando captar el espíritu de una aventura en donde todo lo que pasa parece tener una sólida base científica.


      Queda apuntado, Marte (The Martian) es una aventura espacial que nos narra cómo el astronauta Mark Watney (Matt Damon) es dado por muerto tras una feroz tormenta y abandonado por la tripulación. Pero Watney ha sobrevivido en un planeta hostil. Con escasos suministros, deberá recurrir a su ingenio e instinto de supervivencia para comunicar a la Tierra que sigue vivo.
     

      
    No voy a afirmar, como seguramente harán otros colegas, que Marte (The Martian) es la mejor película de Scott en muchos años porque soy un fiero defensor de El consejero (2013), un film incomprensiblemente infravalorado sobre el mal en su representación más gráfica y cruel y el poder como arma de control. Pero estoy de acuerdo en que es el mejor film de ciencia ficción que el director ha rodado desde Blade Runner teniendo en cuenta el resultado de la irregular Prometheus. Eso sí, la nueva apuesta se impone como una película más impersonal que las citadas, porque en Marte hay mucho del Robert Zemeckis de Náufrago –incluso de Contact- y del Alfonso Cuarón de Gravity, un relato de supervivencia entretenido que mantiene al espectador pegado a la butaca desde la primera escena, rebosante de planos de una belleza sublime y fantásticos efectos visuales. Un paisaje marciano y enigmático en donde el bueno de Matt Damon (que se postula para el Oscar) tendrá que utilizar todo su ingenio para sobrevivir en un tour de forcé dramático que alterna a la perfección el humor, el temor, la emoción y la solidaridad, convirtiéndose, a la postre, en una historia insólitamente optimista para estar firmada por el director británico. Marte (The Martian) es ante todo una historia vitalista, de autosuperación, una llamada a la esperanza, que nos presenta a un astronauta botánico que a modo de moderno Robinson Crusoe nos incita a vivir una experiencia visual y sensorial por las rojizas dunas y cráteres de Marte como nunca antes había sido explorado en una pantalla de cine.

 
      Es también un ejercicio nostálgico para los espectadores que añoramos al Ridley Scott rumbo al infinito y rompiendo la barrera del sonido, ahora que sabemos que Blade Runner 2 será dirigida por el talentoso director canadiense Denis Villeneuve. Durante el primer tercio de la cinta, Matt Damon es el protagonista absoluto en un espléndido one man show que es la parte más interesante de la función, un personaje que enseguida empatiza con la platea y que va evolucionando desde que se produce el accidente hasta que durante su proceso de experimentación, racionalización y supervivencia -gracias a sus conocimientos de botánica-, logra contactar con la Tierra. Un papel muy goloso para un actor notable a través de cual puede desarrollar sus grandes dotes interpretativas y su indiscutible carisma, con estados de ánimo que fluctúan entre el humor y la esperanza, la angustia y el drama.


       En el resto del metraje nos es presentado el equipo de la NASA en labor de rescate, la parte menos dinámica del film y más farragosa debido a algunas líneas de diálogos con ciertas explicaciones de carácter técnico o científico, que pueden servir como orientación y relleno pero resultan de lo más aburrido. Difícilmente podemos evaluar la presencia de Jessica Chastain, Kate Mara y Michael Peña por los escasos minutos de que gozan como componentes de la tripulación, aunque algo más provechoso es el concurso del veterano y eficaz Jeff Daniels al frente del equipo de la NASA. Marte (The Martian) es un film honesto, desenfadado, entretenido y positivista al que le sienta muy bien la incisiva, por momentos celestial, banda sonora a cargo de Harry Greg-Williams, que se eleva como un canto al compañerismo y una invitación para huir de la desesperación, tratando de captar el lado bueno de las cosas y superar así los momentos difíciles, pensando que mientras hay vida hay esperanza.