Supongo que desencantada con el
inmenso e insufrible ego del muy sobrevalorado futbolista y modelo de
calzoncillos Cristiano Ronaldo, la
modelo rusa Irina Shayk (Yemanzhelinsk,
6 de enero de 1986), mandó al carajo su relación con el deportista portugués
porque estar a su lado la hacía sentirse “fea
e insegura”. Soltando más hilo del carrete, confiesa: “Quiero a un hombre fiel, honesto, un caballero que sepa cómo respetar a
las mujeres. No creo en los hombres que nos hacen caer y sentirnos infelices
porque eso no es de hombres sino de críos. Pensé que había encontrado a ese
hombre ideal… pero no”. Irina, coño, le diría yo, cómo va a ser un hombre
ideal un tipo tan hortera que le gusta un cantante detestable como Kevin Roldán
y que declara que la gente le tiene envidia porque es “rico, guapo y gran
jugador”, y que se impone como el estereotipo
perfecto de estos tiempos abominables en donde se valora más presumir de
abdominales que el poseer un amplio bagaje cultural. Si hubiera añadido a la
frase “inteligente” me hubiera descojonado, pero ahí frenó, tal vez consciente
de que cualquier Ferrari de los que conduce se lo pondría difícil en una apuesta.
De modo que
Irina se fue a lucir palmito a Hollywood, le dieron un papelito insignificante en
la película Hércules (Brett Ratner, 2014) y desde principios de este año
vive una relación sentimental con el reputado actor Bradley Cooper. Su aspecto exótico se lo debe a su padre, de origen
tártaro, y sus bonitos ojos verdes son una herencia de su madre. La carrera de
Irina se inicia tras ganar un concurso de belleza local en 2004, cuando alguien
le aconsejó que se dedicara a la moda y un año más tarde estaba trabajando en
París. Tras firmar con la agencia Elite Barcelona en 2007, se convirtió en la
nueva rookie de la revista Sport Illustrated Swimsuit. Después todo vino
rodado: portada en multitud de revistas y campañas publicitarias para las
mejores firmas.
Irina mide 1´78 cm de estatura,
pesa 58 kg y sus equilibradas medidas 86-58-88 le hacen ser una de las modelos
más reconocidas, demandadas y pagadas y una presencia insustituible en la red,
donde cuenta con millones de búsquedas. Así, se ha podido comprar un
apartamento en el West Village de Nueva york que le ha costado 2 millones de
dólares. Tras romper el pasado 14 de enero con el antipático “crack” portugués, la nueva
vida de Irina dentro del exclusivo y frívolo mundo de Hollywood, ha hecho que
la modelo se nos muestre más sexy y provocativa, algo que siempre es de agradecer
para los que amamos la belleza femenina. Tampoco creemos que con su ruptura
haya perdido mucho en un plano económico, pues su nueva pareja, Bradley Cooper,
es el tercer actor mejor pagado de Hollywood, con 36,2 millones de dólares
ganados el pasado año, y además, juntos forman una de las parejas más
atractivas y glamourosas de la meca del cine.

































