sábado, 12 de septiembre de 2015

JOYAS DEL CINE ERÓTICO: “EYES WIDE SHUT” (1999)


      Película póstuma de Stanley Kubrick que adapta la novela “Relato soñado” del escritor austriaco Arthur Schnitzler- amigo de Sigmund Freud e influenciado por él- y que nos presenta  al doctor William Hardford (Tom Cruise) cuya vida parece ir muy bien: realiza un trabajo que le satisface, tiene una mujer preciosa y una hija. Pero al día siguiente de asistir a una fiesta, su bella esposa, Alice (Nicole Kidman) le habla de un sueño erótico que ha tenido en el que estuvo a punto de dejarlo por un desconocido. Abrumado por esta confesión, acaba entrando en un local, donde un antiguo compañero le habla de una congregación secreta dedicada al hedonismo y el placer sin límites. A partir de entonces, un mundo dominado por el sexo y las perversiones se abre ante él.


         
     Siempre me ha fascinado la manera en que Kubrick es capaz de revestir de misterio y seducción algunas historias que ni siquiera merecen profundas reflexiones, dilemas existenciales que no conducen a ninguna parte y para los que no existen respuestas: la dificultad de las relaciones de pareja, las contradicciones inherentes al ser humano, las fantasías prohibidas, los límites del deseo, el cinismo de la sociedad… y, sobre todo, los lazos del matrimonio, que anudan una relación amorosa que se va degradando con el tiempo hasta tener visos de un artificio burgués de corrección tan frustrante como hipócrita. La excelente fotografía de la recreación de un Nueva York fascinante donde late la tentación de los placeres ocultos, la llamada de un submundo en el que el doctor Bill Hardford se sumerge como venganza a la herida emocional que le ha producido las confesiones de su mujer (su tórrido sueño con un oficial de la marina), y se adentrará en lugares secretos donde sólo es posible la entrada con invitación, experiencias extramatrimoniales que acabarán poniendo en riesgo todo lo que tiene; la seguridad de su vida tal y como la ha disfrutado hasta ahora y todo lo que le rodea.  



       La secuencia esencial de la orgía en la mansión repleta de enmascarados impecablemente vestidos de etiqueta y que conforman la élite de la sociedad, personas que están por encima del bien y del mal como ministros, jueces, obispos, nobles, generales y jefes de policía, banqueros… se impone como una alegoría sobre su carácter intocable cuando una prostituta es asesinada y no pasa absolutamente nada porque todos ellos están por encima de las leyes que ellos mismos redactan y aprueban. Bill (Cruise) es médico, es decir, un don nadie, alguien de ínfima categoría como para pertenecer a ese hermético y privilegiado círculo. El asesinato de la prostituta no significa nada, sólo una mosca aplastada contra un cristal para todos los que pertenecen a ese club tan misterioso como poderoso, que en definitiva son los que ordenan y dirigen nuestras insignificantes vidas. Se comenta que el rodaje supuso la gota que colmó el vaso del proceso de desgaste psicológico de la pareja Cruise/Kidman en la vida real. Lo cierto es que a partir de ahí su relación se fue al carajo y no dieron apenas explicaciones sobre los motivos. La película la tuvo que terminar Humphrey Pickwick y la moraleja que yo extraje del relato (abierto a múltiples interpretaciones) es que existe un poder omnímodo, inalcanzable, que nos obliga a vivir la vida que ellos quieren. Claro, que muchos espectadores quedaron desconcertados con la palabra que pronuncia Alice ("fóllame") y que cierra de forma enigmática el film. El último guiño del maestro.

jueves, 10 de septiembre de 2015

UN TRIÓ DE ASES ARGENTINO

EL PATRÓN, RADIOGRAFÍA DE UN CRIMEN (SEBASTIÁN SCHINDEL, 2015) êêêê
             
      
     Contundente retrato sobre las servidumbres y la explotación laboral en el siglo XXI, el film sigue a Hermógenes (Joaquín Furriel) un hombre rural que llega a Buenos Aires en busca de trabajo y acaba explotado por un siniestro patrón, Latuada (Luis Ziembrowski) el dueño de una carnicería que le obliga a vender carne podrida y le somete a una verdadera esclavitud.
        

     Basada en caso real que ocurrió en buenos Aires hace tres décadas, la película queda marcada por la fastuosa interpretación de Joaquín Furriel en una transformación física asombrosa y que en lugar de dedicarse a cumplir decentemente saca todo el manual de recursos para dotar a su personaje, dueño de una miserable historia (que conocemos a través de precisos flash backs) de un magnetismo conmovedor. Un relato sobre la avaricia, la crueldad, la tortura psicológica y la corrupción que se bifurca en dos hilos narrativos perfectamente definidos: Hermógenes siendo acusado de un crimen que le puede reportar la cadena perpetua; y la reconstrucción de su pasado cuando entra a trabajar en la carnicería de un tipo estafador, violento y sin escrúpulos. Un film magnífico que incluye momentos escalofriantes.


EL CLAN (PABLO TRAPERO, 2015)  êêêê


      Basada en el caso policial de el Clan Puccio, que conmocionó a la sociedad argentina de los 80, el film de Trapero nos presenta a esta típica y tradicional familia del barrio bonaerense de San Isidro, tras la que se oculta un clan dedicado en cuerpo y alma al secuestro y el asesinato de personas adineradas. Arquímedes (Guillermo Francella) es el patriarca que lidera y planifica los operativos. Alejandro (Peter Lanzani) es el hijo mayor y estrella mediática de un club de rugby. Alejandro se somete a la voluntad de su padre para fijar objetivos y se sirve de su popularidad y atractivo para no levantar sospechas. Todos los integrantes de esta familia son cómplices en mayor o menor medida de una espiral macabra que les reporta jugosos beneficios a costa del sufrimiento y los rescates pagados por los familiares de los secuestrados.
     
      
     Historia sacada de la crónica negra argentina que espeluzna a todos los que conocieron u oyeron hablar de aquella familia que secuestraba a la gente rica que escondían en su casa, cobraban los rescates y luego asesinaban a las víctimas y se deshacían de los cadáveres. Centrada en la relación entre el respetado padre y el idolatrado hijo (la llave que abre las puertas del crimen con toda naturalidad, eso que la gente mediocre llama normalidad), integrados perfectamente en el entorno, que gozaban de la protección de la policía y eran envidiados por todos aquellos que les conocían. Claro, está la culpa colectiva, la larga y siniestra sombra de los generales y la sociedad que los amparó y miró para otro lado. Pero Trapero, que demuestra oficio en la dirección de actores, acierta congelando la maldad escondida en la mirada neutra de Francella para incitar al escalofrío  y la sentencia real de que los monstruos también pueden lucir una imagen exuberante. Soberbio film.


TUYA (EDGARDO GONZÁLEZ AMER, 2015) êêê


       Inés (Andrea Pietra) está asqueada. Su cómoda y apacible vida está a punto de derrumbarse cuando por azar descubre entre las cosas de Ernesto (Jorge Marralde) su marido, una carta de amor. No hay remitente, sólo un corazón dibujado con rouge rojo, cruzado por un “te quiero” y firmado: “tuya”. Una prueba irrefutable del engaño.

       
      
      Resultón thriller en el que los protagonistas se verán envueltos en un crimen aparentemente circunstancial y que deriva en una feroz radiografía  sobre los vicios de la clase media alta y sus miedos a perder su privilegiado estatus social. Adaptación cinematográfica de la novela de Claudia Piñeiro, González Amer toma a Inés como hilo conductor utilizando el recurso de la voz en off para hacernos partícipes de sus criminales manejos y ácidas reflexiones. Lo más interesante lo encontramos en la reacción inesperada de la mujer engañada, la relación del matrimonio con su hija adolescente (ni siquiera saben que está embarazada) y el continuo goteo de datos de la investigación policial tras la aparición del cadáver en un río y que apunta a un único sospechoso: Ernesto, el marido. A quien la mujer cornuda trata de proteger hasta que la trama da un giro brutal. Entretenida y aseada película. 


miércoles, 9 de septiembre de 2015

JOYAS DEL CINE ERÓTICO: LA LLAVE SECRETA (1983)

   
LA CHIAVE (TINTO BRASS, 1983)


     
      Tras haberse iniciado como ayudante de genios como Federico Fellini y Roberto Rossellini, el director italiano Tinto Brass desarrolló en los años 70 un estilo personal y vanguardista que fue evolucionando en los 80 hacia un cine provocador entre la pornografía y el esteticismo. Voyeur obsesionado con el erotismo, filmó obras fundamentales del género como Salon Kitty (1975), Calígula (1980), o el film que nos ocupa, LA LLAVE SECRETA (1983): drama erótico impregnado de todas sus constantes y obsesiones que nos remonta a la Italia fascista de los años 40 y que nos presenta a un matrimonio compuesto por una atractiva mujer madura (Stefanía Sandrelli) y su marido, un hombre insatisfecho sexualmente.



Al cumplirse el vigésimo aniversario de boda y en el transcurso de una conversación, descubren sus respectivos diarios íntimos en donde especifican sus inconfesables fantasías sexuales. Inician entonces un perverso juego sexual donde tendrán cabida otras personas.


  En Italia el film produjo un gran escándalo, no sólo por la crudeza erótica del film, también porque una actriz del prestigio de Stefania Sandrelli, ya con 37 años, decidió desnudarse y participar en varias cintas subidas de tono. Nacida en 1946 y poseedora de una belleza apetitosa y rotunda, pocos mitos carnales han estimulado la libido del espectador como la Sandrelli en esta película, porque lejos de análisis intelectuales, lo que queda es la lubricidad de unos recuerdos que todavía producen en mí agradables cosquilleos. Y es que, como alguien dijo, la provocación es una ganzúa para violentar la caja fuerte de esta cultura herrumbrosa.