Tras haberse iniciado como ayudante de genios como Federico
Fellini y Roberto Rossellini, el director italianoTinto Brass desarrolló en los años 70 un estilo
personal y vanguardista que fue evolucionando en los 80 hacia un cine
provocador entre la pornografía y el esteticismo. Voyeur obsesionado con el
erotismo, filmó obras fundamentales del género comoSalon Kitty (1975),Calígula(1980), o
el film que nos ocupa,LA LLAVE SECRETA (1983): drama erótico impregnado de todas sus
constantes y obsesiones que nos remonta a la Italia fascista de los años 40 y
que nos presenta a un matrimonio compuesto por una atractiva mujer madura (Stefanía
Sandrelli) y su marido, un hombre insatisfecho sexualmente.
Al cumplirse el vigésimo aniversario de boda y en el transcurso de una conversación, descubren sus respectivos diarios íntimos en donde especifican sus inconfesables fantasías sexuales. Inician entonces un perverso juego sexual donde tendrán cabida otras personas.
En Italia el film produjo un gran escándalo, no sólo por la crudeza erótica del film, también porque una actriz del prestigio de Stefania Sandrelli, ya con 37 años, decidió desnudarse y participar en varias cintas subidas de tono. Nacida en 1946 y poseedora de una belleza apetitosa y rotunda, pocos mitos carnales han estimulado la libido del espectador como la Sandrelli en esta película, porque lejos de análisis intelectuales, lo que queda es la lubricidad de unos recuerdos que todavía producen en mí agradables cosquilleos. Y es que, como alguien dijo, la provocación es una ganzúa para violentar la caja fuerte de esta cultura herrumbrosa.
Tras El asesino del taladro (1979), Abel Ferrara rodó el thriller
justiciero Ángel de Venganza, en donde una chica sordomuda que trabaja en un
taller de costura, Thana (Zoë Lund aka Zoë Tamerlis) es violada dos veces en el
mismo día, pero consigue matar a su segundo agresor y, apoderándose de su
pistola, se convierte en una temible vengadora feminista, dedicada a liquidar a
chuloputas, traficantes y cualquier tipo con un carácter misógino.
Realizada con cuatro chavos, Ángel
de venganza tiene interés incluso en la procelosa biografía de su
malograda protagonista, muerta con 37 años víctima de un fallo cardiaco
producido por el abuso de las drogas. Suyo es el guión de Tenientecorrupto
(1992) uno de los films más emblemáticos de Ferrara. Preciosa, aparentemente
frágil y transformada por culpa de su particular tragedia en un ángel vengador
de conmovedora belleza, no se me olvidará nunca su imagen tentadora y desarmante
vestida con gabardina o con disfraz de monja, enfundada en unas sinuosas medias
de rejilla ajustadas por un liguero en donde porta una pistola del calibre 45,
de ahí el título original. Un film aplaudido por las feministas de la época y
que Zoë toma como su rebelión por la asquerosa cosificación de la mujer y la
opresión en una sociedad taimadamente machista.
El póster
refleja a la perfección el universo de Abel Ferrara en el tramo inciático de su
carrera: ultraviolencia, sordidez, suciedad, nihilismo, marginación,
bizarrismo, la ciudad retratada como una jungla habitada por una jauría humana
y un pesimismo descorazonador del que es imposible salir indemne. Una excelente
fotografía pone énfasis a las excreciones de la salvaje Nueva York de los 80,
un cosmos de locura y frivolidad, crimen e indefensión. Un solitario y oscuro
callejón, las sugerentes piernas de nuestra heroína revestidas de unas medias
fetichistas, esa mano que esconde la pistola y frente a ella, en el medio del triángulo perfecto de sus kilométricas piernas, un garrulo
amenazante, un delincuente de medio pelo posicionado para la defensa o el
ataque que agarra fuertemente una especie de palo. Observen cómo el tono
cromático cambia en el cartel español, y aunque yo prefiero el americano, el
efecto es muy parecido. Un gran póster, que no pude conseguir en su día pero
que he recuperado muchos años después. Quedan algunos rulando por ahí,
aprovechen si les gusta.
Y regresó mi adorado MichaelHaneke
para poner las cosas en su sitio. Un hecho aparentemente banal, pero
humillante, como es que un adolescente tire un papel arrugado a las manos de
una mendiga que pide limosnas en un concurrido bulevar de París, es el
incidente que hace confluir las vidas de varios personajes muy dispares; Anne
(Juliette Binoche) una chica empeñada en triunfar en el mundo del cine; Amadou
(Ona Lu Yenke) un monitor musical que trabaja en una institución para sordomudos;
María (Lumunita Gheorghiu) una inmigrante rumana que malvive mendigando y que
envía a su país todo el dinero que gana.
Estamos ante otra gran creación del
director de la escalofriante FunnyGames (1997) -uno de mis
clásicos films de cabecera- en donde el
realizador austriaco trazaba una disección clínica y atroz de la violencia, y
muy recientemente se han estrenado su último y espléndido film, Lapianista,
una película que revela sin pudor las obsesiones y las patologías sexuales de
una profesora de música que lleva una doble vida. En Códigodesconocido,
estrenada unos meses antes que la anterior, nos sumerge en una violencia más
pérfida y alevosa, la que genera la incomunicación, un tema de mayor calado en
nuestra falsa sociedad del bienestar que la representación misma de los límites
de la violencia. Haneke, a través de ese altercado que se origina -el papel
tirado a las manos de la mendiga- indaga en la vida de unos personajes que se
cruzan por azar -un tema recurrente en toda su obra- trasladándonos a entornos
surcados por el fracaso, la inseguridad, la soledad y el drama.
La cámara nos guía por un recorrido
laberíntico sin salida ni respuestas, y nos enfrenta a múltiples preguntas que
se amplifican en el espectador más receptivo, que pronto advertirá su falta de
reflejos, su insensibilidad ante la adversidad y las desdichas ajenas, pues Code
Inconnu expone con dureza algunas
muestras de la ponzoña que consume a nuestra moderna sociedad. Así, en una de
las escenas más emotivas, Juliette Binoche es asediada en el metro por unos
jóvenes delincuentes magrebíes, sólo un anciano, sobrepasado ya por la
vergüenza y el hastío, se arriesga a enfrentarse a ellos, Binoche le da las
gracias mientras deja escapar, entre lágrimas, la angustiosa tensión acumulada.
Nada me cuesta reconocer que, por algún extraño resorte emocional/sensorial
ninguna otra escena, y digo ninguna, ha estimulado mi llanto tan
desconsoladamente en un cine. París, como una nueva Babilonia multirracial, de
una riqueza cultural exquisita, pero también fría y desconfiada, amamantando a
la sombra de los fastos de la nueva Europa otros miedos a los que combatir. Es
ahí, en la desazón urbana, donde el plano-secuencia cobra efectos de ritual en
manos de este virtuoso realizador, un territorio cada vez más inhóspito y
hermético, en el que los personajes más o menos definidos desarrollan los
peores tics de su automatismo global, siendo, sin embargo incapaces de ocultar
su infinita tristeza.
Siento por Michae Haneke una enorme
devoción, es, sin duda, uno de los mejores hallazgos de las últimas décadas, lo
demuestra una vez más en este relato sin fin, su mirada hiriente percibe con
nitidez el dolor y el escarnio en los tiempos del cólera, los males del mundo
que nos ha tocado vivir, la vívida representación de una realidad que nadie
debería obviar. Una mirada flamígera que siempre me hace reflexionar sobre
cuestiones para las que no hay respuestas. Códigodesconocido fue
para mí la mejor película extranjera del año 2001.