La modelo de fitness colombiana Anllela Sagra (23 años y 1´74 cm de estatura) es uno de esos ejemplos portentosos que pone énfasis en la leyenda que dice que Colombia es el mayor vivero de mujeres hermosas de todo el planeta. Es tan perfecta que parece creada con un ordenador. Ella es la más linda reina del Instagram, en donde podemos encontrar un stream de sus fotos más sexys, que la sitúan en el cuadro de honor de las Chicas del Gym. Anllela está en boca de todos a través de las redes sociales, en donde ella no se corta colgando fotos y vídeos para deleitar a sus seguidores con un tórrido contenido.
Es joven, pero lleva tiempo surfeando por el océano de internet y moldeando su escultural cuerpo en gimnasios. Además es bonita como una virgen, un lindo rostro al que imprime carácter sus grandes y alegres ojos y una boca de labios carnosos bien perfilados. Estoy loco por Anllela y se nota. Ella nos confiesa: “3 años de dedicación, constancia, paciencia y esfuerzo y más que nada, amor a mi proceso y a mi cuerpo. No les diré que es fácil porque tengo momentos en los que quiero comer mal y excederme en los dulces y la comida basura… pero al ver el camino recorrido y todo lo que he logrado, me motivo y pienso: Todo es posible si tú crees”.
Como apuntaba, ella es la reina de las llamadas Chicas Finess, que encontraron en Instagram su medio perfecto para dar a conocer su trabajo y así no sólo conseguir seguidores sino también conseguir jugosos ingresos en estrategias de mercadotecnia. Siguiendo el camino de otras musas del fitness como Jen Selter y Michelle Levin, Anllela anda ya por los 900 mil seguidores en la famosa red de fotografías y a mí, personalmente, es la que más me ha impactado y la que más me gusta dentro de esta especialidad del modelaje. Agradézcanme eternamente este espectacular post y sonrían, porque si en la vida existen monumentos como Anllela Sagra, es que existen motivos para dar gracias a los dioses por estar vivos.
INTÉRPRETES: TIM
ROBBINS, BENICIO DEL TORO, OLGA KURYLENKO, MÉLANIE THIERRY, FEDJA STUKAN, ELDAR
RESIDOVIC, SERGI LÓPEZ.
GÉNERO: COMEDIA /
ESPAÑA / 2015 DURACIÓN: 100 MINUTOS.
Su último film, Amador
(2010), sobre un hombre discapacitado y la joven en apuros económicos que, en
ausencia de su familia, le cuida en verano, me dejó bastante frío. Pero una
nueva película de Fernando León de
Aranoa, un director que nos ha brindado joyas como Familia, Barrio
y Los
lunes al sol, siempre es un espectáculo cinematográfico a tener en
cuenta por el aficionado. Con un potente y atractivo reparto internacional y
teniendo en cuenta que el director madrileño se mueve muy bien por el terreno
de la comedia dramática, Un día perfecto ha resultado una
pequeña decepción, León de Aranoa nunca encuentra el tono y aunque el elenco
cumple profesionalmente, la película carece de emotividad y se ve con mucha
distancia a pesar del esfuerzo de todos sus responsables.
En una zona de
guerra de Bosnia, los cascos azules tratan de controlar la situación y varios
personajes viven sus propios conflictos; Sophie
(Mélanie Thierry) quiere ayudar a la gente, Mambrú (Benicio del Toro) quiere volver a casa, y Katya (Olga Kurylenko) quiso una vez a
Mambrú. Por su parte, Damir (Fedja
Stukan) quiere que la guerra termine, Nicola
(Eldar Residovic) quiere un balón de fútbol, y B (Tim Robbins) no sabe lo que quiere. Un grupo de cooperantes
trata de sacar un cadáver de un pozo de una zona de conflicto. Alguien lo ha
tirado dentro para corromper el agua y dejar sin abastecimiento a las
poblaciones cercanas. Pero la tarea más simple se convierte aquí en una misión
imposible, en la que el mayor enemigo es la irracionalidad. Los cooperantes
recorren el delirante paisaje bélico tratando de resolver la situación como
cobayas en un laberinto.
El tema esencial
de esta película es la guerra, sin embargo no hay disparos ni refriegas de
carácter bélico a pesar de que el espectador siente el pálpito del conflicto y,
sobre todo, sus consecuencias. Sin que
ninguna interpretación destaque sobre la otra, León de Aranoa nos presenta un
film intimista que desarrolla su acción en uno de esos países balcánicos donde
la guerra (que como tal suponemos acabó hace tiempo) dura una eternidad y la
paz empieza nunca. Las fuerzas pacificadoras de los cascos azules parece que
tienen el control, pero la amenaza está siempre presente y hasta las acciones
más cotidianas resultan difíciles de realizar. Aunque no guarda similitudes con
nada de lo que su director ha realizado hasta la fecha, en Un día perfecto están
algunas de las constantes y obsesiones temáticas que conforman el universo de
su autor: el factor humanista y las injusticias, el sufrimiento de las víctimas,
la solidaridad, la amistad y la virtud de la honradez, en este caso
representada por el colectivo de cooperantes en misión humanitaria y en lucha
por superar los obstáculos del sistema teniendo en cuenta las necesidades de
los más débiles. El problema es que la película sufre un grave desequilibrio,
inconsistencia, y una indefinición que actúa como rémora en situaciones que se
me antojan forzadas.
Lo que sí
demuestra el cineasta es una técnica depurada que no había exhibido en sus
anteriores películas, alejándose del estilo naturalista y semidocumental de sus
obras de carácter social, algo que podemos disfrutar en postales visualmente
bellísimas de los escenarios naturales, en planos muy medidos y profesionales. Durante
todo el metraje se suceden los chistes, los momentos cómicos y mucha road
movie, pilar de un argumento que se resume en un grupo de cooperantes
internacionales tratando de sacar un cadáver de un pozo, alrededor del cual se
pueden inventar las situaciones que se quiera pero que es lo que es. Las relaciones
interpersonales entre el grupo apenas están esbozadas y como ejemplo puede
servir esa inane historia de amor entre Mambrú y Katya, un personaje
irrelevante éste último, aunque no tanto como un Sergi López en fugaz aparición.
Aún así, Un día perfecto no es un film desdeñable gracias al trabajo de
intérpretes como Benicio del Toro y Tim Robbins, que aunque no nos brindan su
mejor trabajo, rebosan talento y carisma al servicio de una historia que sin
llegar a ser auténticamente inspiradora rezuma dignidad y buenas intenciones. Uno
de los elementos más disonantes es la desafortunada selección musical, fuera
del contexto de un relato que nos pasea por una tierra testigo de las mayores
crueldades y por donde corrieron ríos de sangre, de ahí que la metáfora de la
cuerda se imponga como una llamada de alerta a la bondad de los corazones.
El director canadiense DavidCronenberg
(Toronto, 1943) debutó en la realización de largos con Stereo (1968), y
hasta el momento más de una docena de obras reflejan las inquietudes de este
autor por el cine fantástico-científico. Títulos como Cromosoma 3
(1979), Scanner(1980), Videodrome (1982), Lamosca
(1986) o Inseparables (1988) son un claro exponente de las
preocupaciones y temas que centran su interés, aunque últimamente sus films se
acercan más a la tragedia distanciándose progresivamente del puro terror. eXistenZ
(1999) sigue la moda de películas que juegan con el intercambio de ideas y
sensaciones entre la realidad y la ficción. Creador, además, del concepto “la
nueva carne”, noción, estética y tendencia derivada de las palabras que James
Woods pronuncia en el inquietante final de Videodrome. Un culto que
practican desde H. R. Giger hasta Clive Barker, y habitado por extraños
parásitos, manipulaciones genéticas, enfermedades que transmutan en el cuerpo,
invasiones víricas y la presencia obsesiva, constante, de la carne rebelde en
continua mutación, como expresión de los terrores más cercanos y primitivos.
En Crash, Cronenberg adapta una
novela de culto del escritor británico James G. Ballard, que supuso un
escándalo en el Festival de Cannes y su estreno comercial provocó que algunas
personas abandonaran las salas, supongo que debido a esa hipócrita tendencia de
sentirse horrorizados cuando los desafíos artísticos o culturales rompen algún
esquema y van más allá de lo establecido. El argumento se desarrolla a partir
de que James Ballard (James Spader) sufre un accidente de coches en el que
muere el conductor del otro vehículo que viaja con su esposa (Holly Hunter). A
raíz del accidente ambos supervivientes descubren que les excita el dolor tanto
propio como ajeno, una sensación que experimentan al quedarse mirando
mutuamente. Los dos son ingresados en un
hospital en el que trabaja Vaughn (Elías Koteas) un científico que les irá
introduciendo en un extraño mundo de perversiones sexuales y fetichismo del
automóvil, en el que también se involucrará Catherine (Deborah Unger) esposa de
Ballard. El grupo asiste a reuniones en las que se hacen representaciones
reales de accidentes que costaron la vida a ilustres famosos como James Dean o
Jayne Mansfield, y en donde James Ballard conoce a Gabrielle (Rosanna Arquette)
que a causa de otro accidente tiene enorme cicatrices y se ve obligada a
utilizar espectaculares aparatos ortopédicos. Ballard, que después de estrellar
su coche ha entrado en una nueva y peligrosa fase de su dimensión sexual, se siente
atraído por ella, manteniendo de esa manera relaciones con tres mujeres a la
vez, también con Vaughn, el científico.
Crash es ante todo una película
valiente, que nos introduce sin ambigüedades en las vertientes más oscuras de
ciertas patologías sexuales: sadomasoquismo, fetichismo, necrofilia... Humano,
demasiado humano el impulso que nos obliga a buscar en los márgenes un escape
hacia nuevas emociones, una evasión que ahoga por momentos la plúmbea realidad,
la abúlica monotonía. El coche como metáfora sexual, instrumento simbólico de
poder, progreso y libertad, un móvil perfecto para desatar violencia en la
impunidad. Crash es también una película admonitoria, donde la ciudad es
una composición de trazos impersonales sin marea humana, una visión periférica
de autopistas y bifurcaciones donde el hombre no camina, viaja velozmente
acoplado a la máquina.
Sexo y tecnología sobre bocetos del escenario urbano,
choques de vehículos que provocan fracturas, lesiones, cicatrices -la muerte-
pero también el clímax, en unos personajes dibujados por Cronenberg con
precisión, logrando una obra de situaciones menos extremas y más cercanas -en
lo físico y en lo temporal- de lo que parece. A destacar la belleza lánguida de
la rubia Debora Kara Unger y los subjetivos planos de detalles corporales (el
del culo de ésta melancólica y curvilínea rubia es de una poesía visual tan
hiriente como placentera). La película se alzó con el Premio Especial del
Jurado en el Festival de Cannes.