EL MEJOR FILM DE TARANTINO
Quentin Tarantino, enfant terrible del cine
norteamericano, brillante guionista y magnífico realizador, saltó a la fama
cuando con veintiocho años rodó Reservoir Dogs (1992) su primera
película. Dos años más tarde conseguiría con Pulp Fiction la Palma de Oro en el Festival de Cannes y el
Oscar al Mejor Guión Original compartido con Roger Avary. Las películas de
Tarantino están elaboradas con una estructura muy parecida: punzantes,
arrolladores e imaginativos diálogos, gags humorísticos muy particulares y una
violencia convulsiva e histriónica. Todo ello fabricado con una mecánica en
clave de comedia negra tensa y enfatizada por momentos o situaciones especialmente
grotescas y angustiosas.
Rodada en formato panorámico, Pulp Fiction se sostiene sobre una complicada aunque sólida
arquitectura narrativa, su argumento nos narra las historias entrecruzadas de
varios delincuentes: unos intentan robar en un café (Tim Roth y Amanda
Plummer); otros (John Travolta y Samuel L. Jackson) trabajan para un mafioso
que les encarga recuperar un maletín, y al primero, que vigile también a su
esposa cocainómana (Uma Thurman); por último, la historia de un boxeador (Bruce
Willis) al que el mafioso ha pagado para que pierda el combate, aunque éste
tiene otros planes.
El guión es perfecto, los diálogos
apabullantes e ingeniosos y la música -que todo lo inunda- está espléndidamente
elegida, todo bien alineado con una violencia de diseño que proyecta en su
conjunto un auténtico fresco tarantiniano. Director cinéfilo y cinéfago,
Quentin llena por sí solo todo un grueso volumen de la historia del cine
actual. Se le acusa siempre de una falsa moral maniquea, de hacer películas
extremadamente violentas, pero el cineasta comprendió hace tiempo que a la
gente la guste el crimen porque tiene algo de puesta en escena, una especie de
artificio que atrae en su fórmula teatral. También el director tiene que hacer
frente a quienes continuamente le tachan, para desprestigiarle, de ser un
plagiador nato, culpándole de copiar escenas enteras de ésta o aquella
película. Pero él se defiende contestando: <<Yo suelo tomar detalles
prestados de toda clase de películas, de todas las películas que se han hecho,
si mis películas tienen algo conste que es porque he tomado detalles de aquí y
de allá y me limito a ensamblarlos. Si a la gente no le gusta esta manera de
trabajar, la solución es simple: que no vaya a ver mi cine>>.
Lejos de análisis simplistas, lo que
resulta evidente es que este director explosivo se convirtió -con una cortísima
filmografía- en todo un fenómeno social, una figura de culto por encima de
ídolos del rock y del deporte, y el último y más claro exponente del sueño americano
(antes de rodar Reservoir Dogs trabajaba en un vídeo-club, la mejor
escuela de cine, donde además en sus ratos libres escribía guiones) pues de la
noche a la mañana, con su primer film, se convirtió en un icono referencial
para millones de cinéfilos, siendo portada de revistas e invitado estrella en
todos los medios y galas. Es quizás, su transgresión moral lo que sus
detractores no pueden soportar, y es esa misma perspectiva la que le hace ganar
día a día más adeptos.
Pulp Fiction es su mejor film hasta la fecha y una
de las películas más importantes de la década de los noventa, un film
ambicioso, con estilo propio, el de su creador, que ha creado escuela y
generado una corriente (tarantinismo) de manifiesta influencia en el thriller
contemporáneo, hasta el punto de llegar a preguntarnos si después de Tarantino
hay algo más. La gran revelación del film fue el regreso de John Travolta dando
vida al asesino a sueldo Vincent Vega, recreación para la que fue rescatado del
olvido, ocupando un lugar estelar entre los actores más taquilleros del actual
panorama cinematográfico.






















































