Como datos biográficos sólo conocemos que Evita
Lima aka Evelina nació en algún
lugar de Ucrania en 1995 y se dedica a posar como modelo de glamour desde 2013,
justo cuando cumplió 18 años. También conocemos su altura que es de 1´70 cm, su
peso, 59 kg, y sus medidas, 91-66-94. Sabemos que todo lo que ella luce es
natural, incluidos, claro está, sus pechos, que tiene los ojos de color
caramelo y el pelo castaño. Evita es una bella modelo fotográfica que cuenta
como mayor atractivo su aspecto de “Lolita”, un rostro aniñado que desarma con
su perfecto busto y sus rosados pezones.
Evita se
presenta, aunque en cuestiones personales es muy reservada: Soy estudiante,
quiero ser psicóloga porque me gusta ayudar a la gente con sus problemas, lo
que tendría que ser un deber. Me encanta pasear por la playa al atardecer,
montar a caballo y bailar, asisto a clases de baile desde que tenía 6 años. Tengo
la ilusión desde la infancia de poder abrir un refugio para animales
abandonados. Disfruto con la fotografía, posando delante de la cámara y en los
escenarios. He modelado para las páginas RylskyArt (Artisan Nude Photography),
Showy Beauty y Met Art.
La verdad, uno
trata de encontrar algún defecto en Evita y no lo encuentra. Su simpatía, su candidez
y su chispeante personalidad a la hora de posar, su efervescente sonrisa, su
hermoso rostro y su increíble cuerpo… ¿Quién dice que las chicas del Este son
frías? No, desde luego, las que yo he conocido. Por supuesto, ninguna como
Evita, que es todo candor y que despierta una empatía automática. A sus 20
tiernos años, ella está llena de buenas intenciones y de proyectos, de momento
ha estado muy liada con los exámenes, pero para cualquier comentario tiene
abierto su blog en RylskyArt. Le deseamos lo mejor.
INTÉRPRETES: ALICE
ENGLERT, IAIN DE CAESTECKER, ALLEN LEECH.
GÉNERO: TERROR / REINO
UNIDO / 2013 DURACIÓN: 85 MINUTOS.
Ópera prima del
director británico Jeremy Lovering,
que hasta ahora se había dedicado al campo del documental y a dirigir algunas
series, como el primer capítulo de Sherlock, y que se impone como una
gratísima sorpresa a pesar de estar rodada con un presupuesto de guerrilla. In
Fear nos presenta a una joven pareja, Tom y Lucy (Iain De Caestecker
y Alice Englert) que se conocen desde hace sólo dos semanas. Tom decide invitar
a Lucy a pasar un sugerente fin de semana asistiendo a un concierto, aunque
antes ha reservado una habitación en un hotel para pasar una noche romántica. Estamos
en Irlanda, y el problema surge cuando en el trayecto en coche hasta el hotel,
se pierden por un laberinto de carreteras secundarias, caminos embarrados y
paisajes boscosos, que les lleva a dar vueltas como si estuvieran metidos en un
maldito bucle. Claro que todo esto no ocurre por casualidad y con el sólo
cobijo de su coche, se darán cuenta, tarde, claro está, de que alguien con
aviesas intenciones ha planificado todo aquello y pronto sentirán su aliento en
el cuello.
Queda demostrado,
una vez más, que para realizar una magnífica película lo único que se necesita
es talento… y poco más. Lovering lo tiene a raudales pues capaz de
hacer que del espectador se apodere la tensión y el miedo creando únicamente la
atmósfera adecuada para ello, sin efectos estruendosos de sonido ni trucos
digitales, sin la presencia de un villano o un mal definido y con la plena
seguridad de que el peculiar, claustrofóbico y sombrío paisaje se convierte en
un personajes más, esencial para la trampa perfecta… Pero ¿una trampa preparada
por quién? Eso es algo que descubriremos en el segundo tramo de su ajustadísimo
metraje, algo menos interesante. Debo insistir
en que lo más atractivo, o debería decir eminente, de In Fear es la habilidad que demuestra el director para que a medida
que avanza la acción poner en modo pánico a los protagonistas y
consiguientemente a los espectadores con elementos surgidos más de un estado de
autosugestión direccionado, eso sí, por el clima y las inquietantes señales del
entorno, que por la visibilidad de una representación real o una amenaza
cierta.
Pero sospechamos
que existe. Y pronto lo veremos fugazmente a través de la mirada desconcertada
de Lucy (espléndida Alice Englert) como una figura siniestra y el rostro oculto
tras una especie de máscara blanca. El miedo parece tener ya un asidero real… o
no. Lo comprobaremos cuando el parapeto del automóvil con escaso combustible se
muestre insuficiente ante el acecho implacable
de un ser extraño, tal vez un psicópata con ganas de divertirse con un
juego macabro en el que la pareja de tortolitos se adivina como las víctimas
perfectas. Con una sinuosa y fantasmal fotografía a cargo de David Katznelson,
capaz de hacer tangible la alarmante amenaza y la inseguridad del aislamiento
de la campiña británica, utilizando filtros de manera sutil para aumentar la
sensación de suspense, a la que contribuye de manera sustancial la banda sonora
creada por Daniel Pemberton y Roly Porter, que pone énfasis a los momentos más
espeluznantes de la bucólica pesadilla.
In Fear, con el concurso de sólo tres personajes, es una película atrevida y en cierto modo original, alejada de la “tabla de carnicero” del abrupto slasher y desarrollando magistralmente los códigos y lugares comunes del género road movie para inflamar la imaginación del espectador creando un perfecto crescendo de la tensión cuando los personajes son llevados al límite. Aunque el final se nos antoja seco y algo atropellado, no resta ningún mérito a la excitante experiencia vivida, una trama dividida en dos partes: una primera que impone hábilmente los recursos y claves del terror psicológico (el laberinto infernal, el juego del gato y el ratón), jugando con los detalles y matices de forma medida y soberbia; y una segunda parte tal vez no a la altura de la anterior en donde el miedo a lo desconocido, a lo ignoto de la oscuridad, da paso a la manifestación plena, real del enigma… Y como los fantasmas y monstruos no existen nada más que en el efervescente universo de la fantasía y la imaginación, nada más perturbador que la crueldad como hobby.
He visto pocas
películas más malas que incluyan un desfile tan exuberante de chicas buenorras.
Muck
(Mugre) es un zarrapastroso film escrito y dirigido por Steve Wolsh que nos presenta a un grupo de amigos que en mitad de
la noche están atrapados en un antiguo cementerio y son atacados por miembros
de una salvaje tribu de albinos que se mueven por un cercano pantano. Esos
seres extraños violan y matan a las mujeres con hachas, horcas y cualquier tipo
de herramienta rudimentaria, y los amigos, tras sufrir un sangriento ataque en
el pantano y encontrar refugio en una casa aparentemente deshabitada, estarán
obligados a pelear, morir o intentar regresar por donde vinieron.
La acción
transcurre durante la noche de San Patricio (aunque nos quedamos sin saber si
esto tiene alguna relación con la trama) y comienza con los chicos caminando
hacia una casa tras sufrir tras sufrir un ataque del que ha salido gravemente
herido uno de ellos. Tras los créditos
iniciales, que nos muestran a una chica caminando sin rumbo sucia y medio
desnuda a la que habían dado por muerta, todo se convierte en un desatino: no
sabemos a quién sirven y de dónde provienen los extraños seres; la acción, tan
horriblemente rodada que parece una broma, está fragmentada en una especie de
coitus interruptus inconexo en el que se intercalan escenas del presente y del
pasado inmediato, y los villanos se revelan tan torpes y patosos que uno de los
personajes acaba con todos ellos con una simple pala.
Un despropósito, una película mugrosa en la que el novel y voluntarioso director se muestra incapaz de ensamblar con rigor las piezas de un pobre argumento con una historia latente detrás que nos hemos perdido, a pesar de que luego nos la intenta contar con desastrosos resultados. El reparto es absolutamente mediocre, tan malos que parecen aficionados de un grupo de teatro de algún instituto, pero eso sí, cuenta con una decena de chicas monísimas en tanga, topless, cambiándose de ropa interior y tocándose. De entre ellas sobresale la tetona y potente Stephanie Danielson y la hermosa modelo erótica Jaclyn Swedberg (ver post en este mismo blog) y que son lo único salvable, junto al tema musical inicial a cargo de Ghost Bike, de este ladrillo, los dos únicos, frívolos y hedonistas pretextos que se me han ocurrido para realizar esta reseña. Al final, el héroe es un primo de uno de los miembros del grupo, que se encontraba lejos del lugar donde acontece la orgía de sangre y que acude en auxilio de su primo y que se acerca hasta allí acompañado por dos pibones para demostrar su valor y su pericia en el arte de la lucha. Durante todo el metraje, uno espera que del pantano surja alguna bestia lovecraftiana al estilo de Dagón, la secta del mar, pero sólo aparece otro albino forzudo que le dura al primo de zumosol un asalto y medio. Tal vez, el mayor bodrio del género en lo que va de año.