Un seguidor brasileño de mi blog me envía unas fotos de Thays Leao, una modelo brasileña nacida
en Porto Alegre, la ciudad más importante del estado de Río Grande, el 8 de
diciembre de 1984. Como información me sirve que estudió en los Estados Unidos
una licenciatura de Secretaría Trilingüe, que su color de pelo es negro y sus
ojos verdes, sus medidas son 97-64-102. Su piel no se ve menospreciada con
ningún tatuaje aunque luce un piercing en el ombligo.
No hay mucho
más, sólo que ahora trabaja de promotora de patrocinadora de modelos y
promotora de eventos, que es una apasionada del deporte rey y que fue elegida
Musa Colorada, que vete a saber tú qué es eso… Ah, sí, le pregunto mi a migo y
me dice que es la musa representante del equipo de fútbol de Porto Alegre. Ella
se mantiene en forma haciendo pesas tres veces a la semana, también practica
pilates y yoga. Sigue a rajatabla las instrucciones de su nutricionista y de
vez en cuando se somete a algún tratamiento de belleza.
En fin, sus
pechos no me resultan muy naturales, pero eso no le resta un ápice de esplendor
a su hermosura ¿o sí? No lo sé, ponerse tetas está ya tan extendido que algunas
de las chicas que conozco me advierten ya de antemano que lo suyo es todo
original. Thays se define como guerrera, leal y orgullosa, y además del fútbol,
confiesa que le apasiona el automovilismo, ha trabajado de modelo publicitario
y le encanta el marketing. No necesitamos saber nada más. Para los hombres que
amamos la belleza y la simpatía, Thays es un incomparable monumento al encanto
de la naturaleza femenina.
INTÉRPRETES: JANE ADAMS, LARA FLYNN BOYLE, DYLAN BAKER, PHILIP
SEYMOUR HOFFMAN, CYNTHIA STEVENSON, BEN GAZZARA.
ToddSolondz nació en Newark
(New Jersey) cursa estudios en la escuela de cine de Nueva York, donde realiza
varios cortometrajes, uno de ellos, Schatt last shot (1985) le lanza a
firmar directamente un contrato para escribir tres películas para la Fox. En
1989 rueda su primer largometraje, Fear anxiety and depression, que
resulta un gran fracaso. Decepcionado abandona el cine y se gana la vida
impartiendo clases de inglés para inmigrantes rusos. Pero un día, a través de
una amistad, consigue el dinero suficiente para realizar una película de bajo
presupuesto y toma la decisión de desempolvar el guión de Bienvenidos a la
casa de lasmuñecas (1995) un libreto escrito varios años atrás y
que siempre le había gustado. La película gana el Premio del Jurado en el
Festival de Cine Independiente de Sundance, obtiene una buena acogida crítica y
le da el espaldarazo definitivo.
La sinopsis de una película como ésta
resulta siempre complicada de explicar a todos aquellos que de la misma deseen
obtener una referencia que les pueda servir. De todos modos diré que el film de
Solondz está configurado alrededor de la vida de tres hermanas: Joy (Jane
Adams) la menor de ellas, es sensible, soñadora e intenta tener éxito en el
mundo de la canción folk, algo para lo que no está precisamente dotada; Trish
(Cynthia Stevenson), feliz ama de casa con una vida “estable” y orgullosa de su
matrimonio con Bill (Dylan Baker); Helen (Lara Flynn Boyle) una escritora de
éxito, inteligente y sumamente atractiva.
Pero Solondz no frena, porque alrededor de
la vida de las tres hermanas existe un sinfín de relaciones cruzadas y
personajes que entran y salen continuamente en pantalla, todos ellos con un
claro desajuste moral y unos evidentes trastornos emocionales y sexuales.
Psicopatías perfectamente camufladas con disfraces cotidianos: Bill, el
psiquiatra, modelo de padre y marido, es en verdad un salido pederasta incapaz
de controlarse, hasta el punto de narcotizar a un niño con la “sana” intención
de follárselo. Helen, la egocéntrica, tiene a un individuo como vecino que su
mejor pasatiempo es realizar llamadas pornográficas que le sirven de estímulo
mientras se masturba. A su vez, los dos tienen una vecina que asesinó al
portero por quien fue violada. Joy, la solitaria, quien tras un desengaño
amoroso inicia una relación con un inmigrante ruso que maltrata a su mujer. El
eslogan de la película reza: “Encontrar la felicidad puede ser una trágica
comedia”. Brutal diría yo, y si me apuran, realmente sangrante, porque la
felicidad no existe. Todd Solondz traza su devastador discurso con un tono
hilarante, ácido y pesimista, lo hace desde una visión periférica que desnuda,
a la vez que contamina el tejido social sobre el que se edifica el cínico status
quo americano. Preocupado por la marginación -como diera muestras en su
anterior película- y por la pérdida progresiva de las relaciones sinceras, el
autor tiene el valor de recrearse en el dolor y la humillación en materias tan
lacerantes como son la pedofilia, la violencia doméstica y los desengaños
amorosos. Humillar al perdedor, adorar al triunfador, no son reacciones tan
raras, por el contrario, demasiado corrientes, y que están ancestralmente
insertadas en las culturas y tradiciones universales, pero es en Estados Unidos
donde su reflejo es más fiel y feroz, donde se hace más patente esa cruda
dicotomía.
Cruel radiografía de sentimientos apagados, Happiness es un
film donde la risa es un mecanismo instintivo ante el asco, en el que quedan
dibujadas escenas magistrales tan desoladoras como la del psiquiatra que compra
una revista infantil para masturbarse frenéticamente poco después mirando las
fotos en el coche; o tan amargas como la de los compañeros de trabajo
preguntándose mutuamente cómo era ese compañero de trabajo -el cual ha estado
sentado cerca de ellos todos los días- recientemente fallecido. Para terminar,
una mínima muestra de la punzante línea de diálogos de la película que se
produce entre Helen y Joy estando toda la familia reunida:
- No nos estamos riendo de ti, Joy, nos
estamos riendo contigo.
- pero si yo no me estoy riendo.
Grandiosa película de reacciones
dolorosamente encontradas, engendrada por una mente tan enferma como la mía. La
película obtuvo el Premio de la Crítica en Cannes’98, y el de Mejor Película en
el Festival de Toronto.
Tomorrowland fue
una de las últimas áreas (también conocidas por Tierras) construidas por Disney
Imagineering de las cinco que tenía el parque temático de Disneyland en su
inauguración en 1955. Su temática es la tecnología y el mundo futuro. Así, los
viajes espaciales, los progresos en el ámbito científico y tecnológico son los
elementos básicos de atracciones como la montaña rusa Space Mountain, cuyo
recorrido está ambientado en un viaje espacial. Con un presupuesto de 190
millones de dólares, la productora Disney confía en Brad Bird (El Gigante de Hierro, Los
Increíbles, Ratatouille, Misión Imposible: Protocolo Fantasma)
para situarse detrás de las cámaras de un proyecto cuyo guión está firmado por
Damon Lindelof, Jeff Jensen y el propio director y cuyo equipo de rodaje se
trasladó a Valencia para rodar algunas escenas en la Ciudad de las Ciencias.
Tomorroland: El Mundo del
Mañana gira en torno a Frank
(Thomas Robinson de niño y George Clooney de adulto) un tipo desencantado que
de niño fue un soñador, uno de esos niños prodigio con un cerebro privilegiado
para la ciencia. Tras asistir con uno de sus inventos a la Feria Mundial de
1964, Frank viaja a un lugar que parece el mejor del universo y está convencido
de que el mundo será mejor gracias a ese descubrimiento. Pronto se dará cuenta
de lo equivocado que estaba y se convierte en un ser cínico, por lo que se
aísla en una granja de su familia para pasar allí el resto de su vida. Se tendrá
que enfrentar a su pasado cuando conoce a la joven Casey (Britt Robertson) que dará con la localización de Tomorroland,
una sociedad paralela que se ha ido desarrollando de manera distinta al resto
del mundo y donde los inventos y los progresos científicos y tecnológicos
parecen haber sido creados por los mayores genios de la humanidad. Pero Tomorrowland
es ahora un mundo decadente debido a tipos como David Nix (Hugh Laurie) con un sentido errático de la investigación
que lleva camino de destruir a la Humanidad.
El proyecto
largamente acariciado por Pixar y publicitado como la primera película no animada
del estudio se evaporó hace mucho tiempo como las señales de humo de alguna
reserva india, siendo ahora presentado por Disney como una producción de coste
elevado e irregulares resultados. Un primer tramo que promete, en donde la
aventura infantil nos retrotrae a la magia del cine ochentero y donde son
visibles los universos con sello spilbergianos, una atmósfera fascinante que
impregna el relato con el esplendor y la fantasía de películas míticas como Exploradores,
Los
Goonies e incluso Regreso al futuro. Un toque
nostálgico y naif para un film de ritmo acelerado que aunque transita senderos
ya trillados está rodada con gusto y sentido del espectáculo, y que si no es
una obra mayor es debido a lo innecesario de su extenso metraje, un guión
enredado, el plano perfil de algunos personajes y unas subtramas que se me
antojan excesivas. Un impecable diseño
de producción y unos resultones efectos especiales no son suficientes para
lograr el estatus de excelencia para un film cuya amalgama de referencias y
citas (entre la autopía y la distopía) acaban creando un magma confuso que Bird
quiere remediar con una cansina verborrea explicativa.
La búsqueda de un mundo mejor, más habitable y luminoso, el
optimismo ancestral de la era espacial, es un anhelo inherente a la ciencia
ficción y que en demasiadas ocasiones nos ha deparado la sombría visión del
desencanto, de un futuro apocalíptico. La mayor parte del film no sucede en la
Tierra del futuro sino aquí y ahora, un presente asaltado por androides de
aspecto muy humano y aviesas intenciones, pero Tomorrowland: El Mundo del Mañana
nos presenta una alternativa distinta al oscuro y amargo concepto del
apocalipsis, desarrollando un juego de ingenios entre el niño prodigio de
aquellos años sesenta caído en desgracia cuando es adulto (George Clooney con
el piloto automático) y una adolescente que le iguala en talento y que de forma
providencial activará la chispa de la aventura al toparse con un viejo pin
conmemorativo. Insisto, el ritmo de la
función resulta trepidante y el gran problema de Bird es el no haber sabido
cohesionar todas las piezas de un libreto desmadejado que contiene aciertos
considerables (toda la secuencia de la torre Eiffel utilizada de lanzadera),
abocando al espectador, esta vez sí, a un final esperanzador en el que el esfuerzo,
el trabajo y la fe serán recompensados con una armonía vital muy cercana a la
felicidad.