La bella modelo
brasileña Juliana Araujo (Porto
Alegre, 15 de septiembre de 1984) fue la vencedora, de entre 35 participantes,
del concurso “Gatas e Coelhinhas” de la revista Playboy, y como podemos
observar en las fotos que ilustran esta sección, atributos no le faltan. Ha
trabajado como asistente de un programa de variedades de TV Pampa, aunque ha
completado sus estudios de veterinaria, trabajando en la inspección de
alimentos y la agroindustria. Soy de la opinión de que las mujeres brasileñas
tienen algo que las hace irresistibles y sumamente explosivas. Sin desmerecer a
nadie, ellas se muestran chispeantes y divertidas en un mundo cada vez más gris
y aburrido.
Juliana, además
de poseer una notable fotogenia y telegenia, tiene mucho ganado con su bonito
rostro y una gracia divina posando en topless, por su carne babearía hasta el
más recalcitrante vegetariano y su figura puede competir con cualquier modelo
famosa a pesar de su 1´63 de estatura. Nacida en Porto Alegre, se impone como
una de las conejitas más atractivas que han descubierto los ojeadores de
Playboy brasileños, que enseguida vieron que sus equilibradas medidas 90-62-95
podían dar mucho juego.
El refrán
favorito de Juliana es “A quien madruga Dios le ayuda”. Lo que más le gusta de
un hombre es que sea respetuoso con las mujeres, una premisa esencial para una
buena relación. Por el contrario, lo que no le gusta de los hombres es que
intenten tener sexo con una mujer sin siquiera molestarse en seducirla, algo
que indica un instinto animal alejado del juego del amor. Juliana es fuego,
pasión, música y uno de los más estimulantes ejemplos de que Brasil es un
auténtico vivero de mujeres hermosas mimadas por el clima y la voluntad de los
dioses.
Lucky McKee, el firmante de aquel
recordado film a modo de fábula perversa titulado May, ¿quieres ser mi amigo?
(2002) que narra la historia de una chica que al sentirse rechazada hace uso de
una violencia visceral, presentó en 2011 una cinta de terror que pasado el
tiempo se ha convertido en una película de culto defendida con uñas y dientes por
millones de aficionados al género. The Woman, que tuvo un recorrido
exitoso por distintos festivales, fue premiada con el Mejor Guión en el
Festival de Sitges de aquel año y nos cuenta la historia de The Woman (Pollyanna McIntosh) la
última superviviente de un feroz clan de caníbales instalados en la costa
noreste durante décadas. Sola, herida y vulnerable, se verá atrapada por un
cazador local, el abogado y hombre totalmente perturbado Christopher Cleek (Sean Bridgers) que sólo tiene en mente una idea:
raptarla y hacerla pedazos, una decisión que amenazará su vida y la de su familia.
Potente secuela
de Offspring
(Andrew van den Houten, 2009) la cual nos presentaba a un grupo de caníbales
que atacaba sin piedad a los habitantes de un pueblo en busca de comida. The Woman es bastante superior al film
original en cuanto a su demoledor mensaje sobre el carácter depredador innato a
la naturaleza humana. Un film de una crueldad autoconsciente, un duro tratado
sobre la esclavitud doméstica y el hogar como escuela de abducción psicológica
en donde un padre tarado puede abocar a un abismo de locura a su atemorizada
y subyugada familia. Estamos ante un escupitajo certero en el rostro del
establishment y esa clase acomodada bajo cuya coraza fermentan las mayores
atrocidades con tal de imponer su dominio y que demostrará ser más incivilizadas que esa agreste y bella mujer (magnífica Polyanna
McIntosh) a la que quieren domesticar aunque todos sabemos el fatal destino que le espera.
Absténganse de
ver esta película todas aquellas personas que sean débiles de estómago aunque
resulta un caramelo para los amantes del cine gore y la casquería, que nunca
puede ser la única motivación para deleitarse con esta sorprendente función. The Woman
está rodada con garra y pulsión tanto en la radiografía de esa familia
disfuncional como en el abanico de emociones que despierta en el espectador la
hermosa salvaje durante el ritual de humillación y torturas al que se ve arrastrada, y que espera de ella una venganza extrema que la encumbrará como heroína
feminista en una lucha constante para exterminar el dominio patriarcal, al que sólo
le interesa la sumisión y que se verá superado por un nuevo orden en un final
poético y esperanzador. Película muy recomendable.
INTÉRPRETES: SAM ROCKWELL, ROSEMARIE DEWITT, KENNEDI
CLEMENTS, KYLE CATLETT, JARED HARRIS, NICHOLAS BRAUN, SAXON SHARBINO.
GÉNERO: TERROR / EE.
UU. / 2015 DURACIÓN: 93 MINUTOS.
Poltergeist
(Tobe Hopper, 1982) no fue una gran película, el hecho de con el tiempo sea
reivindicada como un clásico o un film de culto se debe más a su condición de “película
maldita” (debido al asesinato de Dominique Dunne, la temprana muerte de la
pequeña Heather O´Rourke y a que la actriz Jobeth Williams señalara que los
esqueletos utilizados en la escena de la piscina eran reales), a la década en
que fue rodada (los efervescentes años 80) y a la duda de si la película fue rodada
por Hopper o fue Steven Spielberg quien realmente se situó detrás de las
cámaras a pesar de que quien consta acreditado es el director de La
matanza de Texas. La función contaba con un trabajo interpretativo
consistente a pesar de que la historia podía haber dado más de sí, con una
primera parte de metraje realmente conseguida y un clímax final de locura.
Insisto, nunca he considerado que Poltergeist sea un film de gran
calidad, y su remake tiene más que ver con la taquilla que con la innecesaria puesta
al día de una cinta que tuvo infinitas y zarrapastrosas secuelas.
El director
londinense Gil Kenan (Monster
House, City of Ember: En busca de la luz) fue el elegido para dar forma
a este proyecto de revisión nostálgica: La familia Bowen, encabezada por el
patriarca Eric (Sam Rockwell) y su
esposa, Amy (Rosemary DeWitt) se
mudan a una casa nueva alejada de la ciudad debido a su precaria situación
económica porque Eric se ha quedado sin trabajo. No pasará mucho tiempo para
que comprueben que su nueva vivienda está muy lejos de representar la casa de
sus sueños; presencias del más allá comienzan a acechar a la familia,
especialmente a la hija más pequeña del matrimonio, Madison (Kennedi Clements). Es entonces cuando la familia decide pedir
ayuda a Carrigan Burke (Jarred
Harris) un experto en el más allá que se dedica a limpiar las casas de
fantasmas y poltergeist.
El hecho de que,
como comentaba anteriormente, este reebot resulte innecesario no significa que
el artefacto firmado por Kenan bajo el patrocinio de Sam Raimi sea desdeñable. Poltergeist
tiene la armadura de un film de terror clásico y está rodada con habilidad,
profesionalidad y un esforzado empeño por extraer todo el jugo a una película
sólo recomendada para mayores de 13 años. La historia original de Spielberg se
ve ahora aliñada por los avances tecnológicos que, sin embargo, están muy
controlados, con la certera seguridad de que el foco hay que ponerlo en el
desarrollo narrativo sin abusar de los efectos visuales. La trama sigue casi
fielmente al original en cuanto a su premisa inicial (el tradicional tema de la
familia que se muda instalándose en una casa encantada) y en sus trucos y efectos
(la televisión como pantalla de espectros, un armario que esconde un payaso de
risa siniestra, objetos que se desplazan, luces inestables, tormentas
repentinas…), todo en un entorno de armonía y aparente luminosidad.Poltergeist
es una película que respeta el género sin intentar descubrir la pólvora, resuelve
las acciones de manera digna, concisa y nunca atropellada, evitando la
confusión y dotando de clarividencia a una de las temáticas del terror más
extendidas.
Poltergeist logra elevarse por encima de la media de un género
rebosante de inventos ridículos, debido en parte a su impecable factura y el
esfuerzo de todo el equipo, que se toma en serio la función a sabiendas de lo
que representa el film seminal para varias generaciones de aficionados. Como
suele ser habitual, en el primer tramo nos encontramos con la presentación de
los personajes y el desarrollo de unos episodios paranormales que deparan la
desaparición de la pequeña Madison, un acontecimiento que dinamita la armonía
familiar y que les hace olvidar los problemas económicos derivados de la
situación de parado del padre. En el segundo tramo, mucho más interesante con
la aparición del equipo de expertos en fenómenos paranormales, el film toma
impulso tomando como guía las situaciones creadas en el film de Hopper con el
añadido de la ultimísima tecnología y una notable edición de sonido para crear
una atmósfera angustiosa en donde sobresale la escena del armario y el taladro.
Mi actitud siempre es reticente ante el
estreno de tantos remakes que parecen indicar un estancamiento de la creatividad
hollywoodiense, pero al menos debemos agradecer que cineastas como Gil Kenan se
tomen el asunto con profesionalidad y el suficiente ingenio como para convertir
al pequeño de la casa en el héroe de la función, demostrando gran pericia en el
uso del scope para crear un logrado crescendo de la amenaza y la ansiedad. Con
una magnífica fotografía de nuestro Javier Aguirresarobe, el clímax final que
da comienzo en el monovolumen queda muy alejado del virtuosismo e imaginación
de aquel reseñado de la piscina y los esqueletos, aun así no desmerece dentro un
film digno que no pasará a la historia.