domingo, 10 de mayo de 2015

PAULA CASTILLO, CAPAZ DE HACERTE PERDER LA RAZÓN

      
         
      Siendo sincero, siempre he dado por bueno el aserto de que hay mujeres que le vuelven a uno loco. Sería el caso de la potentísima modelo argentina Paula Castillo, nacida hace 21 años en Ciudad de la Plata. Mujer decidida, cuando cumplió los 21 años (mayoría de edad por aquellos queridos lares) firmó con Playboy TV para hacer todo aquello que le pidiesen en un programa hot en donde la podemos ver mostrando sus atributos cocinando, en la ducha y regalando a la audiencia algún guiño lésbico a pesar de que ella se declara abiertamente heterosexual.
     

         Paula es una declarada entusiasta de las fantasías eróticas pues la rutina en la cama le aburre y siempre acaba dominando ella, que asegura le gusta el sexo duro. Aficionada al fútbol y fan irreductible de Estudiantes de la Plata, se define como “botinera del alma”, y según se comenta en los mentideros del famoseo mantuvo una relación con un futbolista. La morocha reconoce que le han ofrecido de todo a cambio de sexo (autos, viajes y hasta un apartamento), algo que a nadie puede extrañar, pero ella no se deja engatusar por esas golosinas porque tiene un buen sueldo y facilidad para ganarse bien la vida.


        A nuestra bella y morbosa modelo no le molesta los comentarios que lee sobre ella porque es consciente cuando posa que puede llegar a suscitar las pasiones más bajas del género masculino. Sin embargo, ella siente atracción por los hombres tímidos que se cortan ante ella y se dejan dominar. Tiene tablas, y no es la primera vez realiza vídeos hot, ya que siempre se grababa practicando sexo con su ex. Como escribió Sabina: “Hay mujeres que tocan y curan, que besan y matan / Hay mujeres que ni cuando mienten dicen la verdad / Hay mujeres que exploran secretas estancias del alma / Hay mujeres que empiezan la guerra firmando la paz”. Y sí, hay mujeres capaces de hacerme perder la razón. Paula es una de ellas.

 


jueves, 7 de mayo de 2015

CRÍTICA: "IT FOLLOWS"

Una obra maestra deslumbrante
IT FOLLOWS êêêêê
DIRECTOR: DAVID ROBERT MITCHELL.
INTÉRPRETES: MAIKA MONROE, JAKE WEARY, DANIEL ZOVATTO, KEIR GILCHRIST, OLIVIA LUCCARDI, LILI SEPE.
GÉNERO: TERROR / EE.UU. / 2015  DURACIÓN: 100 MINUTOS.   
    
     
      Siempre he pensado que cualquier director de cine lo que anhela es poder realizar una película con la que ser recordado así pasen los siglos. No es una misión nada fácil, son miles los filmmakers –como diría el bueno de Juan Antonio Bardem- cuyas carreras se han perdido en la noche de los tiempos sin dejar la mínima huella en la memoria cinéfila colectiva. Por el contrario, existe un exclusivo grupo de directores cuya filmografía se limita a un solo film que con el paso del tiempo se ha convertido, por una u otra razón, en una película de culto; el caso de Leonard Kastle y Los Asesinos de la Luna de Miel (1969), o en una obra maestra redonda, total y absoluta que debe ser preservada del deterioro por los institutos de cinematografía estatales; el caso de La noche del cazador (Charles Laughton, 1955). Con 41 años, el director estadounidense David Robert Mitchell acaba de lograr con su segunda película, It Follows, una de esas raras joyas que marcan la trayectoria de un cineasta y que perdurará para ser estudiada por las generaciones futuras, que deberían del mismo modo analizar el atolondramiento de un tiempo en donde el nivel cultural deja mucho que desear.
     

      Será normal que el estreno de It Follows pase desapercibido en un país como el nuestro que sólo hace saltar la taquilla con tonterías como 8 apellidos vascos, 50 sombras de Grey o la saga Crepúsculo, una cuestión que al cinéfilo militante no puede sorprender porque es plenamente consciente del grado intelectual del horizonte en que se mueve. Con un robusto y perfectamente estructurado libreto a cargo del mismo director, el film nos presenta a Jay (Maika Monroe) una estudiante de 18 años en su primer año de universidad que ha quedado con su novio, Hugh (Jake Weary) para ir al cine. En la sala, una perturbadora figura inquieta a Hugh, que le pide a Jay abandonar la proyección, aunque ella no ha visto nada. Al día siguiente, la pareja vuelve a quedar y practican sexo en la parte trasera del coche, este hecho aparentemente inocente lleva a  que la situación se torne extraña y Hugh narcotiza a su novia. Al despertar, Jay amanece maniatada a una silla en una localidad abandonada. Hugh le explica que lo que hizo la noche anterior fue para ahuyentar unos espíritus que le acosan. A partir de entonces, Jay será la que sufra las consecuencias de ese acoso y Hugh le cuenta que la acaba de pasar “una maldición” que la acompañará hasta que consiga pasársela a otro desafortunado.
       
      
        El Festival de Sitges, que siempre fue mi favorito y es sentimentalmente al que más cariño tengo, cada año me decepciona más y no precisamente por su selección de películas; ni siquiera tuvo en cuenta en el pasado certamen la mejor película a concurso y premió a la muy inferior Orígenes (Mike Cahill, 2014), un film que no será recordado por nadie. Sinceramente, mi admirado Ángel Sala tiene todos los años un problema grande con los jurados invitados. It Follows, inteligente, elegante, desprejuiciado y chispeante homenaje a las películas de terror de los 70 y 80 en la que resulta fácil encontrar los ecos referenciales (visuales, estéticos, narrativos, escénicos, musicales) de los maestros John Carpenter (Haloween) y Wes Craven (Pesadilla en Elm Street). Una bellísima ambientación que en puridad recrea las típicas zonas residenciales estadounidenses, envueltas en una armonía desasosegante -que los maestros recrearon de manera pulcra en las películas citadas- y que Robert Michell adorna con muebles, vestuarios, televisiones, coches y todo tipo de objetos anacrónicos, así como la ausencia absoluta de teléfonos móviles, un estilo minimalista de encuadres preciosistas, precisos movimientos de cámara y la utilización de espacios abiertos con una magnética profundidad de campo que genera desazón con la aparición de los fantasmas, símbolo de contención y clasicismo que devuelven al espectador, en un fastuoso ejercicio de regresión, a aquellos años en los que el género de terror no necesitaba coartadas experimentales ni excusas peregrinas para generar tensión con elementos abstractos, poco tangibles o sobrenaturales (La Niebla), o marcadamente viscerales (Halloween). Mitchell logra una obra hipnótica, deslumbrante y angustiosa, de una solidez narrativa eminente y una belleza estética paradigmática, a la que pone énfasis la poderosa banda sonora a cargo de de Disasterpeace.  


      En la línea revisionista y de tributo al cine ochentero de The Guest, el reciente y magnífico film de Adam Wingard, It Follows se eleva como el más excelente ejemplo de esta corriente reivindicativa, de un cine añorado por millones de cinéfilos y que ha influido en tantos cineastas. Es de justicia señalar a Maika Monroe, que ya tuvo un papel protagónico en el citado film de Wingard, como una de las actrices más mimadas por la cámara gracias a su naturalidad, espontánea gestualidad, sugerente fotogenia y un amplio abanico de registros que nos hace atisbar en ella una futura estrella. Sobre ella cae casi todo el peso de una función a la que sería fácil calificar de thriller trufado de slasher explotation, en esa tradición en la que las víctimas se ven envueltas en el sexo prematuro y que aquí sirve de vehículo para propagar una especie de infección diabólica que no deja de acosar a la víctima hasta que es transferida. Una premisa que si no resulta muy original (el recuerdo de The Hidden, 1987, flota en el ambiente) logra fusionar de forma sublime el aspecto visual y narrativo sin necesidad de aferrarse a los característicos interrogantes sobre el origen de la pesadilla.

      
     Con un prólogo tan espeluznante como desconcertante que concluye con una imagen macabra en una playa desierta, lo que parece uno más de los muchos relatos de terror teen que cada año asaltan las carteleras, discurre de manera alarmante por los más tenebrosos e inexplorados páramos en donde una amenaza contra la que no se puede luchar, asalta y persigue a la víctima aislada e indefensa. Una víctima como contenedor de un mal imposible de descifrar. Y si la transmisión de esa incatalogable maldición que se produce a través de las relaciones sexuales puede entenderse como una metáfora sobre la culpa y los peligros de la promiscuidad y las enfermedades venéreas, su sutil final nos invita a reflexionar sobre un peligro mayor: el riesgo mortal de la transmisión del miedo. Obra maestra brutal.



martes, 5 de mayo de 2015

MIS PELÍCULAS FAVORITAS: "LA LEY DEL SILENCIO"

LA LEY DEL SILENCIO
(ON THE WATERFRONT)
Drama Social - USA, 1954 - 103 Minutos.
DIRECTOR: ELIA KAZAN.
INTÉRPRETES: MARLON BRANDO, EVA MARIE SAINT, ROD STEIGER, J. LEE. COBB, KARL MALDEN.


       Elia Kazan (Estambul, 1909 - Nueva York, 2003) emigra a Estados Unidos en los primeros años de la segunda década del pasado siglo. Tras graduarse en Arte Dramático por la Universidad de Yale, entra a formar parte del famoso Group Theatre de Lee Strasberg, convirtiéndose en un prestigioso director teatral. En 1947 es uno de los miembros fundacionales del Actor’s Studio de Nuva York, en donde sus métodos de enseñanza tendrán una clara influencia en la nueva corriente interpretativa de una joven generación de actores. Proyecta junto a Strasberg a figuras tan emblemáticas de la pantalla grande como Marlon Brando, Paul Newman, James Dean, Montgomery Clift. Acusado de comunista y presionado por la Cámara de Representantes sobre Actividades Antiamericanas (HUAC), denuncia a sus antiguos camaradas del PCA, como consecuencia de ello su reputación se verá seriamente dañada, pero como para demostrar su gran talento -algo que nadie había puesto en duda- es a partir de entonces cuando rueda las mejores películas de su prolífica carrera. Entre lo más granado de su filmografía destacan: Un tranvía llamado deseo (1951), ¡Viva Zapata! (1952), Al este del edén (1955), Baby doll (1956), América, América (1963), Los visitantes (1972).
    
        
         Basada en la novela de Budd Schulberg adaptada por él mismo, La ley del silencio nos cuenta la historia de Terry Malloy (Marlon Brando) un joven obrero portuario que se enfrenta al poder y la fuerza que supone el mafioso sindicato de estibadores, una organización controlada por un hampón sin escrúpulos (J. Lee Cobb). El hermano mayor de Terry (Rod Steiger) es miembro de dicha organización, lo que le obliga a mantener una lucha interior entre la lealtad al sindicato y su amor a la familia. La vida de los trabajadores está controlada por el jefe mafioso, Terry intentará, prácticamente en solitario, que la situación cambie.
    
    
     Rodada tras la panfletaria y maniquea Fugitivos del terror rojo (1953) un torpe alegato anticomunista, On the waterfront se presenta como un vehículo más -el mejor a su alcance- para que Kazan se autojustifique por su postura -realmente repugnante- en la tristemente famosa caza de brujas emprendida desde Washington en 1947, pero si perdemos de vista esta perspectiva y nos centramos en lo que verdaderamente nos importa, sus valores artísticos, todos llegaremos a la conclusión de que estamos ante una película genial, con escenas de una enorme carga emotiva. Un trabajo para el que el director vuelve a contar con Brando, que nos regala una vez más una actuación memorable. Si en ¡Viva Zapata! el realizador nos envía un mensaje sobre la corrupción que genera el poder, La ley del silencio se nos presenta como una clara apología de la delación y los motivos humanos que en último término la pueden justificar. Terry Malloy, un joven rebelde hastiado y desilusionado -“yo podía haber sido un buen boxeador”, le confiesa a su hermano con gran tristeza y frustración- ofrece el engranaje perfecto sobre el que Elia Kazan articula su mensaje de denuncia sociopolítica. Terry sabe contra quien lucha, a quien desafía, busca justicia, acabar con la explotación, pero es consciente de que está solo, lo que hace su enfrentamiento más épico, su lucha más dramática. El cineasta, con una tendencia evidente para dotar a sus relatos de un tono elegíaco y de revestir a sus intrépidos protagonistas de un aura conceptual, consigue que -a pesar de su calculado efectismo- la historia sea creíble, en parte por su buen trabajo en la dirección de actores y en parte por su ya característica sobriedad.


    En La ley del silencio todo está en su sitio; el sacerdote, al lado del oprimido; el jefe opresor, intentando mantener su poder por encima de todo; la chica -una candida Eva Marie Saint- honrada y humilde se enamora del héroe; el hermano mayor le puede la fuerza de la sangre y busca proteger a su hermano; los obreros oprimidos y asustados, temerosos de las represalias; y Terry, un hombre condenado a entrar en acción y tomar decisiones cuyos efectos serán demoledores. El orden lógico para unas piezas que se mueven por un laberinto lleno de trampas. El film ganó 8 Oscars de Hollywood, incluidos los de Mejor Película, Mejor Actor, Mejor Actriz Secundaria y Mejor Guión.