La bellísima modelo erótica brasileña Darline Carvalho (Sao Paulo, 24 de
febrero de 1992) se nos presenta como una chica dinámica y multidisciplinar que
a la profesión de modelo suma un sólido currículum como licenciada en danza
clásica y teatro, estudios universitarios de moda y asiste a clases de inglés.
Esto no hace que descuide su forma física, y para mantener sus piernas fibrosas
y glúteos tersos practica con pesas en el gimnasio aunque siempre encuentra un
poco de tiempo para visitar buenos restaurantes y para pasear su escultural
cuerpo por las ardientes arenas de la playa.
Con 23 años,
1´60 cm de estatura y unas curvas de infarto, se define a sí misma como una
mujer decidida porque siente que cuando una persona tiene determinación todo
comienza a fluir… también, dice, en la cama, en donde, nos cuenta, le gusta ser
dominada. Cuando se le pregunta si hay alguna cosa que cambiaría de ella,
contesta con seguridad que no ¿y en el mundo? La corrupción a todos los
niveles, sobre todo en las instituciones. Darline sueña con tener una tienda de
ropa femenina y confiesa que también le gusta el teatro porque le encanta estar
encima de las tablas actuando y el calor del público.
Se
muestra atrevida cuando se le pregunta ¿si tus bragas hablaran que dirían?:
Estoy caliente, responde risueña. En su tiempo libre le gusta salir a cenar
en los restaurantes de la playa y hacer el amor tomándose su tiempo para
disfrutar plenamente de ese maravilloso placer. Pero la verdad es que tiene el
tiempo muy ocupado entre la universidad, la academia de inglés y el gimnasio. Lo
que más le atrae de los hombres es el misterio, no le gustan los hombres
transparentes que enseñan demasiado pronto sus cartas, y con ellas, sus gustos,
apetencias y debilidades. Está, eso sí, muy contenta de la sesión de fotos que
ha realizado para la web Bella da Semana, un sitio que admira sintiéndose orgullosa
de haber participado en él con un trabajo muy sensual. Por supuesto, ella es
consciente de lo mucho que nosotros se lo agradecemos.
Las correrías
criminales de la pareja formada por Martha Beck y Raymond Fernández (conocidos como “Los asesinos de los
corazones solitarios”) a finales de los años 40, acusados finalmente de tres
asesinatos –aunque ellos confesaron haber matado a 17 mujeres-, condenados a
muerte y ejecutados en la silla eléctrica el 8 de marzo de 1951, han dado lugar
a varias películas muy interesantes que nos ofrecen una idea de lo atractivo de
esta historia y el impacto que los asesinatos de esta pareja de serial killers
ha tenido en la literatura, el cine y el imaginario colectivo desde la segunda
mitad del pasado siglo.
La primera de
ellas fue Los asesinos de la luna de miel (Leonard Kastle, 1969) la única
película que dirigió su autor y ejemplo excepcional de film de culto sombrío y
desasosegante. Filmada en áspero blanco y negro, recrea una pasión enfermiza
que muestra cómo el amor puede crear monstruos más terroríficos que el odio. El
mexicano Arturo Ripstein realizó su propia versión de los hechos en 1996 con el
título Profundo carmesí, un excelente film protagonizado por Regina
Orozco y Daniel Giménez Cacho que bordan el retrato de una pareja tan chocante
como patética y que Ripstein nos presenta de forma conmovedora y algo
folletinesca, componiendo un retrato del deseo incontrolable y su inexorable
destino. Algo más floja pero ni mucho menos despreciable resultó Corazones
solitarios (Todd Robinson, 2006) y aunque Salma Hayek es físicamente la
antítesis de Martha Beck y la cinta resulta en exceso academicista, la podemos
considerar una revisión aceptable de aquellos terribles hechos.
El belga Fabrice Du Welz ha realizado una
portentosa nueva versión de aquellos hechos reales al narrar la historia de Gloria (Lola Dueñas) que vive con su
pequeña hija tratando de olvidar su matrimonio con un tipo celoso. Michel (Laurent Lucas), sin embargo, se
aprovecha de las mujeres seduciéndolas y robándoles el dinero. A través de una
cita por internet, tienen un encuentro y ella se enamora perdidamente de él. Tanto
que Gloria decide ayudar a Michel en sus estafas, pero cuando los celos
afloren, Gloria se ve inmersa en una orgía sangrienta de la que saldrán malparadas
las mujeres seducidas por Michel.
Filmada en 16 mm, con una fotografía de
textura sucia y granulosa cortesía de Manuel Dacosse y prodigiosas
interpretaciones de Lola Dueñas (¡qué pedazo de actriz!) y Laurent Lucas, el
director de Calvaire firma la segunda
entrega de su trilogía sobre el noir rural, un film dividido en cuatro actos
(Gloria, Marguerite, Gabriella, Solange) que surca los indómitos territorios
del drama, el terror y el humor más negro para componer una escalofriante
crónica sobre el mal como adicción, como una golosina irresistible que toma
como coartada los celos, la pasión desmedida y degenerada y la locura inflamada
por un éxtasis virulento, por un carácter demoníaco.
En la mirada
de Lola Dueñas se concentra el salvaje impulso de la locura de amor más extrema (¡Aleluya, Aleluya, Gloria,
Gloria, Aleluya!), la aberrante y desquiciada relación que mantiene con Michel,
tan indecente, inmoral y sádica, traspasa todos los límites de los oscuros
abismos del alma humana, destrozando las barreras de la irracionalidad. Gloria
y Michel, la relación explosiva y fatal de dos seres fracasados con una
trayectoria asesina demencial que deja un reguero de cadáveres y a los que no
mueve mayor interés o recompensa que el éxtasis bestial, primitivo; amor y
asesinatos, sangre y sexo. Du Welz
recrea una atmósfera claustrofóbica y malsana siempre asaltada por los impulsos enajenados de
Gloria, que firma con un escabroso y sangriento epílogo cada capítulo. El simbólico
círculo de fuego alrededor del cual bailan desnudos los protagonistas una danza
macabra (llamas purificadoras como fantasía infernal de una brujería risible de
salón) puede servir de metáfora de ese amorfou en el que la carne se muestra tan
inmaterial como el deseo proscrito. Una película tan excelente como perturbadora.
GÉNERO: MAFIA /
ITALIA / 2015 DURACIÓN: 103 MINUTOS.
La carrera del
director italiano Francesco Munzi
(Roma, 1969) no debería pasar desapercibida para el aficionado y tendría que
ser atendida también por las organizaciones de derechos civiles y por cualquier
ciudadano sensible preocupado por los problemas de la inmigración, la
explotación y la violencia. Su debut con Saimir (204) nos narra la historia
de un padre y un hijo procedentes de la Europa del Este. El padre explota a sus
compatriotas y vecinos hasta que el hijo se rebela abriendo el camino a la
regeneración. Su siguiente film, Il resto della notte (2008) retrata
a una comunidad rica en el noreste de Italia que vive inmersa en sus temores
por la inmigración. Iba siendo hora de que un film de Munzi se estrenara
comercialmente en España (los films citados anteriormente tuve que verlos on
line y en versión original sin subtítulos), todo gracias al gran momento que
vive el cine italiano con films como Gomorra, La mejor oferta o La
gran belleza.
Calabria
nos sitúa en una pequeña aldea de dicha región italiana, en donde tres hermanos
hijos de un pastor, Luciano, Luigi y Rocco (Fabrizio Ferracane, Marco Leonardi y Peppino Mazzotta)
llevan años viviendo del lucrativo negocio familiar: el tráfico de drogas en el
entorno de la mafia calabresa, la ´Ndrangheta. Luciano, el mayor, intenta
mantenerse al margen hasta que su conflictivo y descerebrado hijo, Leo (Giussepe Fumo) empieza a acercarse
a su carismático tío Luigi y sus turbios negocios. Cuando Leo pierde el control
una noche disparando a las puertas de un bar de un conocido clan mafioso,
estalla una guerra en la que los hermanos se ven forzados a unirse de nuevo
para defender el honor y las vidas de la familia.
Basada en la
novela Anime Nere (Alma negra) de Gioacchino Criaco, Calabria
es junto a Gomorra una de las películas más naturalistas sobre la mafia
que se han rodado, hay algo físicamente repulsivo, pegajoso, en estos sucios
asuntos de familia, germen y núcleo de ese tipo de criminalidad que extiende
sus tentáculos a modo de siniestra cooperativa delictiva o sindicato del
crimen. El crimen como una forma de vida, como empresa participativa, con su
bagaje de ancestrales vendettas y su inalterable mantra “Ojo por ojo, diente
por diente”. Calabria es una de las regiones más pobres de Italia, cuenta con
una altísima tasa de desempleados y una fuerte emigración interior. En el
epicentro rural de esa degradada región nació la ´Ndrangheta, la mafia local,
con un largo historial de crímenes y una de las más temidas por su ferocidad. Y Munzi acierta dotando a su crónica de un
ritmo pausado para bucear por su estructura interna, sus mecanismos de pulsión
criminal y sus orígenes con un realismo estremecedor, mostrando la solidez
de sus cimientos y pilares, las sucias manos de los hermanos Carbone sobre
cualquier negocio delictivo, ya sea el tráfico de drogas, armas e incluso la
construcción, y el verso suelto que representa Luciano, el único de los
hermanos que se gana el pan con el sudor de su frente y que no ha sucumbido al
mal, a los malditos vínculos de sangre que acaban por pudrir la sangre de su
hijo, dramático ejemplo de la erótica que el crimen desprende para las personas
más débiles.
La importancia de la ofensa, que en
cualquier otro ámbito no pasaría de ser un capítulo menor para engrosar el
anecdotario, representa para la mafia una afrenta, un punto de inflexión en su
dinámica familiar, social y criminal. La
cinematografía italiana ya ha dado muestras de ese ambiente opresivo rural, del
poder y el miedo que infunden estas organizaciones mafiosas en films como Gente de respeto, Una cuestión de honor o Sola
frente a la violencia, pero en Calabria no hay lugar para la distancia
ficcional ni las sutilezas, la frescura con que Munzi recrea las disputas
familiares y el destino aciago, escrito con la violencia de unos personajes
para los que el crimen es una enfermedad hereditaria, documenta los rasgos más
primitivos de esta perversa organización. El asfixiante tono hiperrealista
que desprecia las florituras, de una cercanía sobrecogedora, otorga un tono
seco, gélido, a las acciones más anodinas (el posible matrimonio del crápula
Leo con una joven que estrechará lazos entre dos clanes, la desubicación de la
mujer norteña y cosmopolita de Rocco), esas que tienen que ver con el entramado
familiar y su ancestral árbol genealógico, del que se derivan los conflictos
paternofiliales y las diferencias irreconciliables, la raíz del odio y la
podredumbre de una comunidad hermética, bunkerizada, por donde transitan
personajes con el alma negra. Con
portentosas y creíbles interpretaciones de actores poco conocidos por estos
lares, una excepcional fotografía de Vladan Radovic sobre los rústicos y
espectaculares paisajes del sur de Calabria, Munzi firma, de manera solvente y
magnética, una crónica a pequeña escala sobre los ritos criminales de la
´Ndrangheta, que desemboca en un final tremendo a modo de tragedia griega, que
ahoga de manera atroz cualquier atisbo de redención.