La modelo de
glamour brasileña Franciele Perão
(Lages, Santa Catarina, 19 de junio de 1987) es una mujer de sedosa piel
blanca, cabello rubio, ojos color avellana, 55 kilos de peso y 1´55 cm de
estatura. Hincha del equipo de fútbol Figueirense FC, que actualmente se
encuentra en el Brasileirao disputando el campeonato regional Catarinense.
Franciele es la gran triunfadora del concurso “Musa del Brasileirao 2014” de la
revista VIP, que premió a la vencedora con una sesión de fotos especial para la
edición de febrero de 2015.
Lo cierto es
que el equipo verdiblanco del Figueirense es menos conocido que la bella
Franciele, su más hermosa y rendida musa, la que más anima y alienta al modesto
equipo que no sobresale mucho en los torneos en su país, pero aunque sólo sea
por tener una fan tan bella, merece la pena luchar por esos colores. Con unas
medidas de 89-66-99, a la joven de 26 años le gustan los tatuajes y luce un
piercing en el ombligo. Tiene un estilo propio que bascula entre la chispeante
rebeldía y la elegancia glamourosa de una diva.
Franciele procede
de una familia humilde, que sigue siendo su mejor refugio y que le enseñaron el
verdadero significado del amor. Su característica más destacable, además de su
belleza, es su facilidad para comunicarse y las relaciones interpersonales. Siempre
ha soñado con ser actriz y modelo, y su mayor ambición es proporcionarles a sus
padres una vivienda digna. Nos confiesa que le gusta viajar, que su ciudad favorita
es Cancún, sus más amados fetiches son los osos de peluche y su mantra “Vive
cada segundo de tu vida como si fuera el último”.
Mi conocimiento
sobre el trabajo de los hermanos Wachowski
se remonta a su época de guionistas antes de debutar con aquel aceptable
thriller de tintes lésbicos titulado Lazosardientes (1996). Mucho
ha llovido desde entonces y los negros nubarrones se ciernen sobre la carrera
como cineastas de estos peculiares brothers que un día fueron tildados de
visionarios. Tres años después de su ópera prima detrás de las cámaras nos
presentaron Matrix (1999), una cinta mítica que consiguió un extraordinario
éxito en taquilla influyendo en casi todo el cine posterior, que se alzó con
cuatro estatuillas técnicas y supuso un bombazo que renovó la ciencia-ficción
haciendo uso de una tecnología visual impresionante que fue el inicio de una
irregular trilogía: Matrix Reloaded (2001) de nuevo con un despliegue visual
deslumbrante aunque con el factor sorpresa muy diluido, y Matrix Revolutions (2003)
la más trivial y monótona de la saga, atascada en un puñado de interrogantes
cósmicos que finalmente dejó muchos cabos sueltos. Tras producir y firmar el
libreto de la magnífica V de vendetta (James McTeigue, 2006)
comienza la penosa decadencia de Andy y Larry (actualmente Lana tras una
operación de cambio de sexo), que nos presentaron Speed Racer (2008)
adaptación de la popular serie anime japonesa de los setenta, un juguete
aburrido y aparatoso. Decadencia que alcanza su cenit con El atlas de las nubes (2013),
un film pretencioso y farragoso al que ni siquiera su fascinante aspecto visual
salva del ostracismo.
A la búsqueda de
un blockbuster que pueda otorgarles un respiro y con el
peligro de verse relegados a las tinieblas creativas, los Wachowski presentan
ahora El destino de Júpiter, cuya acción transcurre en un futuro
lejano y distópico en donde las castas poderosas y aristocráticas tienen la
posibilidad de explotar otros planetas con fines económicos. Júpiter Jones (Mila Kunis) es una joven
terrícola que trabaja como limpiadora y que sueña con una vida mejor. Un día,
Júpiter es salvada de una muerte segura por Caine Wise (Channing Tatum) un ex legionario y pirata espacial
modificado genéticamente con rasgos de hombre lobo que le revelará que su
linaje y herencia genética corresponde a la realeza galáctica y que está
destinada a reinar lejos de la Tierra. Ambos tendrán que enfrentarse a Balem Abrasax (Eddie Redmayne) un
gobernador extraterrestre perteneciente a una de las familias más poderosas de
la galaxia que ha puesto precio a la cabeza de Júpiter.
Tras abandonar
la sala a este cronista le invade la triste sensación de que a los Wachowski
(antaño gran esperanza de la ciencia-ficción) han perdido la inspiración, la
chispa y el ingenio y se muestran cada vez más reiterativos. Al fin y al cabo,
su nuevo film, con insultantes resonancias en su premisa a Terminator, no es otra
cosa que un trivial entretenimiento que desarrolla la clásica aventura
romántica de la chica en peligro salvada por el héroe y el villano
caricaturesco como eje gravitatorio de la acción del relato. Un cine muy ligero que apenas arriesga en
la vertiente dramática y suspendido por un tono infantil en el férreo control
de las emociones. Si a este crítico le preguntaran cuál es el factor
determinante en la construcción de una buena película, contestaría sin
pestañear: el guión. Es ese elemento clave el que falla estrepitosamente y
penaliza la función por su simpleza y carencia de lógica interna, nunca en
consonancia con el brillante look visual, sin duda su aspecto más reseñable,
muy por encima también de la mediocre dirección artística.
Del reparto, el único que mantiene el tipo es Sean Bean (que podía haber dado más
juego), ya que Mila Kunis parece
estar encima de las tablas del teatro de un instituto sin creerse nunca su rol
y con carencia absoluta de química con un Channing
Tatum que aunque ha demostrado ser un actor competente aquí aparece como
una especie de Silver Surfer enredado en salvar a la damisela en peligro. Es posible que El destino de Júpiter se pueda disfrutar sin prejuicios como un
pasatiempo tan ligero como una pluma (a mí me ha costado mucho aguantar hasta
final) si uno se olvida de de lo previsible y redundante de su trama, su
molesta pretenciosidad, un engranaje en donde jamás encuentran huecos sus
pueriles denuncias sobre la burocracia, la igualdad de clases y la dignidad
humana. Reconozcamos, eso sí, la habilidad de los Wachowski para rodar las
secuencias de acción, siempre rebosantes de atractiva imaginería y sugerencias
visuales, que se elevan por encima de la coherencia y el caos del relato.
Película sólo recomendada para los amantes de la ciencia-ficción kitch y la
parafernalia digital que defraudará a los cinéfilos más exigentes por su vana
ilusión creativa.
La hermosa modelo erótica polaca Amanda Streich (Plock, 26 de mayo de 1993) puede posar desnuda o
con cualquier trapo porque nada, taxativamente, nada, puede enturbiar su
inmarcesible belleza. Esta preciosa mujer ha sido bendecida por un cuerpo que
roza la perfección, y yo, que sólo soy un desmañado mortal, me siento tan
insignificante mirando sus fotos y vídeos; la consecuencia de ser un jodido
esteta que huye de la vida mediocre y la fealdad.
Ay, qué valor tienen las
palabras frente a ese cabello rubio como el trigo, esas tetas redondas y esas
largas piernas que sostienen una majestuosa escultura de 1´73 cm, qué valor si
ni siquiera eres capaz de construir una frase coherente cuando estás cerca de
ella, y te sientes torpe y tropiezas con todo y quedas cautivo de su mirada
serena. La Europa del Este es un semillero de bellezas, de chicas con un
talento natural para el modelaje y las pasarelas. Amanda, con sus ojos grises,
voz dulce y acento aterciopelado, fue campeona de natación en su país hasta que
un agente la descubrió y se mudó a New York City, un movimiento magistral para
Amanda porque enseguida comenzó a modelar para Victoria Secret, Calvin Klein y
apareció en la revista Shape.
Manhattan se ha
convertido ya en su paisaje natural, ya sea trabajando en sesiones de fotos,
acudiendo a un espectáculo de Broadway o jugando al billar con los chicos en el
Soho. Nueva York es un sueño hecho realidad, un sueño cargado de energía y
magia. Amanda nos cuenta: “Cuando me mudé
aquí estaba muy delgada y era tan joven. Pero después de dos años mi cuerpo ha
cambiado y he vuelto, no sé, un poco más sexy”. Ella fue la Playmate del mes
de diciembre de 2012 con 19 años y sólo tiene una ambición, disfrutar de la
vida sin remordimientos. ¿Lo que más le excita? Un hombre inteligente,
elegante, apasionado y que la haga reír. Bueno, yo soy inteligente, puedo ser
apasionado y sé que mis chistes malos la volverán loca, lo de elegante… paso
ficha, joder.