martes, 10 de febrero de 2015

FRANCIELE PERÃO, DEUSA CORPO, PELE SEDOSA


      La modelo de glamour brasileña Franciele Perão (Lages, Santa Catarina, 19 de junio de 1987) es una mujer de sedosa piel blanca, cabello rubio, ojos color avellana, 55 kilos de peso y 1´55 cm de estatura. Hincha del equipo de fútbol Figueirense FC, que actualmente se encuentra en el Brasileirao disputando el campeonato regional Catarinense. Franciele es la gran triunfadora del concurso “Musa del Brasileirao 2014” de la revista VIP, que premió a la vencedora con una sesión de fotos especial para la edición de febrero de 2015.


        Lo cierto es que el equipo verdiblanco del Figueirense es menos conocido que la bella Franciele, su más hermosa y rendida musa, la que más anima y alienta al modesto equipo que no sobresale mucho en los torneos en su país, pero aunque sólo sea por tener una fan tan bella, merece la pena luchar por esos colores. Con unas medidas de 89-66-99, a la joven de 26 años le gustan los tatuajes y luce un piercing en el ombligo. Tiene un estilo propio que bascula entre la chispeante rebeldía y la elegancia glamourosa de una diva.



         Franciele procede de una familia humilde, que sigue siendo su mejor refugio y que le enseñaron el verdadero significado del amor. Su característica más destacable, además de su belleza, es su facilidad para comunicarse y las relaciones interpersonales. Siempre ha soñado con ser actriz y modelo, y su mayor ambición es proporcionarles a sus padres una vivienda digna. Nos confiesa que le gusta viajar, que su ciudad favorita es Cancún, sus más amados fetiches son los osos de peluche y su mantra “Vive cada segundo de tu vida como si fuera el último”.



domingo, 8 de febrero de 2015

CRÍTICA: "EL DESTINO DE JÚPITER"


Nubes negras sobre los Wachowski
EL DESTINO DE JÚPITER êê
DIRECTOR: ANDY Y LANA WACHOWSKI.
INTÉRPRETES: CHANNING TATUM, MILA KUNIS, SEAN BEAN, EDDIE REDMAYNE, TUPPENCE MIDDLETON.
GÉNERO: CIENCIA FICCIÓN / EE. UU. / 2015  DURACIÓN: 127 MINUTOS.   


      Mi conocimiento sobre el trabajo de los hermanos Wachowski se remonta a su época de guionistas antes de debutar con aquel aceptable thriller de tintes lésbicos titulado Lazos ardientes (1996). Mucho ha llovido desde entonces y los negros nubarrones se ciernen sobre la carrera como cineastas de estos peculiares brothers que un día fueron tildados de visionarios. Tres años después de su ópera prima detrás de las cámaras nos presentaron Matrix (1999), una cinta mítica que consiguió un extraordinario éxito en taquilla influyendo en casi todo el cine posterior, que se alzó con cuatro estatuillas técnicas y supuso un bombazo que renovó la ciencia-ficción haciendo uso de una tecnología visual impresionante que fue el inicio de una irregular trilogía: Matrix Reloaded (2001) de nuevo con un despliegue visual deslumbrante aunque con el factor sorpresa muy diluido, y Matrix Revolutions (2003) la más trivial y monótona de la saga, atascada en un puñado de interrogantes cósmicos que finalmente dejó muchos cabos sueltos. Tras producir y firmar el libreto de la magnífica V de vendetta (James McTeigue, 2006) comienza la penosa decadencia de Andy y Larry (actualmente Lana tras una operación de cambio de sexo), que nos presentaron Speed Racer (2008) adaptación de la popular serie anime japonesa de los setenta, un juguete aburrido y aparatoso. Decadencia que alcanza su cenit con El atlas de las nubes (2013), un film pretencioso y farragoso al que ni siquiera su fascinante aspecto visual salva del ostracismo.  

     
       A la búsqueda de un blockbuster  que pueda otorgarles un respiro y con el peligro de verse relegados a las tinieblas creativas, los Wachowski presentan ahora El destino de Júpiter, cuya acción transcurre en un futuro lejano y distópico en donde las castas poderosas y aristocráticas tienen la posibilidad de explotar otros planetas con fines económicos. Júpiter Jones (Mila Kunis) es una joven terrícola que trabaja como limpiadora y que sueña con una vida mejor. Un día, Júpiter es salvada de una muerte segura por Caine Wise (Channing Tatum) un ex legionario y pirata espacial modificado genéticamente con rasgos de hombre lobo que le revelará que su linaje y herencia genética corresponde a la realeza galáctica y que está destinada a reinar lejos de la Tierra. Ambos tendrán que enfrentarse a Balem Abrasax (Eddie Redmayne) un gobernador extraterrestre perteneciente a una de las familias más poderosas de la galaxia que ha puesto precio a la cabeza de Júpiter.


       Tras abandonar la sala a este cronista le invade la triste sensación de que a los Wachowski (antaño gran esperanza de la ciencia-ficción) han perdido la inspiración, la chispa y el ingenio y se muestran cada vez más reiterativos. Al fin y al cabo, su nuevo film, con insultantes resonancias en su premisa a Terminator, no es otra cosa que un trivial entretenimiento que desarrolla la clásica aventura romántica de la chica en peligro salvada por el héroe y el villano caricaturesco como eje gravitatorio de la acción del relato. Un cine muy ligero que apenas arriesga en la vertiente dramática y suspendido por un tono infantil en el férreo control de las emociones. Si a este crítico le preguntaran cuál es el factor determinante en la construcción de una buena película, contestaría sin pestañear: el guión. Es ese elemento clave el que falla estrepitosamente y penaliza la función por su simpleza y carencia de lógica interna, nunca en consonancia con el brillante look visual, sin duda su aspecto más reseñable, muy por encima también de la mediocre dirección artística.


Del reparto, el único que mantiene el tipo es Sean Bean (que podía haber dado más juego), ya que Mila Kunis parece estar encima de las tablas del teatro de un instituto sin creerse nunca su rol y con carencia absoluta de química con un Channing Tatum que aunque ha demostrado ser un actor competente aquí aparece como una especie de Silver Surfer enredado en salvar a la damisela en peligro. Es posible que El destino de Júpiter se pueda disfrutar sin prejuicios como un pasatiempo tan ligero como una pluma (a mí me ha costado mucho aguantar hasta final) si uno se olvida de de lo previsible y redundante de su trama, su molesta pretenciosidad, un engranaje en donde jamás encuentran huecos sus pueriles denuncias sobre la burocracia, la igualdad de clases y la dignidad humana. Reconozcamos, eso sí, la habilidad de los Wachowski para rodar las secuencias de acción, siempre rebosantes de atractiva imaginería y sugerencias visuales, que se elevan por encima de la coherencia y el caos del relato. Película sólo recomendada para los amantes de la ciencia-ficción kitch y la parafernalia digital que defraudará a los cinéfilos más exigentes por su vana ilusión creativa.



sábado, 7 de febrero de 2015

AMANDA STREICH, PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD


      La hermosa modelo erótica polaca Amanda Streich (Plock, 26 de mayo de 1993) puede posar desnuda o con cualquier trapo porque nada, taxativamente, nada, puede enturbiar su inmarcesible belleza. Esta preciosa mujer ha sido bendecida por un cuerpo que roza la perfección, y yo, que sólo soy un desmañado mortal, me siento tan insignificante mirando sus fotos y vídeos; la consecuencia de ser un jodido esteta que huye de la vida mediocre y la fealdad. 

      Ay, qué valor tienen las palabras frente a ese cabello rubio como el trigo, esas tetas redondas y esas largas piernas que sostienen una majestuosa escultura de 1´73 cm, qué valor si ni siquiera eres capaz de construir una frase coherente cuando estás cerca de ella, y te sientes torpe y tropiezas con todo y quedas cautivo de su mirada serena. La Europa del Este es un semillero de bellezas, de chicas con un talento natural para el modelaje y las pasarelas. Amanda, con sus ojos grises, voz dulce y acento aterciopelado, fue campeona de natación en su país hasta que un agente la descubrió y se mudó a New York City, un movimiento magistral para Amanda porque enseguida comenzó a modelar para Victoria Secret, Calvin Klein y apareció en la revista Shape.



       Manhattan se ha convertido ya en su paisaje natural, ya sea trabajando en sesiones de fotos, acudiendo a un espectáculo de Broadway o jugando al billar con los chicos en el Soho. Nueva York es un sueño hecho realidad, un sueño cargado de energía y magia. Amanda nos cuenta: “Cuando me mudé aquí estaba muy delgada y era tan joven. Pero después de dos años mi cuerpo ha cambiado y he vuelto, no sé, un poco más sexy”. Ella fue la Playmate del mes de diciembre de 2012 con 19 años y sólo tiene una ambición, disfrutar de la vida sin remordimientos. ¿Lo que más le excita? Un hombre inteligente, elegante, apasionado y que la haga reír. Bueno, yo soy inteligente, puedo ser apasionado y sé que mis chistes malos la volverán loca, lo de elegante… paso ficha, joder.