domingo, 8 de febrero de 2015

CRÍTICA: "EL DESTINO DE JÚPITER"


Nubes negras sobre los Wachowski
EL DESTINO DE JÚPITER êê
DIRECTOR: ANDY Y LANA WACHOWSKI.
INTÉRPRETES: CHANNING TATUM, MILA KUNIS, SEAN BEAN, EDDIE REDMAYNE, TUPPENCE MIDDLETON.
GÉNERO: CIENCIA FICCIÓN / EE. UU. / 2015  DURACIÓN: 127 MINUTOS.   


      Mi conocimiento sobre el trabajo de los hermanos Wachowski se remonta a su época de guionistas antes de debutar con aquel aceptable thriller de tintes lésbicos titulado Lazos ardientes (1996). Mucho ha llovido desde entonces y los negros nubarrones se ciernen sobre la carrera como cineastas de estos peculiares brothers que un día fueron tildados de visionarios. Tres años después de su ópera prima detrás de las cámaras nos presentaron Matrix (1999), una cinta mítica que consiguió un extraordinario éxito en taquilla influyendo en casi todo el cine posterior, que se alzó con cuatro estatuillas técnicas y supuso un bombazo que renovó la ciencia-ficción haciendo uso de una tecnología visual impresionante que fue el inicio de una irregular trilogía: Matrix Reloaded (2001) de nuevo con un despliegue visual deslumbrante aunque con el factor sorpresa muy diluido, y Matrix Revolutions (2003) la más trivial y monótona de la saga, atascada en un puñado de interrogantes cósmicos que finalmente dejó muchos cabos sueltos. Tras producir y firmar el libreto de la magnífica V de vendetta (James McTeigue, 2006) comienza la penosa decadencia de Andy y Larry (actualmente Lana tras una operación de cambio de sexo), que nos presentaron Speed Racer (2008) adaptación de la popular serie anime japonesa de los setenta, un juguete aburrido y aparatoso. Decadencia que alcanza su cenit con El atlas de las nubes (2013), un film pretencioso y farragoso al que ni siquiera su fascinante aspecto visual salva del ostracismo.  

     
       A la búsqueda de un blockbuster  que pueda otorgarles un respiro y con el peligro de verse relegados a las tinieblas creativas, los Wachowski presentan ahora El destino de Júpiter, cuya acción transcurre en un futuro lejano y distópico en donde las castas poderosas y aristocráticas tienen la posibilidad de explotar otros planetas con fines económicos. Júpiter Jones (Mila Kunis) es una joven terrícola que trabaja como limpiadora y que sueña con una vida mejor. Un día, Júpiter es salvada de una muerte segura por Caine Wise (Channing Tatum) un ex legionario y pirata espacial modificado genéticamente con rasgos de hombre lobo que le revelará que su linaje y herencia genética corresponde a la realeza galáctica y que está destinada a reinar lejos de la Tierra. Ambos tendrán que enfrentarse a Balem Abrasax (Eddie Redmayne) un gobernador extraterrestre perteneciente a una de las familias más poderosas de la galaxia que ha puesto precio a la cabeza de Júpiter.


       Tras abandonar la sala a este cronista le invade la triste sensación de que a los Wachowski (antaño gran esperanza de la ciencia-ficción) han perdido la inspiración, la chispa y el ingenio y se muestran cada vez más reiterativos. Al fin y al cabo, su nuevo film, con insultantes resonancias en su premisa a Terminator, no es otra cosa que un trivial entretenimiento que desarrolla la clásica aventura romántica de la chica en peligro salvada por el héroe y el villano caricaturesco como eje gravitatorio de la acción del relato. Un cine muy ligero que apenas arriesga en la vertiente dramática y suspendido por un tono infantil en el férreo control de las emociones. Si a este crítico le preguntaran cuál es el factor determinante en la construcción de una buena película, contestaría sin pestañear: el guión. Es ese elemento clave el que falla estrepitosamente y penaliza la función por su simpleza y carencia de lógica interna, nunca en consonancia con el brillante look visual, sin duda su aspecto más reseñable, muy por encima también de la mediocre dirección artística.


Del reparto, el único que mantiene el tipo es Sean Bean (que podía haber dado más juego), ya que Mila Kunis parece estar encima de las tablas del teatro de un instituto sin creerse nunca su rol y con carencia absoluta de química con un Channing Tatum que aunque ha demostrado ser un actor competente aquí aparece como una especie de Silver Surfer enredado en salvar a la damisela en peligro. Es posible que El destino de Júpiter se pueda disfrutar sin prejuicios como un pasatiempo tan ligero como una pluma (a mí me ha costado mucho aguantar hasta final) si uno se olvida de de lo previsible y redundante de su trama, su molesta pretenciosidad, un engranaje en donde jamás encuentran huecos sus pueriles denuncias sobre la burocracia, la igualdad de clases y la dignidad humana. Reconozcamos, eso sí, la habilidad de los Wachowski para rodar las secuencias de acción, siempre rebosantes de atractiva imaginería y sugerencias visuales, que se elevan por encima de la coherencia y el caos del relato. Película sólo recomendada para los amantes de la ciencia-ficción kitch y la parafernalia digital que defraudará a los cinéfilos más exigentes por su vana ilusión creativa.



sábado, 7 de febrero de 2015

AMANDA STREICH, PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD


      La hermosa modelo erótica polaca Amanda Streich (Plock, 26 de mayo de 1993) puede posar desnuda o con cualquier trapo porque nada, taxativamente, nada, puede enturbiar su inmarcesible belleza. Esta preciosa mujer ha sido bendecida por un cuerpo que roza la perfección, y yo, que sólo soy un desmañado mortal, me siento tan insignificante mirando sus fotos y vídeos; la consecuencia de ser un jodido esteta que huye de la vida mediocre y la fealdad. 

      Ay, qué valor tienen las palabras frente a ese cabello rubio como el trigo, esas tetas redondas y esas largas piernas que sostienen una majestuosa escultura de 1´73 cm, qué valor si ni siquiera eres capaz de construir una frase coherente cuando estás cerca de ella, y te sientes torpe y tropiezas con todo y quedas cautivo de su mirada serena. La Europa del Este es un semillero de bellezas, de chicas con un talento natural para el modelaje y las pasarelas. Amanda, con sus ojos grises, voz dulce y acento aterciopelado, fue campeona de natación en su país hasta que un agente la descubrió y se mudó a New York City, un movimiento magistral para Amanda porque enseguida comenzó a modelar para Victoria Secret, Calvin Klein y apareció en la revista Shape.



       Manhattan se ha convertido ya en su paisaje natural, ya sea trabajando en sesiones de fotos, acudiendo a un espectáculo de Broadway o jugando al billar con los chicos en el Soho. Nueva York es un sueño hecho realidad, un sueño cargado de energía y magia. Amanda nos cuenta: “Cuando me mudé aquí estaba muy delgada y era tan joven. Pero después de dos años mi cuerpo ha cambiado y he vuelto, no sé, un poco más sexy”. Ella fue la Playmate del mes de diciembre de 2012 con 19 años y sólo tiene una ambición, disfrutar de la vida sin remordimientos. ¿Lo que más le excita? Un hombre inteligente, elegante, apasionado y que la haga reír. Bueno, yo soy inteligente, puedo ser apasionado y sé que mis chistes malos la volverán loca, lo de elegante… paso ficha, joder.


jueves, 5 de febrero de 2015

MIS PELÍCULAS FAVORITAS: "APOCALYPTO"

APOCALYPTO  
DIRECTOR: MEL GIBSON.
INTÉRPRETES: RUDY YOUNGBLOOD, DALIA HERNÁNDEZ, JONATHAN BREWER, GERARDO TARACENA, RAOUL TRUJILLO.
GÉNERO: AVENTURAS/ EE.UU./ 2006. DURACIÓN: 139 MINUTOS.
      
     
Convertido desde hace tiempo en director, escritor y productor, Mel Gibson (1956) neoyorquino de nacimiento aunque australiano de adopción, es un tipo que me cae muy bien, además de afinidades ideológicas, su trabajo como director siempre me ha resultado mucho más fascinante que como intérprete, mi debilidad por su trabajo detrás de la cámara se remonta a su ópera prima, El hombre sin rostro (1993) que aunque tocada por innumerables referencias cinéfilas y literarias, constituye un aceptable drama psicológico sobre la relación de un niño huérfano y un misterioso hombre con el rostro deformado. Pero lo mejor estaba por llegar, un par de años más tarde estrenó Braveheart, también en labores de actor y director, fue un título clave en la resurrección del cine histórico de aventuras, rescatando la figura del noble escocés William Wallace que durante el siglo XIII se enfrentó al ejército del rey inglés Eduardo I por la independencia de su país. Un gran espectáculo que consiguió cinco Oscars de Hollywood (incluidos el de Mejor Película y Mejor Director) y solamente lastrada por su abusivo metraje. Bajó el listón  con su siguiente experiencia mística, La pasión de Cristo (2004) sin lugar a dudas la película independiente de más éxito de la historia y, también, la más polémica. Centrada en las últimas doce horas de vida de Jesucristo, además de un testamento sobre la fe de su autor, la película se ve como un auténtico ejercicio de estilo: su hermosísima puesta en escena, su contundencia hiperrealista, secuencias conmovedoras hasta las lágrimas y el magnífico trabajo de todo el elenco, sirvió, con su éxito y su mensaje, para dar un nuevo empujón al cine de temática épico/bíblica y como demostración de la fuerza y el talento creativo de este autor, que se atrevió a rodar en lenguas muertas como el arameo, el latín y el hebreo.



        Aunque a veces se le vaya la olla y se comporte como su alter-ego, el policía Riggs de la saga Arma Letal (borracheras adornadas de conducción temeraria y soflamas antisemitas) “mad” Mel (el Loco Mel) es un tipo muy inteligente que vuelve a utilizar una lengua ancestral y exótica casi desaparecida -el maya yucateco- porque, como explica “oír un lenguaje diferente y extraño permite al espectador abstraerse de su propia realidad”. Documentándose en textos sagrados tan antiquísimos como el Popol Vuh, en las crónicas del evangelizador Fray Diego de Landa y con ecos del film de Cornel Wilde La presa desnuda (1966), APOCALYPTO es una poderosa producción histórica que sitúa la acción en los estertores del imperio maya, para contarnos las peripecias de un cazador, Zarpa de Jaguar (Rudy Youngblood) nativo de una aldea con un particular sentido del humor, pero que nunca abandona sus responsabilidades de padre de familia, el respeto hacia su padre, el patriarca Cielo de Sílex (Morris Birdyellowhead), la dedicación hacia su esposa embarazada, Siete (Dalia Hernández) y a su hijo de cinco años, Paso de Tortuga (Carlos Emilio Báez). La tranquilidad en la tribu termina cuando guerreros Holcanos de una metrópolis maya, liderados por el temible Cero Lobo (Raoul Trujillo) llegan a la aldea para arrasarla, perpetrar una masacre y llevarse a sus mejores miembros para venderlos como esclavos. Antes de ser apresado, Zarpa de Jaguar consigue esconder a su mujer y a su hijo en un pozo, mientras él es conducido junto a los demás a la ciudad maya, donde contemplan como desde de lo alto de una pirámide se suceden los sacrificios a los dioses. Zarpa de Jaguar consigue escapar del inminente sacrificio y , herido, comienza una terrorífica huida para reunirse con su mujer y su hijo, que sin ayuda no pueden salir del pozo... pero Cero Lobo y sus secuaces le siguen los pasos sin intención de perdonarle la vida.
      
     
         Pocos cineastas son capaces de encender el patio de butacas con la fuerza, el vértigo y la pasión con que lo hace el carismático Mel Gibson (qué persecución tan terrorífica la sometida al prócer Zarpa de Jaguar) y me importa un huevo de pato viudo que se le acuse de xenófobo, fundamentalista religioso, machista y reaccionario (el ungido pensamiento único imperante está tamizado por los mismos peligrosos tics y por otros igual de reprobables). Él es un genio cuya inventiva se sitúa muy por encima de las absurdas etiquetas y que pasa como de la mierda de las críticas de la influyente, sensiblera y babosa progresía dominante, no necesita para nada el apoyo y la bendición del poderoso lobby judío de Hollywood. Gibson es un maestro al que adora la cámara, demostrando con cada una de sus producciones un inmenso amor por el cine. Para introducirnos en el mayor espectáculo de acción adrenalínica desatado en muchos años en una pantalla de cine, se sirve de una cita del historiador y aventurero Will Durant, “una gran civilización no es conquistada desde fuera hasta que no se ha destruido a sí misma desde dentro”, un aserto que cobra mayor importancia en estos tiempos de carroña. Da igual el tema elegido, en este caso el colapso de una de las culturas más importantes de la América precolombina, pues, como siempre, su visión incendiaria será el foco de la polémica. Sorprendentemente lo logra con una narración minimalista, parca en diálogos y absolutamente conmovedora, concediendo un valor esencial al poderío visual, el magnetismo de un paisaje salvaje, en consonancia con el atractivo diseño de producción y la gran altura a la que rayan todos esos actores neoprofesionales.

      
       
        Para la reconstrucción del ocaso de una mitología que se fagocita a pasos agigantados (presa de la degradación y la crueldad de sus ritos, la corrupción de sus líderes, la incontenible demografía y la destrucción del hábitat) el cineasta hace uso de una abismal brutalidad, sin detenerse demasiado en la dolorosa agonía, de todas formas de una belleza hiriente. El ambicioso director firma el libreto junto a Farhad Safinia, dotando a la estructura y el desarrollo de la trama de vetas de thriller trepidante, action movie y film de aventuras. Empero, el carácter visceral de Gibson necesita profundizar en las lacras de la vida política y la perversión de las creencias (aristócratas depravados y sacerdotes corruptos segando vidas como ofrendas a dioses imposibles) para evidenciar que el futuro y la supervivencia de las civilizaciones en proceso de viciada decadencia (como la actual) se haya dentro del núcleo familiar, como pilar férreo e indivisible, en las divisas de la dignidad y el honor, en el orgullo de un revolucionario individualismo (por supuesto, lejos de los intereses espúreos de la religión y la política). Así, APOCALYPTO es un artefacto volcánico, un curso de cinematografía acelerada, una obra magistral, hermosa, plena de viveza y dominio, la sima de un cineasta colosal, capaz de perpetrar imágenes, secuencias y situaciones memorables cuando azota la tragedia... y, sin duda, una experiencia hipnótica. Por su ingobernable talento espiritual, su conservadurismo moral y su ostentosa virilidad puede ser tachado de retrogrado y de sadismo cinematográfico, pero yo le prefiero a él como amigo que a todos los tibios cagabandurrias del mundo.