miércoles, 14 de enero de 2015

HEATHER KNOX, EL CAMINO DEFINITIVO

      
       La modelo erótica norteamericana Heather Knox (Indianápolis, Indiana, 17 de enero de 1985) fue la conejita de Playboy del mes de enero de 2012, en cuya página central posó fotografiada por Arny Freytas, una oportunidad que ella ha sabido aprovechar para lo que cree su camino definitivo. Confiesa que le gustan los hombres seguros de sí mismo, que la sepan hacer reír y sean caballerosos. Tiene como mantra “Sea usted mismos”. A esta supermodelo, que trabajó en su tierra natal de camarera, le encanta escuchar música de diferentes géneros según su estado de ánimo.


      De escultura perfecta, esta hermosa rubia fue descubierta durante los casting Calls Playboy Columbus celebrados en septiembre de 2011, y sólo unos meses más tarde se convirtió en la Playmate del mes de enero. Reina en el Cyberclub Playboy, se encuentra muy a gusto rodeada de sus familiares y amigos porque nunca se siente querida y le gusta mantener las buenas costumbres. De cabello rubio y ojos azules, mide 1´63 cm de estatura y pesa 57 kg. Gran aficionada a los deportes, fue cheerleader (o porrista o animadora) en la universidad cosechando mucho éxito entre los chicos del equipo de fútbol, y cuando superó la prueba para Playboy, reconoció que nunca había posado desnuda.



       Ningún problema, porque todo surgió de la forma más natural y la experiencia le ha resultado muy satisfactoria. Ahora es una asidua de la mansión de Hugh Hefner en Los Ángeles, y se encuentra muy ocupada con el contrato que firmó con el imperio de las conejitas. Es muy independiente, tanto que nos confiesa que no hay nada mejor que estar con una misma y de momento no piensa en ataduras. Nosotros, que sabemos de la decadencia física del cuerpo humano, queremos recordarla así, con la lozanía e inmortalidad que ofrece el papel couche o en las vívidas imágenes digitales. Casi podemos sentir su piel caliente, su cálida mirada que nos invita al juego de la seducción.

lunes, 12 de enero de 2015

CRÍTICA: "CORAZONES DE ACERO" (FURY)

El horror y la propaganda
CORAZONES DE ACERO êê  


     La incursión en el cine bélico de David Ayer, firmante de la reciente Sabotage y de la magnífica Sin tregua (2014), no ha resultado todo lo satisfactoria que uno esperaba, no porque Corazones de acero sea una mala película sino por la simpleza de un guión que la hace volar a baja altura y que se nos muestra rebosante de personajes estereotipados que se mueven por lugares demasiado comunes y caminos excesivamente trillados. La acción nos sitúa en la Alemania de 1945. Al mando del veterano sargento Wardaddy (Brad Pitt) una brigada de cinco soldados americanos a bordo de un tanque (el Fury) lucha contra el ejército nazi al borde de la desesperación, pues los alemanes saben que su derrota está ya cantada.


     La episódica Corazones de acero se ve con facilidad a pesar de su a todas luces excesivo metraje pero no deja ningún poso, apenas alguna escena para el recuerdo más allá de los claustrofóbicos momentos rodados en el interior del tanque. Convencionalismos en la representación de los horrores de la guerra y el salvajismo ilimitado de los hombres en combate, en ocasiones con secuencias filmadas con escasa verosimilitud debido en parte a la deriva de unos personajes en exceso prototípicos, acartonados y en actitud tan impostada como la rimbombante y enfática música de Steven Price. Uno tiene la sensación de que Corazones de acero es un film desequilibrado en el que Ayer nunca encuentra el tono en las transiciones entre las escenas cotidianas de los soldados de la brigada y la cruda descripción de los espantos de la guerra.


     Finalmente, las cotas de lirismo y su denuncia sobre la desolación y los infiernos interiores y exteriores que devoran a los protagonistas se ve diluida por los apuntes épicos y heroicos en medio de un paisaje dantesco. El caso es que el film comienza de manera prometedora con un oficial de las SS paseándose majestuosamente con su caballo entre montones de chatarra bélica apoyándose en la fastuosa luz creada por Roman Vasayanov, un comienzo que te hace pensar en el carácter orgulloso y suicida del ejército alemán que pronto sacrificará a sus hijos para morir matando. Pero no hay nada mágico ni emocionante en ello, tampoco nada excesivamente novedoso en los ritos de la monstruosidad de ese disparo inútil en la cabeza de soldado alemán que se había rendido. Pero la película tiene como cabeza de cartel a Brad Pitt (que nunca resulta creíble con su peinado molón y el mismo mentón que se le quedó en Malditos bastardos) y es por eso que la batalla final tiene que encumbrar a ese granítico héroe, un final caricaturesco y propagandístico que resta credibilidad a todo lo vivido.

sábado, 10 de enero de 2015

EL CINE MÍTICO: "TORO SALVAJE"

TORO SALVAJE
(RACING BULL)
Drama/Biopic - USA, 1980 - 129 Minutos.
DIRECTOR: MARTIN SCORSESE.
INTÉRPRETES: ROBERT DE NIRO, JOE PESCI, CATHY MORIARTY, FRANK VINCENT.


    La idea de convertir en película la biografía del boxeador Jake La Motta nace, según parece, de una propuesta que Robert De Niro le hace a Martin Scorsese. Con un guión de Paul Schrader y Mardik Martin basado en la novela biográfica del púgil del Bronx, el realizador italoamericano nos presenta este potente film, el mejor para muchos críticos de su autor. Ya se habrán dado cuenta de que es la tercera película que incluyo en este libro de este autor, sólo puedo decir: señor Scorsese, me gusta su estilo. El relato se centra, sobre todo, en intentar diseccionar la controvertida e inestable personalidad del boxeador, que le lleva a la destrucción  de su vida profesional y familiar, convirtiendo su existencia en una lucha por la supervivencia. 


     La película arranca con un Jake La Motta (Robert De Niro) seboso contando chistes malos en un decadente club neoyorquino, para más tarde mostrarnos su primera derrota en 1941, una derrota por otra parte injusta, ya que derribó siete veces a su adversario Johny Reeves. Problemas de autoconfianza le hacen confesar a su hermano que tiene las manos pequeñas, para a continuación, en un exceso de exhibicionismo que denota algún tipo de desorden o patología, pedirle a su hermano que le pegue en el rostro con todas sus fuerzas. El estudio que hace Scorsese sobre la vida del púgil es el retrato de un hombre que ha saboreado la gloria y descendido a los infiernos y que arrastra también problemas afectivos. Un día La Motta conoce en una piscina a Vicky (Cathy Moriarty) se enamoran, pero más adelante se hará también difícil su convivencia debido a los celos enfermizos que sufre, acusando incluso a su hermano (Joe Pesci) de acostarse con su mujer.

    
     
     Jake La Motta arrebató el título mundial de los medios al francés Marcel Cerdan en 1949, un púgil con un estilo refinado y elegante, a diferencia del italoamericano cuya mayor virtud era una poderosa capacidad de sufrimiento y resistencia en el ring. La excelente fotografía en blanco y negro, una vez más de Michael Chapman, recrea con virtuosismo esta historia de degeneración y redención, los acontecimientos en la vida de un hombre que fue capaz de conseguir, gracias a un enorme sacrificio, la corona de los medios a finales de la década de los 40, para después acabar cinco años más tarde en la cárcel acusado de corrupción de menores, y en su ocaso, ganándose la vida de patético Showman en un cuchitril apestoso. A través de la figura de un boxeador y utilizando la clásica fórmula ascenso-triunfo-caída, Scorsese propone una reflexión realista, una visión incendiaria sobre la profundidad de los abismos humanos y los difíciles caminos de expiación del alma hasta la aceptación social, el tránsito de la fama a la soledad, aprendiendo a convivir en el vacío, soportando la humillación de todos, la vergüenza y la pena. 


     Las escenas del sangriento combate con Sugar Ray Robinson cuando La Motta pierde el título y, además, recibe una demoledora paliza inaguantable para cualquier ser humano, son tal vez las más realistas y brutales jamás vistas en una pantalla ilustrando un combate de boxeo. Robert De Niro, actor entusiasta y camaleónico como pocos, tuvo que engordar veinticuatro kilos en poco tiempo para poder hacer la película, su esfuerzo no fue en vano, ya que consiguió el Oscar de Hollywood al Mejor Actor. Cuando a los más prestigiosos realizadores tanto europeos como americanos se les pregunta por su canon de diez películas, Racing Bull está en casi todas las listas, nada extraño, porque además de ser uno de los mejores films sobre el mundo del boxeo, es el que mejor destripa las entrañas de la derrota y la lacerante senda de la redención.