martes, 5 de febrero de 2013

FOTOGRAMAS EN LA RETINA: "BOYS DON´T CRY"


      
  En el año 1999 la directora estadounidense Kimberly Peirce nos presentó una cruda e interesantísima película que le brindó su primer Oscar a esa espléndida actriz que responde por el nombre de Hilary Swank, que por entonces tenía 25 años, su título BOYS DON´T CRY. No tardaría en conseguir su segunda estatuilla por su magistral interpretación en la oscarizada película del maestro Clint Eastwood Million Dollar Baby (2004). 

      La historia se eleva como un retrato durísimo de la América profunda que nos sitúa en Lincoln (Nebraska), en donde seguimos las vicisitudes de Barton Teena (Hilary Swank), una chica de 21 años que vive en una caravana con su hermano, que no siente ningún afecto por ella. Teena es simpática y siempre ha deseado ser un chico, pero su condición homosexual le acarrea muchos problemas con los novios de las mujeres con quienes intima. 

      Decidida a sentir con plenitud su homosexualidad, se corta el cabello, viste con ropa de chico, se hace llamar Brandon y se traslada a Falls City, donde traba amistad con los jóvenes del lugar, viviendo así los mejores días de su vida. Un día conoce a Tisdel (Chlöe Sevigny), la chica más popular del lugar, y queda absolutamente prendada de ella. Brandon vive de pequeños hurtos y se divierte con sus amigos, pero cuando se descubra su secreto toda su vida se derrumbará.
     
     Basada en un suceso real y ópera prima de su realizadora, BOYS DON´T CRY (título sacado de un magistral tema homónimo de The Cure), se erige como un tremendo alegato a favor de la libertad individual a través de la figura de una chica que está pasando por una crisis de identidad sexual, y que disecciona de forma quirúrgica los males endémicos de esta sociedad obtusa, retrógrada, primitiva (los prejuicios sociales, la intolerancia, la homofobia, el sectarismo, la discriminación, la incultura, la estupidez,…), todo un camino de espinas cimentado para impedir que la fascinante protagonista del relato encuentre la felicidad, truncando el esplendor, el goce de sus órganos sensoriales y su realización personal. 

      La hipocresía de la condición humana se ve plasmada cuando por un déficit de educación y una plétora de absurdos prejuicios se acaba estigmatizando al  personaje más adorable y cautivador de la comunidad, fariseísmo en estado latente y febril desde el principio de los tiempos, son los riesgos de mostrarse como uno es o desearía ser en medio de una jauría de lobos. Un film excelente de gran calado social.

domingo, 3 de febrero de 2013

MIS PELÍCULAS FAVORITAS: "LA NOCHE SE MUEVE"

LA NOCHE SE MUEVE êêêêê
(NIGHT MOVES)
DIRECTOR: ARTHUR PENN.
INTÉRPRETES: GENE HACKMAN, JENNIFER WARREN, SUSAN CLARK, MELANIE GRIFFITH
GÉNERO: THRILLER / EE. UU. / 1975  DURACIÓN: 96 MINUTOS.   
         
      Arthur Penn (1922-2010) de trayectoria liberal, se había labrado un gran prestigio como director teatral en Broadway cuando Hollywood le contrató para dirigir su primera película, El Zurdo (1958), un western rupturista y atípico sobre la figura de Billy “El Niño” con un Paul Newman superlativo. Perteneciente a la Generación de la Televisión (de la que también forman parte Robert Mulligan, Martin Ritt, John Frankenheimer, Sidney Lumet y Robert Altman) a mediados de los setenta rueda este policíaco con un magnífico guión original de Alan Sharp, que supone una buena muestra de las inquietudes filosóficas de su autor y su debilidad por los personajes traicionados y frustrados, que sólo a base de un expresivo cinismo son capaces de soportar el peso de su existencia.

       Tras un excesivo paréntesis, en 1981 dirige Georgia, un relato sobre la vida de un grupo de amigos en el devenir de los acontecimientos políticos y sociales de los Estados Unidos. Sus últimas películas, Agente doble en Berlín (1985) insustancial historia de espionaje, Muerte en invierno (1982) olvidable policíaco, y Dos chiflados en apuros (1989), sirven como evidencia de la progresiva decadencia de este importante autor.
     
      LA NOCHE SE MUEVE narra la historia de un ex futbolista metido a detective privado, Harry Moseby (Gene Hackman) a quien un actriz retirada contrata para buscar a su hija adolescente, Delly (Melanie Griffith) que ha desaparecido. El detective acepta el trabajo un poco hastiado de investigar simples casos de divorcios que le reportan pocos beneficios y muchas insatisfacciones. Mientras tanto, Harry ve confirmada la sospecha de que su mujer le engaña, lo que unido a sus fracasos profesionales le deja un vacío de triste amargura. Encontrará a la joven desaparecida en Florida, viviendo con un tipo mayor, extraño y muy liberal, el detective no sabe que se encuentra ante el caso de su vida.

     Con resonancias a “El sueño eterno” de Raymond Chandler, este es un film al que tengo un especial cariño porque cuando lo vi siendo un mocoso influyó en la debilidad que desde pequeño he sentido por la figura del loser, convirtiéndose en un ejemplo de aquel cine negro intelectual de la época y construido con el más puro estilo clasicista del género. El realizador sabe imprimir su complejo sello personal para ahondar en las contradicciones humanas y exponer una visión pesimista de la realidad no exenta de un atisbo de esperanza. La búsqueda más difícil para Harry, el investigador, el ajedrecista que acaba dando vueltas a una noria de sórdidos intereses es la de su propia identidad, no hay laberinto más complicado que el que uno construye para encontrarse a sí mismo, dentro de ese paisaje de abismo y distorsión que fueron los 70.

      Particularmente patética a la vez que ungida por un cáustico cinismo, es esa escena en la que un deprimido Harry se encuentra en casa viendo un partido de fútbol americano por la televisión, cuando su mujer, Ellen (Susan Clark) que regresa del cine, donde a la salida Harry la vio besándose con un tipo, va y le pregunta: “¿Quién va ganando?”,  y Harry responde “Nadie, sólo que unos pierden más que otros”.

     
      Una escena que simplifica la crítica ironía de este original director, más apreciado en Europa que en su país, y que contando con una no muy extensa filmografía debería ocupar un lugar privilegiado en la historia del cine. Cabe destacar la presencia de una jovencísima Melanie Griffith enseñando fugazmente sus adolescentes y pecosas tetitas.

sábado, 2 de febrero de 2013

FOTOGRAMAS EN LA RETINA: LEONOR WATLING



      LEONOR WATLING (Madrid, 28 de julio de 1975) ya quedó sobradamente biografiada en este blog, por eso sabemos que tuvo como primer deseo ser bailarina profesional, que comenzó su carrera actoral en grupos de teatro amateur y que fue en 1993 cuando debutó en el cine con un papel secundario en la ópera prima de Pablo Llorca Los jardines colgantes. También nos consta que participó en series televisivas tan populares como Farmacia de guardia y Querido maestro, que su carrera como actriz cinematográfica está jalonada por títulos tan conocidos como Son de mar (Bigas Luna, 2001) y Hable con ella (Pedro Almodóvar, 2002), que es la cantante y letrista del grupo Marlango (extraña banda que fusiona el pop con el jazz y el blues) y que esta no es su única conexión con la música, pues es la pareja sentimental del cantante y compositor uruguayo Jorge Drexler.

      He comentado en alguna ocasión que Leonor Watling no pasará a la historia de la música a pesar de haber conseguido un par de discos de oro con su grupo, y creo, de igual forma, que aunque será más rememorada por su faceta interpretativa, no serán muchos los cinéfilos que la señalen como una de las mejores actrices de nuestra cinematografía, a pesar de la treintena de títulos en los que ha participado con un mayor o menor protagonismo hasta le fecha. 

      Watling es una actriz resultona con limitados recursos interpretativos que se ha ganado su espacio en la memoria del aficionado más por los desnudos de su glorioso cuerpo que por sus dotes dramáticas, desnudos tan poco eróticos como la visión de su exquisito cuerpo inerte en la espléndida película de Pedro Almodóvar Hable con ella, aunque ya habíamos podido comprobar el poder lúbrico de su cuerpo en el fallido drama de Bigas Luna Son de mar.

      La actriz también lucía especialmente bella y apetecible en Los crímenes de Oxford (Álex de la Iglesia, 2008), un aceptable, calculado y cerebral thriller en el que compartía protagonismo con Elijah Wood. Igual de jugosas son las secuencias de despelote que nos regala durante su tórrida y peligrosa relación con Miguel ángel Silvestre en el mediocre thriller Lo mejor de Eva (2012), un relato en el que nadie se cree su papel de juez íntegra y rigurosa pero todo el mundo sigue con interés la explosiva química de la pareja, en donde el componente erótico no alcanza nunca un alto punto de ebullición aunque sí una magnética fisicidad, tensión sexual que se ve atenuada debido al evidente pudor de la actriz. Se podía haber ido mucho más allá, pero aun así la desnudez de Watling resulta siempre un placer para la vista.