martes, 13 de octubre de 2015

IRINA SHAYK, NI MOROS NI CRISTIANOS

      

      Supongo que desencantada con el inmenso e insufrible ego del muy sobrevalorado futbolista y modelo de calzoncillos Cristiano Ronaldo, la modelo rusa Irina Shayk (Yemanzhelinsk, 6 de enero de 1986), mandó al carajo su relación con el deportista portugués porque estar a su lado la hacía sentirse “fea e insegura”. Soltando más hilo del carrete, confiesa: “Quiero a un hombre fiel, honesto, un caballero que sepa cómo respetar a las mujeres. No creo en los hombres que nos hacen caer y sentirnos infelices porque eso no es de hombres sino de críos. Pensé que había encontrado a ese hombre ideal… pero no”. Irina, coño, le diría yo, cómo va a ser un hombre ideal un tipo tan hortera que le gusta un cantante detestable como Kevin Roldán y que declara que la gente le tiene envidia porque es “rico, guapo y gran jugador”, y que se impone como el  estereotipo perfecto de estos tiempos abominables en donde se valora más presumir de abdominales que el poseer un amplio bagaje cultural. Si hubiera añadido a la frase “inteligente” me hubiera descojonado, pero ahí frenó, tal vez consciente de que cualquier Ferrari de los que conduce se lo pondría difícil en una apuesta.


          De modo que Irina se fue a lucir palmito a Hollywood, le dieron un papelito insignificante en la película Hércules (Brett Ratner, 2014) y desde principios de este año vive una relación sentimental con el reputado actor Bradley Cooper. Su aspecto exótico se lo debe a su padre, de origen tártaro, y sus bonitos ojos verdes son una herencia de su madre. La carrera de Irina se inicia tras ganar un concurso de belleza local en 2004, cuando alguien le aconsejó que se dedicara a la moda y un año más tarde estaba trabajando en París. Tras firmar con la agencia Elite Barcelona en 2007, se convirtió en la nueva rookie de la revista Sport Illustrated Swimsuit. Después todo vino rodado: portada en multitud de revistas y campañas publicitarias para las mejores firmas.



               Irina mide 1´78 cm de estatura, pesa 58 kg y sus equilibradas medidas 86-58-88 le hacen ser una de las modelos más reconocidas, demandadas y pagadas y una presencia insustituible en la red, donde cuenta con millones de búsquedas. Así, se ha podido comprar un apartamento en el West Village de Nueva york que le ha costado 2 millones de dólares. Tras romper el pasado 14 de enero con el antipático “crack” portugués, la nueva vida de Irina dentro del exclusivo y frívolo mundo de Hollywood, ha hecho que la modelo se nos muestre más sexy y provocativa, algo que siempre es de agradecer para los que amamos la belleza femenina. Tampoco creemos que con su ruptura haya perdido mucho en un plano económico, pues su nueva pareja, Bradley Cooper, es el tercer actor mejor pagado de Hollywood, con 36,2 millones de dólares ganados el pasado año, y además, juntos forman una de las parejas más atractivas y glamourosas de la meca del cine.


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