martes, 18 de agosto de 2015

JOYAS DEL CINE ERÓTICO: “EL IMPERIO DE LOS SENTIDOS” (1976)


    La historia de una pareja que vive una relación sexual llevada hasta límites inimaginables en el Japón de los años 30, generó una gran polémica en el momento de su estreno en 1976. De hecho, el film dirigido por Nagisa Oshima sigue censurado en el país del sol naciente y sólo es posible su visionado con escenas eliminadas. Basada en un hecho real, la acción nos sitúa en el Tokio de 1936, y narra la historia de Sada Abe (Eiko Matsuda) ex prostituta que trabaja como parte del servicio de un hotel. Allí conoce al propietario del hotel, Kichizo Ishida (Tatsuya Fuji), casado con la ama y muy activo sexualmente. Ambos se hacen amantes de una manera tan intensa que buscan experimentar tanto en lo sexual como en el consumo de bebidas alcohólicas y otras muchas autocomplacencias.


      Coproducción franco-japonesa sobre la posesión y el deseo llevado más allá de cualquier frontera física y moral y que se acaba confundiendo con el dolor, una fiera representación analítica sobre Eros (el amor) y Thanatos (la muerte) y que Oshima logra escenificar con gran lirismo visual, una suerte de belleza plástica corporal que anuda la pasión sexual, las obsesiones humanas y el vértigo de los sentidos. Algo que no entendió la justicia japonesa que incluso llevó a su director a juicio pero que obtuvo un sonoro y apoteósico triunfo en Cannes, donde se tuvieron que dar más de una docena de pases. Amor, sexo, pasión, lujuria, sadomasoquismo, celos, promiscuidad, locura, soledad y el escalofrío de una pasión mortal. Morir gozando antes que perder la vida en una absurda guerra con una carga infernal de sufrimientos y privaciones, pues recordemos que hablamos del Japón post-feudal de la militarista década de los años 30 del pasado siglo.  


    Cuando vi El imperio de los sentidos siendo un adolescente, algunos intelectualoides de la época me comentaron que les resultaba aburrida. Yo les contestaba que los que seguro que no se aburrieron fueron los protagonistas, pero pensaba que gustándome tanto el caviar, si lo como en el desayuno, el almuerzo y la cena, tal vez acabe aborreciendo tan exquisito manjar. Me quedó claro que si la vida de una pareja se resume en practicar sexo continuamente sin apenas respiro, el resultado final será el que propone la película: traspasar todos los límites del placer hasta llegar al orgasmo extenuante, un éxtasis que te sitúa al borde del abismo de la muerte para cerrar el círculo del deseo. Una relación perturbadora que se acaba convirtiendo en una lucha de poder, algo paradójico en una cultura como la nipona, en la que la mujer está bajo la bota del hombre y que Oshima rueda con gran atrevimiento regalándonos escenas ya legendarias como la del huevo o la del pañuelo, y que clausura un clímax desgarrador, altamente emocional y coherente con unos seres que fagocitan a través del sexo compulsivo su enorme vacío existencial. Como curiosidad diré que recuerdo su pase televisivo en los 80 en el programa de TVE “Cine de Medianoche”, algo impensable en estos tiempos de mierda en donde los hijos son más carcas que sus liberales y vanguardistas padres.


3 comentarios:

  1. Todo un clásico del cine erótico. Tengo que volver a verla un día de estos.

    Un abrazo.

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  2. Todo un clásico del cine erótico. Tengo que volver a verla un día de estos.

    Un abrazo.

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  3. El que esté basada en un hecho real hace que este relato resulte aún más fascinante. Recuerdo que yo sólo era un adolescente cuando la vi por primera vez, y te aseguro que la función sigue conservando su fuerza y capacidad de transgresión. Un film de tono decadente que sin llegar a la excelencia de "El último tango en París" me gusta mucho.

    Un abrazo.

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