jueves, 15 de mayo de 2014

SABOREANDO A RENEE OLSTEAD

     
      Cantante y actriz desde su más tierna infancia, RENEE OLSTEAD (Houston, 18 de junio de 1989), comenzó su carrera en el medio televisivo en series como Still Standing y, actualmente, protagoniza la serie de la ABC The Secret Life American Teenager. Sé que como cantante ha editado cinco álbumes con una edición limitada, aunque desconozco esta labor y sus trabajos televisivos, pero en el cine pude ver su fugaz aparición en la excelente El Dilema (Michael Mann, 1999), aquel film sobre las multimillonarias cifras que mueve el tabaco y las estrategias de las empresas para vender cigarrillos. También recuerdo su volátil intervención en la fallida El fin de los días (Peter Hyams, 1999), cinta protagonizada por Schwarzenegger tan aburrida como previsible. Con 11 años tuvo una breve presencia en el irregular film de Eastwood Space Cowboys (2000), y pocos la recordarán en las olvidables comedias Esto no es un atraco (Gavin Grazer, 2002) y El sueño de mi vida (Gorey Winick, 2004). 



      A la actriz de 23 años, mucho más conocida por las series televisivas que protagoniza, le han hackeado el móvil para sustraerle unas fotos que como las esporas de un hongo parásito se han diseminado con una velocidad de vértigo por la red. Fotos en las que vemos a Renee haciendo cochinadas consigo misma. Agradezco a los piratas informáticos –que están poniendo en jaque a las estrellas de Hollywood- las divertidas y estimulantes instantáneas, y como todo fluye al antojo del gran Imán, rezaré porque los agentes federales no tengan éxito en sus pesquisas para detenerlos, evitándonos así la sal y la pimienta de un guiso muy excitante que se cuece lejos del oropel y las bambalinas.  
    

       Saboreando a Renee Olstead me he quitado, como un vampiro, siglos de encima. He descubierto su pureza, los meandros de su piel de nata, los pliegues de su impostura. Saboreando a Renee he descubierto nuevos aromas y colores, la última dimensión del vicio y la dulzuraTú, Renee, embelesas mis sentidos y asaetas mi corazón con soltura y alevosía. Necesito el silencio donde tus pechos palpitan, la espuma venenosa que mi garganta lubrica, tu risa transparente de musa dócil y misteriosa. Tan vencida en tu diván, te acaricias frente al espejo con el desplante de la amada entregada, repitiendo la enésima toma de un plano que tiene como banda sonora tus excitantes gemidos.

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