jueves, 23 de mayo de 2013

SARA CORRALES, EJERCICIOS SOBRE BARRA FIJA


      


      Tal vez mis lectores no conozcan a SARA CORRALES (Medellín, Colombia, 27 de diciembre de 1985), yo tampoco la conocía hasta que me la presentaron, y desde entonces, no he dejado de pensar en ella. La colombiana es una reconocida actriz de telenovelas que se hizo famosa al aparecer en Todos quieren con Marilyn, serial de 2004 que le valió el premio a la revelación del año.  

       Hasta hoy ha intervenido en cerca de una docena de telenovelas para cadenas como RCN Televisión, Caracol Televisión y Telemundo. Su labor de actriz la compagina con el modelaje y el baile, aunque también ha hecho sus pinitos como cantante interpretando la canción Acaríciame en versión discotequera, un tema que hizo famoso María Conchita Alonso hace 25 años. Actualmente es modelo de ropa interior para la marca Chamela y participa en la telenovela El señor de los cielos, que desde el pasado mes de abril emite la cadena Telemundo.


       Para el cine sólo ha realizado la película, Mi gente linda, mi gente bella (Harold Trompetero, 2012) en la que actúa de protagonista y que narra el trato diferente que reciben los colombianos en el extranjero y los extranjeros en Colombia, que descubren que, sin lugar a dudas, lo mejor de Colombia son las colombianas.
    
 

      Se acabó el pastel, Sara, ya sólo queda el poema. Llega la oscuridad y toca adorar a la Bestia, sedienta de sangre de los caídos y que el demonio ha mandado con ira (Iron Maiden dixit). Lameré tus costras y buscaré para ti un mañana donde el resplandor nos guíe errantes lejos del naufragio vivido, atravesando las llamas del último tramo del infierno. La expiación nos abordará con los estertores de un mundo que ya se adivina remoto. Acariciarte en silencio es el plan que tengo para el resto de mis días. Y es que ahora me ha dado por despreciar las palabras, que desnudo utilicé como balas, y sólo dejo que hablen mis manos, mis labios, mi lengua muda, mi sexo como prolongación salvaje de la ternura de nuestros corazones. Vivamos nuestro tiempo como en aquel inolvidable vídeoclip de Chris Isaak (Wicked Game) donde en un playa paradisíaca, las nubes pasaban muy deprisa como triste metáfora de la fugacidad del amor.


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