No sigo con especial interés el mundo de las pasarelas pero
confesaré a mis lectores que mi modelo favorita es MAYRA SUÁREZ (Celaya, México, 27 de febrero de 1986), reconocida
top-model que ha desfilado por las pasarelas
con más prestigio del mundo. Comenzó su carrera como modelo tras
participar en el certamen “Elite Model Look México 2003”, en donde deslumbró a
todos con su inmarcesible belleza. Mayra ha sido portada de las revistas
Glamour, Cosmopolitan y American Beauty, y además de ser la modelo publicitaria
para franquicias como Dillard´s, Target y Kensie Girl, también ha participado
en un vídeo de la cantante Paulina Rubio.
Mayra mide 1´75
m y posee unas medidas perfectas de 86-56-88. Estos son los únicos datos que he
podido recabar de esta hermosa y enigmática modelo, de la cual este cronista, tras
ver una sesión fotográfica suya en una revista, viene haciendo un seguimiento desde
antes de que se filtraran en la red unas fotos personales presuntamente tomadas
de su móvil en el baño de su casa, realizadas por ella y en las que poco a poco
se va desnudando.
Digo presuntamente porque todo el mundo está convencido de
que fue la misma modelo como estrategia publicitaria quien subió
interesadamente las fotos a internet. Pienso que tiene que llegar el día en que
una famosa tenga el atrevimiento de decir: “Las fotos las subí yo porque me dio
la gana, como homenaje a mis fans y para dejar claro que las fotos domésticas
desenfadadas y naturales son mucho más excitantes que todos los posados
artificiales”. Llegará ese día.
Estaba perdido en la fantasía de un
universo de actrices paranoicas que me impedían ver que existías tú, Mayra, mujer misteriosa convertida en metáfora de
toda aspiración inmaterial. Llovía intensamente cuando te descubrí ebrio de
sensaciones e invoqué tu nombre en cada esquina, quemando versos en largas
madrugadas de invierno, con el punzante tormento de mi mente acostumbrada al
desvelo y la soledad. Deseo para ti la gloria vetada para otros mortales, y en
este diálogo de sombras que es la vida, proseguiré con en este absurdo oficio
de construir sueños en un mundo invisible. Donde estés, amor mío, espérame, que
aún llego a tiempo para mostrarte el último rictus de mi desdicha, el verdadero
rostro de la verdad. Es sobre tu vientre desnudo donde quiero morir acariciado
por tus manos ingrávidas, alumbrado por el cálido halo de cuerpo ¡Qué
escenografía tan fastuosa para recrear mi serena agonía!




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