sábado, 9 de junio de 2012

LAS FOTOS HIPNÓTICAS: LÉA SEYDOUX

      La actriz francesa LÉA SEYDOUX nació en París el 1 de julio de 1985. Creció a caballo entre París y Dakar, lugar de residencia de su madre actualmente. Superando su innata timidez realizó un curso de teatro para después unirse al grupo teatral dirigido por Corine Blue. Su debut en el cine fue en la comedia de baile Mes Copines (Sylvie Ayme, 2006), y al año siguiente intervino en el drama de época Une Vieille Maîtresse (Catherine Breillat, 2007) y en el film de Jean-Pierre Mocky 13 French Street (2007). Pero sería su papel en el drama romántico La Belle Personne (Christophe Honore, 2008) el trampolín que le lanzaría definitivamente a la fama, obteniendo por su interpretación el premio Chopard a la mejor actriz revelación, siendo igualmente nominada al César a la actriz más prometedora. Quentin Tarantino reclamó su presencia para participar en su film bélico Malditos bastardos (2009), y también Ridley Scott se fijó en ella, otorgándole el papel de Aquitania en su versión de Robin Hood (2010). Los más cinéfilos también recordarán su participación en la reciente comedia romántica de Woody Allen Medianoche en París (2011), y ha dejado un guiño para los aficionados más palomiteros metiéndose en la piel de una letal asesina en Misión Imposible: Protocolo Fantasma (Brad Bird, 2011). De cualquier modo, el destino de Léa estaba marcado, pues es nieta de Jerome Seydoux, fundador de Pathé Distribution, y sobrina nieta de Nicolas Seydoux, jefe ejecutivo de la potente productora francesa Gaumont. 
     
   Convertida con delirio en mi última musa francesa, Léa, babeo observando tus pétalos de eterna juventud, turbado ante tu misteriosa mirada entre la perversión y la melancolía. Tu impacto en mí ha sido clamoroso, curando súbitamente mis heridas, ardientes sumideros volcánicos que cada día engullían todo el universo, incluso los momentos más bellos de mi vida… Y ya sólo atiendo a la razón de tus labios, he vuelto a maquillar mi cadáver tras los muros del pasado, una nueva máscara para este suntuoso fraude que es mi existencia. Todo para borrar el tiempo vivido y renovar la ilusión en un páramo de ausencias. Amor omnia vincit.  

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