martes, 29 de mayo de 2012

LAS FOTOS HIPNÓTOCAS: CARLA BRUNI


      
      Esto de internet es la ostia, te ofrece la posibilidad de conocer a muchas personas de cualquier parte del mundo sin moverte del confortable sillón de tu salón e incluso cuentas con muchas probabilidades de que algunas pibas se enamoren de ti sin siquiera imaginar que pueden estar tratando con un asesino serial o un revolucionario alucinado como Unabomber. Bueno, si supieran esto aumentaría sensiblemente el número de féminas que caerían rendidas. Así está el mundo, compadre Manuel. El caso es que en ese cambalache informativo, sesudas tertulias y hueros chismorreos, un flujo constante, a veces desbordante que te impide destriparlo a fondo, uno acaba tropezando con algunas cositas muy ricas que sin la ayuda de esos contactos me pasarían totalmente inadvertidas. Un ejemplo son estas impactantes instantáneas de una CARLA BRUNI antes de varias operaciones, muy joven y prácticamente desconocida. La ex Primera Dama de Francia ya apareció biografiada en esta sección en una fecha no muy lejana, razón insuficiente para anular la oportunidad de que mis lectores disfruten de la lozana carnalidad de esta modelo, actriz y cantante turinesa nacida en 1967, en una época en la que ni ella ni nadie podía imaginar que durante el periodo 2008-2012 estaría en el más alto trono de la república francesa al lado del petit Sarkozy.
     
   Seré sincero, Carla, nunca me has parecido demasiado atractiva ni una actriz resultona ni mucho menos un cantante aceptable. No lo necesitas, porque ser Carla Bruni es mucho más que todo eso. Fíjate, si la luna pudiera hablar susurraría C-A-R-L-A-B-R-U-N-I. Es el nombre de una estrella, da juego, tiene feeling, te hace percibir un espacio y un sonido, un magma infinito en donde vuelcas un alud de miradas: arriba, abajo, centro y vértices. Sería impensable que un erotómano como yo no creyera en la resurrección de la carne después de ser testigo de tantos naufragios. Creo en los fantasmas y creo en la vida eterna, soy dueño de una furiosa embriaguez que demanda un nuevo sentido para la palabra tragedia. Ab imo pectore.

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