domingo, 5 de febrero de 2012

LAS FOTOS HIPNÓTICAS: DIANE KRUGER


La modelo y actriz alemana DIANE KRUGER (Argemissen, 15 de julio de 1976), estudió ballet de pequeña, y tras el divorcio de sus padres debido al alcoholismo de su padre, se presento con 15 años a un concurso de modelos en el cual quedó finalista. Sin terminar los estudios secundarios se trasladó a París, donde fue contratada por la agencia Élite y pronto desfiló para prestigiosas firmas como Dior, Yves Saint Laurent o Giorgio Armani. Residiendo en una ciudad donde el cine es una religión, Diane tomó clases de interpretación, y casada ya con el actor Guillaume Canet, debutó en la gran pantalla en el mediocre thriller franco-británico The piano player (Jean-Pierre Roux, 2002), junto a Christopher Lambert y Dennis Hopper. Posteriormente aparecería en varias películas francesas de muy variado género (Mon Idole, Ni a favor ni en contra, sino todo lo contrario, 24 horas al límite), hasta que le llegó el papel que la lanzaría definitivamente a la fama dando vida a la hermosa Helena en la exitosa película Troya (Wolfgang Petersen, 2004). Fama que acrecentaría junto a Nicolas Cage en el film de aventuras La Búsqueda: La leyenda del tesoro perdido (Jon Turteltaub, 2004), interviniendo también en la secuela estrenada en 2007. Un año más tarde protagoniza junto a Vincent Lindon el potente policíaco Pour Elle (Fred Cavayé, 2008), el mismo año que es requerida por Tarantino para dar oxígeno a una sofisticada espía en Malditos Bastardos. Recientemente la hemos visto protagonizar el resultón thriller del catalán Jaume Collet-Serra Sin identidad (2011). Divorciada de Canet, actualmente está casada con el actor canadiense Joshua Jackson. 
     
     En los altavoces de mi Chevy irrumpe uno de mis temas favoritos de la banda de música electrónica post-punk New Order, “True Faith” (Fe verdadera), “Cuando yo era muy pequeño los más pequeños hablaban conmigo / Ahora, que hemos crecido juntos, ellos tienen miedo de lo que ven / Ese es el precio que todos pagamos / Nuestro preciado destino llega al fin, para nada / No puedo decirte a dónde vamos / Supongo que no hay forma de saberlo”. Realmente, Diane, todavía sigo buscando esa fe verdadera, y mis ojos, como astros muertos, no vislumbran ninguna luz. Sigo aquí, en este exilio lleno de grietas por donde se cuela la melancolía y tengo que pagar un precio por mis pensamientos. Abrazando un pavor infinito mi mirada está fija en los destellos que tiemblan al final de la carretera, en el momento en que la tristeza inflama mi pecho porque sigo sin encontrarme y un revolver da vueltas a mi destino.



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